Música cristiana | Feliz de ser una persona honesta (A Capela)

Música cristiana | Feliz de ser una persona honesta (A Capela)
I
Entender la verdad libera mi espíritu y me hace feliz.
¡Es verdad!
Confío plenamente en la palabra de Dios sin duda.
¿Cómo podríamos dudar?
Sin negatividad y nunca retrocediendo, sin rendirme.
¡Mira!
Esforzándome por cumplir mi deber, sin cargas carnales.
¡Yo tampoco estoy mal!
Aunque mi calibre es bajo, tengo un corazón honesto.
¿De Verdad?
En todo soy leal para satisfacer la voluntad de Dios.
¡Ah, así es!
Practico la verdad, obedezco a Dios, soy una persona honesta.
¡Estupendo!
Abierto y recto, sin engaño, vivo en la luz.
¡Muy bien!
Gente honesta, venid pronto, hablemos de corazón a corazón.
Amantes de Dios, venid y uníos como buenos amigos.
Uno,
dos,
tres,
todos somos amigos de verdad.
Amantes de la verdad son hermanos y hermanas. (¡Son familia!)
Oh gente feliz, venid, cantad y bailad en alabanza a Dios.
¡Cantad! ¡Bailad!
¡Feliz de ser una persona honesta!
¡Feliz de ser una persona honesta!
¡Ser una persona honesta es una gran alegría!
II
Entender la verdad libera mi espíritu
y me hace feliz. (¡Una persona bendecida!)
Confío plenamente en la palabra de Dios sin duda.
¡Tenemos clara la visión!
Sin negatividad y nunca retrocediendo,
sin rendirme. (¡Es tan bueno entender la verdad!)
Esforzándome por cumplir mi deber, sin cargas carnales.
¡Vivimos como seres humanos!
Aunque mi calibre es bajo, tengo un corazón honesto.
Ah, ¡un corazón honesto es tan precioso!
En todo soy leal para satisfacer la voluntad de Dios.
¿No este es un camino para practicar?
Practico la verdad, obedezco a Dios,
soy una persona honesta. (Dios no nos pide mucho.)
Abierto y recto, sin engaño, vivo en la luz.
¡Dad la gloria a Dios!
Gente honesta, venid pronto, hablemos de corazón a corazón.
A nadie le desagrada la gente honesta, ¿verdad?
Amantes de Dios, venid y uníos como buenos amigos.
¡Las personas engañosas son tan desagradables! ¡Puaj!
Amantes de la verdad son hermanos y hermanas.
Oh gente feliz, venid, cantad y bailad en alabanza a Dios.
Sólo las personas honestas son verdaderamente felices.
Gente honesta, venid pronto, hablemos de corazón a corazón.
Amantes de Dios, venid y uníos como buenos amigos.
Amantes de la verdad son hermanos y hermanas.
Oh gente feliz, venid, cantad y bailad en alabanza a Dios.
¡Cantad! ¡Bailad!
III
Gente honesta, venid pronto, hablemos de corazón a corazón.
Amantes de Dios, venid y uníos como buenos amigos.
Amantes de la verdad son hermanos y hermanas.
Oh gente feliz, venid, cantad y bailad en alabanza a Dios.
Gente honesta, venid pronto, hablemos de corazón a corazón.
Amantes de Dios, venid y uníos como buenos amigos.
Amantes de la verdad son hermanos y hermanas.
Oh gente feliz, venid, cantad y bailad en alabanza a Dios.
Gente honesta, venid pronto, hablemos de corazón a corazón.
Amantes de Dios, venid y uníos como buenos amigos.
Amantes de la verdad son hermanos y hermanas.
Oh gente feliz, venid, cantad y bailad en alabanza a Dios.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

Recomendación: Músicas cristianas

El Señor está llamando a la puerta de tu corazón, no dudes en abrirla para recibirlo

Amigos, ¿sabes que? Cuando están esperando ansiosamente a que el Señor venga sobre nubes, muchos ya han escuchado al Señor venir a llamar a la puerta y han salido a recibirlo. ¿Se quedan atónitos con esta noticia y se preguntan cómo ha venido el Señor a llamar a la puerta y cómo debemos recibirlo? Sigan leyendo para saberlo…
El Apocalipsis profetiza: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Las expresiones “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo” y “si alguno oye mi voz” se refieren a que el Señor volverá para pronunciar palabras en los últimos días, es decir, Él llamará a la puerta de nuestro corazón con Sus palabras. Entonces, ¿cómo lo hará el Señor? Puede que Él use a algunas personas para decirnos la noticia de Su vuelta o nos haga oír esta noticia a través de Internet, radio y Facebook, etc., y cuando escuchemos la voz de Dios mediante búsqueda e investigación, podremos acoger al Señor. Así pues, ¿qué debemos hacer al oír la noticia de que alguien da testimonio del regreso del Señor? No duden en abrir la puerta de su corazón para escuchar las palabras del regreso del Señor, y una vez que reconozcan a Dios a partir de ellas, si obedecen, aceptan y siguen inmediatamente a Él, podrán recibir al Señor.

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Recomendación: Comunión con Dios

Deberías saber cómo la humanidad completa se ha desarrollado hasta el día de hoy

La totalidad de la obra llevada a cabo durante seis mil años ha cambiado gradualmente a medida que las diferentes eras se han ido sucediendo. Los cambios en esta obra se han dado en función de la situación general del mundo y de las tendencias del desarrollo de la humanidad en su conjunto; la obra de gestión ha cambiado poco a poco a consecuencia de esto. No estaba todo planeado desde el comienzo de la creación. Antes de que el mundo fuese creado, o muy poco después de que lo fuera, Jehová todavía no había planeado la primera etapa de la obra, la de la ley; la segunda etapa de la obra, la de la gracia; o la tercera etapa de la obra, la de la conquista, en la cual Él empezaría por algunos de los descendientes de Moab y, a partir de ahí, conquistaría el universo entero. Tras crear el mundo, Él no pronunció nunca estas palabras ni tampoco las dijo después de Moab; de hecho, antes de Lot, nunca las declaró. Toda Su obra se lleva a cabo de manera espontánea. Así fue exactamente cómo se desarrolló toda Su obra de gestión de seis mil años; de ninguna manera Él tuvo tal plan escrito en algo parecido a un “Cuadro resumen para el desarrollo de la humanidad” antes de crear el mundo. En la obra de Dios, Él expresa directamente lo que Él es; no se rompe los sesos para formular un plan. Por supuesto, unos cuantos profetas han expresado muchas profecías, pero aun así no puede decirse que la obra de Dios siempre ha consistido en un preciso plan; esas profecías se hicieron de acuerdo con la obra de Dios en ese momento. Toda la obra que Él hace es la obra más presente. Él la lleva a cabo de acuerdo con el desarrollo de cada era y la basa en cómo cambian las cosas. Para Él, la realización de la obra es similar a la administración de medicamentos para tratar una enfermedad; mientras hace Su obra, Él observa y continúa Su obra de acuerdo con Sus observaciones. En cada etapa de Su obra, Dios es capaz de expresar Su amplia sabiduría y capacidad; Él revela Su abundante sabiduría y autoridad de acuerdo con la obra de cualquier era, y permite que todas esas personas que Él ha traído de vuelta durante esa era vean todo Su carácter. Él provee a las necesidades de las personas según la obra que ha de llevarse a cabo en cada era, hace toda la obra que debe hacer. Suple a las personas de lo que necesitan de acuerdo con el grado en que Satanás las ha corrompido. Es como cuando Jehová inicialmente creó a Adán y Eva; lo hizo para que pudieran manifestar a Dios sobre la tierra y para que dieran testimonio de Dios entre la creación. Sin embargo, Eva pecó después de haber sido tentada por la serpiente, y Adán hizo lo mismo; en el jardín, ambos comieron el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Por tanto, Jehová tuvo que llevar a cabo una obra adicional en ellos. Al ver su desnudez, Él les cubrió sus cuerpos con ropa hecha de pieles de animales. Después, Él le dijo a Adán: “Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: ‘No comerás de él’, maldita será la tierra por tu causa; […] hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”. A la mujer, le dijo: “En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti”. A partir de entonces, Él los expulsó del jardín del Edén y les hizo vivir fuera de él, tal y como el hombre moderno vive actualmente en la tierra. Cuando Dios creó al hombre en el principio, no era Su intención permitir que el hombre fuese tentado por la serpiente después de ser creado y luego maldecir al hombre y a la serpiente. Él, de hecho, nunca había tenido este plan; fue sencillamente la forma en que se desarrollaron las cosas lo que le dio una nueva obra que hacer para Su creación. Después de que Jehová hubiera llevado a cabo esta obra entre Adán y Eva en la tierra, la humanidad continuó desarrollándose durante varios miles de años, hasta que “Jehová vio que la maldad del hombre era grande sobre la tierra, y que todas las ideas que sus corazones albergaban eran una continua maldad. Y Jehová se arrepintió de haber creado al hombre sobre la tierra, y sintió dolor en Su corazón. […] Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”.* En ese entonces, Jehová tuvo más obra nueva que hacer, ya que la humanidad que Él había creado se había vuelto demasiado pecadora después de haber sido tentada por la serpiente. Dadas estas circunstancias, Jehová eligió a la familia de Noé de entre toda la humanidad para que se salvara, y entonces Él llevó a cabo Su obra de destrucción del mundo con un diluvio. La humanidad ha seguido desarrollándose de esta manera hasta el día de hoy, cada vez más corrupta, y cuando llegue el momento en que el desarrollo de la humanidad alcance su cima, significará el fin de la humanidad. Desde el principio hasta el fin del mundo, la verdad interna de Su obra siempre ha sido y siempre será así. Ocurre lo mismo en lo que se refiere a cómo serán clasificadas las personas según su especie; dista mucho de la idea de que cada persona está predestinada, desde el principio, a pertenecer a cierta categoría; más bien, todos son categorizados gradualmente solo después de haberse sometido a un proceso de desarrollo. Al final, cualquier persona a la que no se le pueda traer la salvación completa, será devuelta a sus “ancestros”. Ninguna de las obras de Dios entre la humanidad había sido ya preparada cuando se creó el mundo; más bien, fue el desarrollo de las cosas lo que ha permitido que Dios realice Su obra entre la humanidad paso a paso y de manera más realista y práctica. Por ejemplo, Jehová Dios no creó a la serpiente para tentar a la mujer, ese no era Su plan específico, ni tampoco era algo que Él había predestinado intencionadamente. Uno podría decir que esto fue un suceso inesperado. Entonces, fue debido a esto que Jehová expulsó a Adán y a Eva del jardín del Edén y juró que nunca más crearía a otro hombre. Sin embargo, las personas solo descubren la sabiduría de Dios sobre estas bases. Es como dije previamente: “Ejerzo Mi sabiduría sobre la base de las tramas de Satanás”. No importa cuán corrupta se vuelva la humanidad o cómo la tiente la serpiente, Jehová todavía tiene Su sabiduría; así, Él se ha involucrado en una nueva obra desde que Él creó el mundo, y ninguno de los pasos de esta obra se ha repetido jamás. Satanás continuamente ha puesto tramas en movimiento; la humanidad ha sido corrompida constantemente por Satanás, y Jehová Dios también ha llevado a cabo de manera incesante Su obra sabia. Nunca ha fallado ni ha parado de obrar desde que se creó el mundo. Después de que los seres humanos fuesen corrompidos por Satanás, Él ha continuado obrando entre ellos para derrotar a Satanás, el enemigo que fue el origen de su corrupción. Esta batalla se ha librado desde el principio y continuará hasta que el mundo llegue a su fin. Al hacer toda esta obra, Jehová Dios no solo ha permitido a los seres humanos, que han sido corrompidos por Satanás, recibir Su gran salvación, sino que también les ha permitido ver Su sabiduría, omnipotencia y autoridad. Además, al final, Él les permitirá ver Su carácter justo al castigar a los malvados y recompensar a los buenos. Él ha luchado contra Satanás hasta el día de hoy y nunca ha sido derrotado. Esto se debe a que Él es un Dios sabio, y ejerce Su sabiduría sobre la base de las tramas de Satanás. Por tanto, Dios no solo hace que todo en el cielo se someta a Su autoridad; sino que también hace que todo sobre la tierra se ubique bajo el estrado de Sus pies, y, no menos importante, Él hace que los malvados que invaden y acosan a la humanidad caigan dentro de Su castigo. Los resultados de toda esta obra son producidos por Su sabiduría. Nunca había puesto de manifiesto Su sabiduría antes de la existencia de la humanidad, porque Él no tenía enemigos en el cielo, sobre la tierra, o en cualquier lugar del universo entero, y no había fuerzas oscuras que invadieran nada en la naturaleza. Después de que el arcángel lo traicionase, Él creó a la humanidad sobre la tierra, y fue a causa de la humanidad que Él inició formalmente Su milenaria guerra con Satanás, el arcángel, una guerra que se intensifica cada vez más con cada etapa sucesiva. Su omnipotencia y sabiduría están presentes en cada una de estas etapas. Solo entonces todo en el cielo y en la tierra ha sido testigo de la sabiduría de Dios, Su omnipotencia, y, en particular, la realidad de Dios. Aún sigue llevando a cabo Su obra de esta misma manera realista en el presente; además, a medida que Él desempeña Su obra, revela también Su sabiduría y omnipotencia. Dios os permite ver la verdad en el interior de cada etapa de Su obra, ver cómo explicar exactamente Su omnipotencia y, además, ver una explicación definitiva de la realidad de Dios.

En cuanto a la traición de Judas a Jesús, algunas personas se preguntan: ¿No había sido esto planeado antes de la creación del mundo? De hecho, el Espíritu Santo hizo estos planes según la realidad del momento. Por casualidad, había alguien con el nombre de Judas que siempre malversaba los fondos, así que esta persona fue elegida para desempeñar este rol y para prestar su servicio de esta manera. Este fue un verdadero ejemplo de aprovechamiento de los recursos locales. Jesús no era consciente de esto al principio; Él solo lo supo una vez que Judas fue expuesto, más adelante. Si alguien más hubiera estado capacitado para desempeñar este rol, entonces, esa persona lo hubiera hecho en lugar de Judas. Lo que había sido predestinado fue, en realidad, algo que hizo en aquel momento el Espíritu Santo. La obra del Espíritu Santo se realiza siempre de forma espontánea; Él puede planear y llevar a cabo Su obra en cualquier momento. ¿Por qué digo siempre que la obra del Espíritu Santo es realista, que siempre es nueva y nunca vieja, que siempre es fresca en el grado más alto? Su obra no había sido planeada todavía cuando el mundo fue creado; ¡esto no fue en absoluto lo que pasó! Cada paso de la obra alcanza su efecto adecuado para su momento respectivo, y los pasos no interfieren los unos con los otros. Muchas veces, los planes que puedas tener en mente sencillamente no pueden competir con la obra más reciente del Espíritu Santo. Su obra no es tan simple como el razonamiento humano, ni es tan compleja como la imaginación humana; consiste en proveer a las personas en cualquier momento y en cualquier lugar de acuerdo con sus necesidades actuales. Nadie es más claro que Él en cuanto a la esencia de los seres humanos, y es precisamente por esta razón que nada puede satisfacer las necesidades reales de las personas de la misma manera que lo hace Su obra. Por lo tanto, desde un punto de vista humano, Su obra parece haber sido planeada con varios milenios de antelación. Mientras Él obra entre vosotros en estos momentos, mientras obra y habla al tiempo que observa los estados en los que os encontráis, Él tiene las palabras adecuadas que decir al encontrarse con todas y cada una de las clases de estado, pronunciando palabras que son precisamente lo que las personas necesitan. Fijaos en el primer paso de Su obra, el momento del castigo. Después de eso, las personas exhibieron todo tipo de comportamientos y actuaron con rebeldía de ciertas formas, surgieron varios estados positivos, además de otros negativos. Llegaron a un punto en su negatividad y mostraron los límites más bajos en los que podían caer. Dios ha llevado a cabo Su obra con base en todas estas cosas, y así las aprovechó para lograr un resultado mucho mayor de Su obra. Esto es, Él realiza obra de aprovisionamiento entre las personas según cuál sea su estado actual en un momento dado; Él lleva a cabo Su obra de acuerdo con las condiciones actuales de las personas. Toda la creación está en Sus manos; ¿cómo podría Él no conocerlas? Dios lleva a cabo la siguiente etapa de Su obra que debería ser realizada, en cualquier momento y lugar, según los estados de las personas. Esta obra no fue planificada con miles de años de antelación en absoluto; ¡esa es una noción humana! Él obra a medida que observa los efectos de Su obra, y Su obra continuamente se profundiza y desarrolla. Cada vez, tras observar los resultados de Su obra, Él implementa la siguiente etapa de Su obra. Usa muchas cosas para hacer la transición gradual y para hacer visible Su nueva obra a las personas a medida que transcurre el tiempo. Esta manera de obrar puede proveer para las necesidades de las personas, porque Dios las conoce demasiado bien. Esta es la forma en que desempeña Su obra desde el cielo. También, así, Dios encarnado lleva a cabo Su obra de la misma manera, hace arreglos de acuerdo con las circunstancias reales y obra entre la humanidad. Ninguna parte de Su obra ha sido planeada antes de que se creara el mundo, ni ha sido meticulosamente planeada de antemano. Dos mil años después de la creación del mundo, Jehová, al ver que la humanidad había llegado a ser tan corrupta, usó la boca del profeta Isaías para predecir que, después de que terminara la Era de la Ley, Jehová llevaría a cabo Su obra de redimir a la humanidad en la Era de la Gracia. Este era el plan de Jehová, por supuesto, pero este plan también se hizo de acuerdo con las circunstancias que Él observaba en esos tiempos; desde luego, no pensó en ello inmediatamente después de haber creado a Adán. Isaías simplemente expresó una profecía, pero Jehová no había hecho los preparativos de antemano para esta obra durante la Era de la Ley; más bien, Él la puso en movimiento al inicio de la Era de la Gracia, cuando el mensajero se le apareció a José en el sueño y lo iluminó con el mensaje de que Dios se haría carne, y solo entonces comenzó Su obra de la encarnación. Dios no se había preparado para Su obra de la encarnación después de la creación del mundo, como la gente se imagina; esto solo se decidió en función del grado de desarrollo de la humanidad y del estado de Su guerra contra Satanás.

Cuando Dios se hace carne, Su Espíritu desciende sobre un hombre; en otras palabras, el Espíritu de Dios se viste a Él mismo con un cuerpo físico. Él viene a realizar Su obra sobre la tierra, no para traer con Él varios pasos limitados, Su obra es totalmente ilimitada. La obra que el Espíritu Santo hace en la carne continúa siendo determinada por los resultados de Su obra, y Él usa tales cosas para determinar la longitud de tiempo en la que Él hará la obra mientras permanece en la carne. El Espíritu Santo revela directamente cada paso de Su obra, examina Su obra a medida que Él avanza; no es nada tan sobrenatural como para estirar los límites de la imaginación humana. Esto es como la obra de Jehová en la creación de los cielos, la tierra y todas las cosas; Él planificó y obró simultáneamente. Él separó la luz de la oscuridad, y la mañana y la tarde fueron creadas, esto tardó un día. En el segundo día creó el cielo, y eso también le llevó un día; después creó la tierra, los mares y todas las criaturas que los poblaban, lo que también requirió un día más. Esto continuó hasta el sexto día, cuando Dios creó al hombre y le permitió estar a cargo de todas las cosas sobre la tierra. Entonces, en el séptimo día, cuando hubo terminado de crear todas las cosas, descansó. Dios bendijo el séptimo día y lo designó como día santo. Él solo decidió hacer este día santo después de haber creado ya todas las cosas, no antes de crearlas. Esta obra también se llevó a cabo de forma espontánea; antes de la creación de todas las cosas, Él no había decidido crear el mundo en seis días y entonces descansar el séptimo; tal cosa no concuerda en absoluto con los hechos. Él no había declarado tal cosa, ni la había planeado. De ninguna manera había dicho Él que la creación de todas las cosas se completaría en el sexto día y que descansaría en el séptimo; más bien, Él fue creando las cosas según lo que le parecía bien en ese momento. Una vez que hubo terminado de crear todo, ya había llegado el sexto día. Si Él hubiese terminado la creación de todo en el quinto día, entonces habría designado el sexto día como un día santo. Sin embargo, Él terminó de crear todo en el sexto día, y, por lo tanto, el séptimo día se convirtió en un día santo que ha llegado hasta el presente. Por lo tanto, Su obra actual se lleva a cabo de esta misma manera. Él habla y provee a vuestras necesidades, de acuerdo con vuestras situaciones. Es decir, el Espíritu habla y obra de acuerdo con las circunstancias de las personas; Él vigila todo y obra en cualquier momento y lugar. Lo que Yo hago, digo, coloco sobre vosotros y os confiero es, sin excepción, lo que vosotros necesitáis. Entonces, nada de Mi obra es independiente de la realidad; todo es práctico, porque todos sabéis que “el Espíritu de Dios vela por todos”. Si todo esto hubiese sido decidido de antemano, ¿no hubiera sido todo demasiado claro y simple? Es como si pensaras que Dios ideó planes para seis milenios completos y después predestinó que la humanidad se volviera rebelde, resistente, torcida y engañosa, y que poseyera la corrupción de la carne, un carácter satánico, la pasión de los ojos e indulgencias individuales. Nada de esto estaba predestinado por Dios, sino que todo sucedió a consecuencia de la corrupción de Satanás. Algunos dirán: “¿No estaba Satanás también bajo la mano de Dios? Dios había predestinado que Satanás corrompiera al hombre de esta manera, y después de eso, Dios llevaría a cabo Su obra entre los hombres”. ¿Habría Dios realmente predestinado que Satanás corrompiera a la humanidad? Dios está demasiado deseoso de que la humanidad viva normalmente, por tanto, ¿interferiría Él con sus vidas? Si así fuese, ¿no sería derrotar a Satanás y salvar a la humanidad un esfuerzo inútil? ¿Cómo podría haber sido predestinada la rebeldía de la humanidad? Es algo que ha ocurrido debido a la interferencia de Satanás, entonces ¿cómo podría eso ser predestinado por Dios? El Satanás bajo la mano de Dios que vosotros concebís es muy diferente del Satanás bajo la mano de Dios del cual hablo Yo. De acuerdo con vuestra afirmación de que “Dios es todopoderoso, y Satanás está en de Sus manos”, Satanás nunca podría traicionarlo. ¿No dijiste que Dios es todopoderoso? Vuestro conocimiento es demasiado abstracto y no está en contacto con la realidad; ¡el hombre no puede nunca sondear los pensamientos de Dios, ni tampoco comprender Su sabiduría! Dios es todopoderoso; esto no es en absoluto una falsedad. El arcángel traicionó a Dios porque Dios le dio inicialmente una parte de autoridad. Por supuesto, esto fue un hecho inesperado, justo como cuando Eva sucumbió ante la tentación de la serpiente. Sin embargo, no importa cómo Satanás lleve a cabo su traición, sigue sin ser tan todopoderoso como Dios. Como vosotros habéis dicho, Satanás es simplemente poderoso; no importa lo que haga, la autoridad de Dios siempre lo derrotará. Este es el verdadero significado de la frase: “Dios es todopoderoso, y Satanás está en Sus manos”. Por lo tanto, la guerra con Satanás debe llevarse a cabo un paso a la vez. Más aún, Dios planifica Su obra en respuesta a las artimañas de Satanás; es decir, trae la salvación a la humanidad y revela Su omnipotencia y sabiduría de una manera adecuada para la era en cuestión. Del mismo modo, la obra de los últimos días no estuvo predestinada con antelación, antes de la Era de la Gracia; las predestinaciones no se hacen de una manera tan ordenada como esta: primero, hacer que cambie el carácter externo del hombre; segundo, someter al hombre a Su castigo y pruebas; tercero, hacer que el hombre se someta a la prueba de muerte; cuarto, hacer que el hombre experimente el tiempo de amar a Dios y que exprese la resolución de un ser creado; quinto, permitir que el hombre vea la voluntad de Dios y que lo conozca por completo; y finalmente, completar al hombre. Él no planificó todas estas cosas durante la Era de la Gracia; más bien, Él comenzó a planificarlas en la era actual. Satanás está trabajando, al igual que Dios. Satanás expresa su carácter corrupto, mientras que Dios habla directamente y revela algunas cosas esenciales. Esta es la obra que se realiza en la actualidad, y existe el mismo principio de obra que se usó hace mucho tiempo, después de la creación del mundo.

Primero, Dios creó a Adán y Eva, y Él también creó una serpiente. De todas las cosas, esta serpiente era la más venenosa; su cuerpo contenía veneno, que Satanás utilizó para aprovecharse de ella. Fue la serpiente la que tentó a Eva a pecar. Adán pecó después de que lo hiciera Eva, y luego los dos fueron capaces de distinguir entre el bien y el mal. Si Jehová hubiese sabido que la serpiente tentaría a Eva y que Eva tentaría a Adán, entonces, ¿por qué los puso a todos juntos en un jardín? Si Él hubiera sido capaz de predecir estas cosas, entonces ¿por qué creó una serpiente y la colocó en el interior del jardín del Edén? ¿Por qué el jardín del Edén contenía el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal? ¿Acaso Él tenía la intención de que ellos comieran este fruto? Cuando Jehová vino, ni Adán ni Eva se atrevieron a mirarlo de frente, y fue solo entonces cuando Jehová supo que habían comido el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal y que habían sido presa de los engaños de la serpiente. Al final, maldijo a la serpiente, y maldijo a Adán y a Eva también. Cuando los dos comieron del fruto del árbol, Jehová no tenía conocimiento de que lo estaban haciendo. La humanidad se corrompió hasta el punto de volverse malvada y sexualmente promiscua, incluso llegó al punto de que todo lo que albergaban en sus corazones era malévolo e injusto; todo era inmundicia. Por tanto, Jehová se arrepintió de haber creado a la humanidad. Después de eso, Él llevó a cabo Su obra de destruir el mundo con un diluvio, al cual Noé y sus hijos sobrevivieron. Algunas cosas no son en verdad tan avanzadas y sobrenaturales como la gente se imagina. Algunos preguntan: “Puesto que Dios sabía que el arcángel lo traicionaría, ¿por qué lo creó?”. Estos son los hechos: antes de que existiera la tierra, el arcángel era el más grande de los ángeles del cielo. Tenía jurisdicción sobre todos los ángeles en el cielo; esta era la autoridad que Dios le concedió. A excepción de Dios, él era el más grande de los ángeles del cielo. Luego, después de que Dios creara a la humanidad, en la tierra, el arcángel llevó a cabo una mayor traición contra Dios. Digo que traicionó a Dios porque quiso gobernar sobre la humanidad y sobrepasar la autoridad de Dios. Fue el arcángel el que tentó a Eva a pecar, y lo hizo porque deseaba establecer su reino en la tierra y hacer que la humanidad le diera la espalda a Dios y que obedeciera al arcángel en su lugar. El arcángel vio que muchas cosas le podían obedecer; le obedecían los ángeles, al igual que las personas sobre la tierra. Los pájaros y animales, los árboles, bosques, montañas, ríos y todas las cosas sobre la tierra estaban bajo el cuidado de los seres humanos, es decir, de Adán y Eva, mientras que Adán y Eva obedecían al arcángel. Por tanto, el arcángel deseaba superar la autoridad de Dios y traicionarlo. Posteriormente, llevó a muchos ángeles a rebelarse contra Dios, y estos luego se convirtieron en varias clases de espíritus impuros. ¿Acaso el desarrollo de la humanidad hasta el día de hoy no ha sido causado por la corrupción del arcángel? Los seres humanos son como son hoy en día debido a que el arcángel traicionó a Dios y corrompió a la humanidad. Esta obra paso a paso no está ni siquiera cerca de ser tan abstracta y simple como la gente podría imaginar. Satanás llevó a cabo su traición por una razón, pero la gente es incapaz de comprender un hecho tan simple. ¿Por qué Dios, que creo los cielos, la tierra y todas las cosas, también creó a Satanás? Puesto que Dios desprecia tanto a Satanás, y Satanás es Su enemigo, ¿por qué creó a Satanás? Al crear a Satanás, ¿no estaba Él creando un enemigo? Dios en realidad no creó un enemigo; más bien, Él creó un ángel, y más tarde, ese ángel lo traicionó. Su estatus se había vuelto tan alto que deseó traicionar a Dios. Se podría decir que esta fue una coincidencia, pero también fue inevitable. Es similar al hecho de que una persona va a morir inevitablemente tras madurar hasta una cierta edad; las cosas ya se han desarrollado hasta esa etapa. Algunos insensatos absurdos dicen: “Puesto que Satanás es Tu enemigo, ¿por qué lo has creado? ¿Acaso no sabías que el arcángel te traicionaría? ¿Acaso no puedes mirar de eternidad a eternidad? ¿Acaso no conocías la naturaleza del arcángel? Ya que sabías claramente que este te traicionaría, ¿por qué lo hiciste arcángel? No solo te traicionó, además se llevó a muchos otros ángeles consigo y descendió al mundo de los mortales para corromper a la humanidad; incluso a día de hoy, todavía no has podido completar Tu plan de gestión de seis mil años”. ¿Son correctas esas palabras? Si piensas de esta manera, ¿no estás creando más problemas de los necesarios? Hay otros que dicen: “Si Satanás no hubiese corrompido a la humanidad hasta el presente, Dios no habría traído a la humanidad una salvación como esta. Entonces, la sabiduría y omnipotencia de Dios habrían sido invisibles; ¿dónde se habría revelado Su sabiduría? Por tanto, Dios creó una raza humana para Satanás; para que después pudiera revelar Su omnipotencia, de no ser así, ¿cómo descubriría el hombre la sabiduría de Dios? Si el hombre no se resistía a Dios ni se rebelaba contra Él, sería innecesario que Sus actos se revelaran. Si toda la creación lo adorara y se sometiera a Él, entonces Dios no tendría ninguna obra que hacer”. Esto está aún más lejos de la realidad, porque no hay nada sucio acerca de Dios, por eso Él no puede crear algo sucio. Él revela ahora Sus actos solo con el fin de derrotar a Su enemigo, para salvar a los seres humanos que Él creó, y para derrotar a los demonios y a Satanás, que odian, traicionan y se resisten a Dios, que estaban bajo Su dominio y le pertenecían a Él desde el principio. Dios quiere derrotar a estos demonios y, al hacerlo, revelar Su omnipotencia a todas las cosas. La humanidad y todo en la tierra están ahora bajo el campo de acción de Satanás y yacen bajo el campo de acción de los malvados. Dios quiere revelar Sus actos a todas las cosas para que la gente lo conozca, y con ello vencer a Satanás y derrotar ampliamente a Sus enemigos. La totalidad de esta obra se logra por medio de la revelación de Sus actos. Toda Su creación está bajo el campo de acción de Satanás, por lo que Dios desea revelar Su omnipotencia a ellos, y así derrotar a Satanás. Si no existiera Satanás, Él no necesitaría revelar Sus acciones. Si no fuera por el acoso de Satanás, Dios habría creado a la humanidad para dejarla vivir en el jardín del Edén. ¿Por qué Dios nunca reveló todas Sus acciones a los ángeles o al arcángel antes de la traición de Satanás? Si, en el principio, todos los ángeles y el arcángel hubiesen conocido a Dios y se hubieran sometido a Él, entonces, Dios no habría llevado a cabo esos actos de obra sin sentido. Debido a la existencia de Satanás y los demonios, los seres humanos también se han resistido a Dios y están llenos hasta los topes de un carácter rebelde. Por tanto, Dios quiere revelar Sus actos. Debido a que Él desea hacer la guerra con Satanás, Él tiene que usar Su propia autoridad y todos Sus actos para derrotarlo; de esta manera, la obra de salvación que Él desempeña entre la humanidad permitirá que la gente vea Su sabiduría y omnipotencia. La obra que Dios está haciendo en la actualidad es significativa y de ninguna manera se asemeja a lo que algunas personas se refieren cuando dicen: “¿Acaso la obra que Tú haces no es contradictoria? ¿No es esta sucesión de obras un mero ejercicio para que te crees problemas? Tú creaste a Satanás y luego le permitiste que te traicionara y se resistiera a Ti. Tú creaste a los seres humanos, y luego se los entregaste a Satanás al permitir que Adán y Eva fueran tentados. Puesto que has hecho todas estas cosas a propósito, ¿por qué detestas todavía a la humanidad? ¿Por qué odias a Satanás? ¿No son acaso todas estas cosas producidas por Ti mismo? ¿Qué hay que odiar?”. Bastante gente absurda dice tales cosas. Desean amar a Dios, pero en el fondo se quejan de Dios. ¡Qué contradicción! No comprendes la verdad, tienes demasiados pensamientos sobrenaturales, e incluso aseveras que Dios cometió un error. ¡Qué absurdo eres! Tú eres quien juega con la verdad; ¡no es que Dios haya cometido un error! Algunas personas incluso se quejan una y otra vez: “Fuiste Tú quien creó a Satanás, y fuiste Tú quien arrojó a Satanás al mundo entre los humanos y se los entregaste. Una vez, los seres humanos poseyeron un carácter satánico; no los perdonaste, al contrario, los odiaste en gran medida. Al principio, Tú los amabas mucho, pero ahora los detestas. Eres Tú quien ha detestado a la humanidad, aunque también eres el que la ha amado. ¿Qué está pasando aquí exactamente? ¿No es esto una contradicción?”. Independientemente de cómo lo veáis vosotros, esto fue lo que ocurrió en el cielo; de esta manera, el arcángel traicionó a Dios, y la humanidad se corrompió; y así es como los seres humanos han continuado hasta hoy. Lo digáis como lo digáis, esta es toda la historia. Sin embargo, debéis comprender que el propósito completo tras la obra que está haciendo hoy es salvaros y derrotar a Satanás.

Debido a que los ángeles eran particularmente frágiles y no poseían habilidades dignas de mención, se volvieron arrogantes en cuanto se les dio autoridad. Esto fue particularmente cierto en el caso del arcángel, cuyo estatus era superior al de cualquier otro ángel. Un rey entre los ángeles, guiaba a millones de ellos, y, bajo Jehová, su autoridad superaba a la de cualquier otro ángel. El arcángel quería hacer esto y aquello, y quería bajar a los ángeles entre los seres humanos para controlar el mundo. Dios dijo que Él es el Único que está a cargo del universo; pero el arcángel aseguró que era él quien estaba al cargo. A partir de ese momento, el arcángel traicionó a Dios. Dios había creado otro mundo en el cielo, y el arcángel deseaba controlar este mundo y también deseaba descender al reino mortal. ¿Podría Dios permitirle hacerlo? Por tanto, abatió al arcángel y lo lanzó por los aires. Desde que el arcángel corrompió a la humanidad, Dios ha estado en guerra con el arcángel para salvarla; Él ha utilizado estos seis milenios para derrotarlo. Vuestra noción de un Dios todopoderoso es incompatible con la obra que Dios está llevando a cabo en la actualidad; ¡es absolutamente impráctica y una gran falacia! En realidad, fue solo después de que el arcángel traicionara a Dios que este lo declaró Su enemigo. Fue solo debido a su traición que el arcángel pisoteó a la humanidad después de llegar al reino mortal, y es por esta razón que la humanidad se desarrolló hasta este punto. Después de que eso sucediera, Dios le juró a Satanás: “Te voy a derrotar y traeré la salvación a todos los seres humanos que he creado”. Al principio, Satanás no estaba convencido y le dijo: “Francamente, ¿qué me puedes hacer? ¿Puedes en verdad golpearme en el aire? ¿Puedes en verdad derrotarme?”. Después de lanzarlo al aire, Dios no le prestó más atención al arcángel y, más adelante, comenzó a salvar a la humanidad y a llevar a cabo Su propia obra, a pesar de las continuas interrupciones de Satanás. Satanás pudo hacer esto y lo otro, pero todo fue gracias al poder que Dios le había otorgado anteriormente; se llevó estas cosas con él al aire y las ha conservado hasta el día de hoy. Cuando lanzó al arcángel al aire, Dios no le quitó su autoridad, y Satanás continuó corrompiendo a la humanidad. Dios, por el contrario, comenzó a salvar a la humanidad que Satanás había corrompido poco después de que esta hubiera sido creada. Dios no reveló Sus actos mientras estaba en los cielos; sin embargo, antes de la creación de la tierra, permitió que la gente del mundo que había creado en el cielo viera Sus actos, y así guio a esa gente sobre el cielo. Él les dio sabiduría e inteligencia, y condujo a esa gente a vivir en ese mundo. Naturalmente, ninguno de vosotros habéis oído hablar de esto antes. Más tarde, después de que Dios crease a los seres humanos, el arcángel comenzó a corromperlos; en la tierra, toda la humanidad cayó en el caos. Solo entonces Dios comenzó Su guerra contra Satanás, y solo en este momento los humanos empezaron a ver Sus acciones. Al principio, tales actos habían sido ocultados de la humanidad. Después de que Satanás fuese lanzado al aire, hizo sus propias cosas, y Dios continuó haciendo Su propia obra, librando una guerra continua contra Satanás, hasta los últimos días. Ahora ha llegado el momento en el que Satanás debería ser destruido. En el principio, Dios le dio autoridad, y después lo lanzó al aire, sin embargo, Satanás se mantuvo desafiante. Después de eso, corrompió a la humanidad en la tierra, pero Dios estaba allí para gestionarla. Dios usa Su gestión de los seres humanos para derrotar a Satanás. Al corromper a la gente, Satanás lleva el destino de esta a su final e interrumpe la obra de Dios. Por otro lado, la obra de Dios es la salvación de la humanidad. ¿Qué paso de la obra que hace Dios no está destinado a salvar a la humanidad? ¿Qué paso no está destinado a purificar a la gente, hacerles actuar con rectitud y vivir la imagen de quienes pueden ser amados? Satanás, sin embargo, no hace esto. Este corrompe a la humanidad; continuamente hace su trabajo de corromper a la humanidad por todo el universo. Por supuesto, Dios también hace Su propia obra sin prestar atención a Satanás. No importa cuánta autoridad Satanás posea, esa autoridad le fue dada por Dios; Dios simplemente no le dio toda Su autoridad, de manera que no importa lo que Satanás haga, no puede superar a Dios y siempre estará al alcance de la mano de Dios. Dios no reveló ninguno de Sus actos mientras estuvo en el cielo. Él meramente dio a Satanás una pequeña porción de autoridad y le permitió ejercer control sobre otros ángeles. Por tanto, no importa lo que haga Satanás, no puede superar la autoridad de Dios, porque la autoridad que Dios le otorgó originalmente es limitada. Mientras Dios obra, Satanás interrumpe. En los últimos días, su interrupción terminará; de igual manera, la obra de Dios también terminará, y el tipo de ser humano que Dios desea completar se completará. Dios dirige a la gente de manera positiva; Su vida es agua viva, inconmensurable e ilimitada. Satanás ha corrompido al hombre hasta cierto grado; al final, el agua viva de la vida completará al hombre, y será imposible para Satanás interferir y llevar a cabo su obra. Por tanto, Dios será capaz de ganar por completo a esta gente. Incluso ahora, Satanás todavía se niega a aceptar esto; se enfrenta continuamente a Dios, pero Él no le presta ninguna atención. Dios ha dicho: “Yo saldré victorioso sobre la totalidad de las fuerzas oscuras de Satanás y sobre todas las influencias oscuras”. Esta es la obra que ahora se debe hacer en la carne, y es también lo que hace significativo hacerse carne: esto es, completar la etapa de la obra de derrotar a Satanás en los últimos días, y eliminar todas las cosas que pertenecen a Satanás. ¡La victoria de Dios sobre Satanás es inevitable! En realidad, Satanás ya fracasó hace mucho tiempo. Cuando el evangelio comenzó a extenderse por toda la tierra del gran dragón rojo, es decir, cuando Dios encarnado comenzó Su obra y esta obra se puso en marcha, Satanás fue derrotado por completo, porque el propósito mismo de la encarnación era derrotar a Satanás. En cuanto Satanás vio que Dios una vez más se había hecho carne y había comenzado a llevar a cabo Su obra, que ninguna fuerza podría detener, este se quedó estupefacto al ver esta obra y no se atrevió a seguir haciendo más trastadas. Al principio, Satanás pensó que también poseía mucha sabiduría, e interrumpió y acosó la obra de Dios; sin embargo, no esperaba que Dios se hiciera carne una vez más, o que, en Su obra, Dios utilizara la rebelión de Satanás para servirle como revelación y juicio para la humanidad, para conquistar así a la humanidad y derrotar a Satanás. Dios es más sabio que Satanás, y Su obra lo supera con creces. Por tanto, como anteriormente he dicho: “la obra que Yo hago se lleva a cabo en respuesta a las artimañas de Satanás. Al final, Yo voy a revelar Mi omnipotencia y la impotencia de Satanás”. Dios realizará Su obra en primera línea, mientras Satanás seguirá su estela hasta que, al final, este sea finalmente destruido, ¡ni siquiera va a saber qué lo golpeó! Solo se dará cuenta de la verdad una vez que haya sido aplastado y hecho añicos; y para entonces ya habrá sido incinerado en el lago de fuego. ¿Acaso no se convencerá completamente para entonces? ¡Pues Satanás no tendrá entonces más tretas que usar!

Es esta obra realista y gradual la que a menudo pesa en el corazón de Dios con dolor por la humanidad, y, por ello, Su guerra con Satanás se ha prolongado durante seis mil años. Dios ha dicho: “No volveré a crear a la humanidad nunca más, ni volveré a otorgar autoridad a los ángeles”. A partir de ese momento, cuando los ángeles vinieron a obrar en la tierra, se limitaron a seguir a Dios para hacer alguna obra. Nunca más les ha concedido ninguna autoridad. ¿Cómo hicieron para llevar a cabo su obra los ángeles que los israelitas vieron? Ellos se revelaban en sueños y transmitían las palabras de Jehová. Cuando Jesús resucitó tres días después de haber sido crucificado, fueron los ángeles los que empujaron la piedra hacia un lado; el Espíritu de Dios no hizo esta obra personalmente. Fueron los ángeles los que hicieron este tipo de obra; ellos desempeñaron funciones de apoyo pero no tenían ninguna autoridad, porque Dios nunca más se la otorgó. Después de obrar durante algún tiempo, la gente a la que Dios usó en la tierra asumió la posición de Dios y dijo: “¡Deseo sobrepasar el universo! ¡Quiero pararme en el tercer cielo! ¡Queremos sostener las riendas del poder soberano!”. Se volverían arrogantes después de varios días de obra; deseaban poseer autoridad soberana en la tierra, establecer otra nación, tener todas las cosas bajo sus pies y estar en el tercer cielo. ¿Acaso no sabes que eres meramente un hombre usado por Dios? ¿Cómo ibas a ascender al tercer cielo? Dios viene a la tierra para obrar, en silencio y sin gritar, y se va después de completar sigilosamente Su obra. Nunca grita como lo hacen los humanos, sino que más bien es práctico al llevar a cabo Su obra. Él tampoco entra en una iglesia nunca y grita: “¡Yo os voy a aniquilar a todos vosotros! ¡Os voy a maldecir y castigar a todos!”. Él se limita a continuar haciendo Su propia obra y se va una vez que la ha finalizado. ¡Esos pastores religiosos que curan a los enfermos y expulsan demonios, que dan sermones a los demás desde el púlpito, que dan discursos largos y pomposos, y discuten asuntos irreales, son todos arrogantes hasta la médula! ¡No son más que descendientes del arcángel!

Después de haber llevado a cabo Sus seis mil años de obra hasta el día de hoy, Dios ya ha revelado muchos de Sus actos, el motivo principal de esto ha sido derrotar a Satanás y salvar a toda la humanidad. Él está aprovechando esta oportunidad para permitir que todo en el cielo, todo sobre la tierra, todo en los mares y hasta la última criatura de la creación de Dios en la tierra vea Su omnipotencia y sea testigo de Sus actos. Él está aprovechando la oportunidad que le brinda derrotar a Satanás para revelar todas Sus acciones a los seres humanos, y para permitirles alabarlo y exaltar Su sabiduría al derrotar a Satanás. Todo en la tierra, en el cielo y en los mares lo glorifica, alaba Su omnipotencia, elogia cada una de Sus acciones y grita Su santo nombre. Esta es una prueba de que ha derrotado a Satanás; es prueba de Su victoria sobre Satanás. Más importante aún, es la prueba de Su salvación de la humanidad. Toda la creación de Dios lo glorifica, lo alaba por derrotar a Su enemigo y regresar victorioso y lo exalta como el gran Rey victorioso. Su propósito no es simplemente derrotar a Satanás, razón por la cual Su obra ha continuado durante seis mil años. Él usa la derrota de Satanás para salvar a la humanidad; Él usa la derrota de Satanás para revelar todos Sus actos y toda Su gloria. Él será glorificado, y toda la multitud de ángeles verá toda Su gloria. Los mensajeros en el cielo, los humanos sobre la tierra y todos los objetos de la creación sobre la tierra verán la gloria del Creador. Esta es la obra que Él realiza. Toda Su creación en el cielo y en la tierra dará testimonio de Su gloria, Él regresará triunfante después de derrotar a Satanás por completo y permitirá que la humanidad lo alabe, y así conseguirá una doble victoria en Su obra. Al final, toda la humanidad será conquistada por Él, y Él acabará con cualquier persona que se resista o se rebele; en otras palabras, Él eliminará a todos los que pertenecen a Satanás. Ahora mismo eres testigo de muchos actos de Dios, y aun así te resistes, te rebelas y no te sometes; alojas muchas cosas dentro de ti mismo y haces todo lo que deseas. Sigues tu propia lujuria y preferencias, todo esto es rebeldía y resistencia. Cualquier creencia en Dios para satisfacer la carne y la lujuria, además de las propias preferencias, del mundo y Satanás, es asquerosa; es resistente y rebelde por naturaleza. Ahora existen varios tipos de fe: algunos buscan refugio del desastre, y otros buscan obtener bendiciones, algunos desean comprender los misterios, mientras que otros buscan dinero. ¡Todas estas son formas de resistirse y todas ellas son blasfemias! Decir que uno se resiste o se rebela, ¿no se refiere eso a tales comportamientos? Estos días son muchos los que se quejan, expresan insatisfacciones o juzgan. Todas estas son cosas hechas por los malvados; son ejemplos de la resistencia y la rebeldía humanas. Tales personas están poseídas y ocupadas por Satanás. Las personas que Dios obtiene son aquellas que se someten a Él por completo, son personas que han sido corrompidas por Satanás, pero que han sido salvadas y conquistadas por la obra actual de Dios, las que han sufrido tribulaciones y, al final, han sido obtenidas completamente por Dios, que ya no viven bajo el campo de acción de Satanás, que se han liberado de la injusticia y que están dispuestas a vivir la santidad, así son las personas más santas; ellas son de hecho las santas. Si tus acciones actuales no coinciden con siquiera una parte de los requerimientos de Dios, serás eliminado. Esto es indiscutible. Todo depende de lo que ocurra ahora; aunque has sido predestinado y elegido, tus acciones actuales serán las que determinen tu resultado. Si no te puedes mantener a la altura ahora, serás eliminado. Si no te puedes mantener a la altura ahora, ¿cómo podrás mantenerte a la altura después? Un milagro tan grande ha aparecido ante ti, sin embargo, todavía no crees. Entonces, ¿cómo vas a creer en Él más adelante, cuando Él ya haya terminado Su obra y no le quede más obra por hacer? Para entonces, ¡será aún más imposible que lo sigas! Más tarde Dios confiará en tu actitud, tu conocimiento sobre la obra de Dios encarnado y tu experiencia para determinar si eres pecador o justo, o para determinar si te perfecciona o te elimina. Tú debes ver claramente ahora. El Espíritu Santo obra de esta manera: Él determina tu resultado de acuerdo con tu comportamiento en la actualidad. ¿Quién pronuncia las palabras de hoy? ¿Quién hace la obra de hoy? ¿Quién decide si tú serás eliminado hoy? ¿Quién decide perfeccionarte? ¿No es esto lo que Yo mismo hago? Yo soy el que pronuncia estas palabras; Yo soy el que lleva a cabo tal obra. Maldecir, castigar y juzgar a la gente, todo ello es parte de Mi obra. Al final, eliminarte también dependerá de Mí. ¡Todo esto es asunto mío! Hacerte perfecto es asunto mío, y permitirte disfrutar de bendiciones es también asunto mío. Todo esto es obra que hago. Tu resultado no fue predestinado por Jehová; está siendo determinado por el Dios de hoy. Está siendo determinado ahora; no fue determinado mucho tiempo atrás, antes de la creación del mundo. Algunas personas absurdas dicen: “Tal vez, les pasa algo a Tus ojos, y Tú no me ves de la manera que deberías. Al final, ¡verás lo que el Espíritu revela!”. Jesús originalmente eligió a Judas como Su discípulo. La gente pregunta: “¿Cómo pudo elegir a un discípulo que le iba a traicionar?”. Al principio, Judas no tenía ninguna intención de traicionar a Jesús. Esto simplemente sucedió después. En ese momento, Jesús había considerado a Judas de modo bastante favorable; Él había hecho que el hombre lo siguiera y le había dado la responsabilidad de sus asuntos financieros. Si Él hubiera sabido que Judas malversaría el dinero, no lo habría dejado a cargo de esos asuntos. Se puede decir que Jesús originalmente no sabía que este hombre era torcido y astuto, o que engañaría a sus hermanos y hermanas. Más tarde, después de que Judas hubiera estado siguiendo a Jesús por cierto tiempo, Jesús lo vio adular a sus hermanos y hermanas, y adular a Dios. Las personas también descubrieron que Judas tenía la costumbre de coger dinero del monedero, y entonces se lo dijeron a Jesús. Fue entonces cuando Jesús se dio cuenta de todo lo que estaba pasando. Debido a que Jesús debía llevar a cabo la obra de la crucifixión, necesitaba a alguien que lo traicionara, y como Judas era casualmente el apropiado para ser la clase adecuada de persona para llevar a cabo este rol, Jesús dijo: “Hay alguien entre nosotros que me traicionará. El Hijo del hombre va a utilizar esta traición para ser crucificado y, pasados tres, días resucitará”. En ese momento, Jesús en realidad no había seleccionado a Judas para que lo traicionara; por el contrario, tenía la esperanza de que Judas fuese un fiel discípulo. Inesperadamente, Judas resultó ser un degenerado avaricioso que traicionó al Señor, así que Jesús utilizó esta situación para seleccionar a Judas para este cometido. Si todos los doce discípulos de Jesús hubiesen sido leales, y ninguno como Judas hubiese estado entre ellos, entonces, la persona que traicionara a Jesús tendría, en última instancia, que haber sido alguien que no fuera uno de los discípulos. Sin embargo, en aquel momento, dio la casualidad de que había uno entre ellos que disfrutaba de aceptar sobornos: Judas. Por lo tanto, Jesús usó a este hombre para completar Su obra. ¡Qué sencillo fue! Jesús no había predeterminado esto al comienzo de Su obra; solo tomó esta decisión una vez que las cosas se habían desarrollado hasta cierto punto. Esta fue la decisión de Jesús, es decir, la decisión del Espíritu de Dios mismo. Originalmente, fue Jesús quien había escogido a Judas; luego, cuando Judas traicionó a Jesús, esta fue la obra del Espíritu Santo a fin de servir a Sus propios propósitos; fue obra del Espíritu Santo llevada a cabo en ese momento. Cuando Jesús escogió a Judas, Él no tenía ni idea de que lo traicionaría. Solo sabía que el hombre era Judas Iscariote. Vuestros resultados se determinan de acuerdo con vuestros niveles de sumisión presentes y de acuerdo con los niveles de crecimiento de vuestras vidas, no de acuerdo con ninguna de las nociones humanas de que tu destino fue predestinado en la creación del mundo. Debes percibir estas cosas con claridad. Nada de esta obra se hace de la manera que imaginas.

Unas citas bíblicas son tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

Escuchar con atención las palabras de el Señor retornado y dar la bienvenida al regreso del Salvador

Mirando hacia atrás en 2020, los desastres como el terremoto, el huracán, el incendio y la inundación, etc., ocurren uno tras otro, y usted debe de haberse dado cuenta de que las profecías de la venida del Señor se han cumplido y de que Él podría haber regresado, y desea recibir Su regreso y ser protegido por Él en medio de los desastres. Pero, ¿ha pensado alguna vez en cómo encontrar los pasos de Dios y acogerlo?
El Señor Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen” (Juan 10:27). Y el Apocalipsis profetiza: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
Dios Todopoderoso dice: “Ya que estamos buscando las huellas de Dios, nos corresponde a nosotros buscar la voluntad de Dios, por Sus palabras y declaraciones; porque dondequiera que haya nuevas palabras dichas por Dios, allí está la voz de Dios, y donde están las huellas de Dios, ahí están los hechos de Dios. Donde está la expresión de Dios, ahí aparece, ahí existe la verdad, el camino y la vida. Al buscar las huellas de Dios, habéis ignorado las palabras ‘Dios es la verdad, el camino y la vida’. Y así, muchas personas, incluso cuando reciben la verdad, no creen que han encontrado las huellas de Dios y mucho menos reconocen la aparición de Dios. ¡Qué error tan grave!”.
De esto se puede ver que el Señor vendrá a expresar palabras en los últimos días, y solo escuchando atentamente Su voz podremos recibir a Él. Ahora el Señor ha vuelto, es Cristo de los últimos días, Dios Todopoderoso, quien ha expresado todas las verdades para la salvación del hombre. Debemos buscar e investigar nuevas palabras de Dios para ver si son la verdad y la voz de Dios. Cuando reconozcamos a Dios, aceptemos y sigamos a Él, seremos los que mantienen el ritmo de Sus pasos y lo reciben.
¿Cuáles son las características de la voz de Dios? ¿Cómo podemos estar seguros de que es la voz de Dios? Si usted está interesado en este tema y desea acoger al Señor cuanto antes, lea la página “¿Has oído la voz de Dios”?

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Música cristiana | El verdadero amor de Dios (A Capela)

Música cristiana | El verdadero amor de Dios (A Capela)

¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
Hoy vengo ante Dios otra vez y contemplo Su bello rostro.
La la la la la la.
Hoy vengo ante Dios otra vez y me despido de mi pasado sin rumbo.
¡Aleluya!
Hoy vengo ante Dios otra vez;
el gozo de Su palabra llena mi corazón de dulzura sin igual.
Hoy vengo ante Dios otra vez; tengo muchas palabras sinceras que expresar.
Sus tiernas palabras me riegan y alimentan para crecer (alimentan para crecer).
Sus firmes palabras me alientan a levantarme al caer (levantarme al caer).
¡Oh Dios! Te alabamos; eres Tú quien nos ha elevado (nos ha elevado).
Por toda Tu gracia y misericordia, es que podemos alabarte hoy.
¡Te amamos, Dios Todopoderoso verdadero!
La la la la la la la la la la la. ¡Alabado sea Dios Todopoderoso!
La la la la la la la la la la la. ¡Aleluya!
La la la la la la la la la la la. ¡Alabado sea Dios Todopoderoso!
La la la la la la la la la la la. ¡Aleluya!

¡Oh Dios! Tú nos amas tanto, nos dejas gozar Tus palabras todos los días.
La la la la la la.
¡Oh Dios! Tú nos amas tanto, todos los días nos das un esclarecimiento nuevo.
¡Aleluya!
¡Oh Dios! Tú nos amas tanto, nos riegas y alimentas a nosotros, Tu pueblo.
¡Oh Dios! Tú nos amas tanto, nos guías para liberarnos de la influencia de Satanás.
¡Levantémonos, hermanos y hermanas!
Alabemos juntos a nuestro Dios (la la la la la).
Estamos juntos hoy; valoremos la oportunidad que Dios nos da (la oportunidad).
Despojémonos de todas las cargas de la carne,
y alabemos a Dios Todopoderoso de todo corazón (alabemos a Dios Todopoderoso).
¡Cumplamos el deber con todo corazón y empeño, ¡y amemos a Dios con obras de verdad!
¡Te amaremos por siempre, Dios Todopoderoso verdadero!
¡Amén!
De «Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos»

Recomendación: Músicas cristianas

El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”

Durante varios milenios, el hombre ha anhelado poder presenciar la llegada del Salvador. El hombre ha anhelado contemplar a Jesús el Salvador montado en una nube blanca mientras desciende, en persona, entre aquellos que lo han añorado y anhelado durante miles de años. El hombre ha deseado también que el Salvador regrese y se reúna con ellos; es decir, deseó que Jesús el Salvador, que ha estado separado de la gente miles de años, regrese y lleve a cabo una vez más la obra de redención que Él hizo entre los judíos, que sea compasivo y amoroso con los hombres, que perdone sus pecados y cargue con ellos e incluso que cargue con todas las transgresiones del hombre y lo libre del pecado. Lo que el hombre anhela es que Jesús el Salvador sea el mismo que antes, un Salvador que sea adorable, amable y venerable, que nunca esté airado con el hombre ni le haga reproches, sino que perdone y soporte todos los pecados del hombre y que incluso, como antes, muera en la cruz una vez más por el hombre. Desde que Jesús se marchó, los discípulos que lo siguieron, además de todos los santos que fueron salvos en Su nombre, lo han estado añorando y esperando desesperadamente. Todos aquellos que fueron salvos por la gracia de Jesucristo durante la Era de la Gracia han estado anhelando ese día exultante en el último día, cuando Jesús el Salvador descienda sobre una nube blanca para aparecerse ante todas las personas. Por supuesto, este también es el deseo colectivo de todos aquellos que aceptan el nombre de Jesús el Salvador en el presente. Todo aquel en el universo que sabe de la salvación de Jesús el Salvador ha estado anhelando desesperadamente que Jesucristo llegue repentinamente para cumplir lo que dijo cuando estuvo en la tierra: “Llegaré tal como me fui”. El hombre cree que, después de la crucifixión y la resurrección, Jesús volvió al cielo sobre una nube blanca para ocupar Su lugar a la diestra del Altísimo. De forma parecida, Jesús descenderá de nuevo sobre una nube blanca (esta nube se refiere a la nube sobre la que Jesús cabalgó cuando regresó al cielo) entre aquellos que lo han anhelado desesperadamente durante miles de años, y Él tendrá la imagen y vestimenta de los judíos. Después de aparecerse al hombre, Él le concederá comida y hará que el agua viva brote para él y vivirá en medio de él, lleno de gracia y lleno de amor, vívido y real. Todas esas nociones son lo que cree la gente. Sin embargo, Jesús el Salvador no hizo esto; hizo lo contrario de lo que el hombre concibió. No llegó entre los que habían anhelado Su regreso ni se les apareció a todos los pueblos mientras cabalgaba sobre la nube blanca. Él ya ha llegado, pero el hombre no lo conoce y sigue siendo ignorante de Él. El hombre solamente está esperándolo sin propósito, sin darse cuenta de que Él ya ha descendido sobre una “nube blanca” (la nube que es Su Espíritu, Sus palabras, todo Su carácter y todo lo que Él es) y está ahora entre un grupo de vencedores que Él formará durante los últimos días. El hombre no sabe esto: a pesar de todo el afecto y amor que el santo Salvador Jesús tiene hacia el hombre, ¿cómo puede obrar en esos “templos” habitados por la inmundicia y los espíritus inmundos? Aunque el hombre ha estado esperando Su llegada, ¿cómo podría Él aparecer a aquellos que comen la carne de los injustos, que beben la sangre de los injustos y visten las ropas de los injustos, que creen en Él, pero que no lo conocen y que constantemente lo chantajean? El hombre solo sabe que Jesús el Salvador está lleno de amor y rebosante de compasión y que Él es la ofrenda por el pecado, llena de redención. Sin embargo, el hombre no tiene idea de que Él es Dios mismo, que rebosa de justicia, majestad, ira y juicio, que está dotado de autoridad y lleno de dignidad. Por tanto, aunque el hombre ansiosamente anhela y ansía el regreso del Redentor, y hasta sus oraciones conmueven el cielo, Jesús el Salvador no se aparece a quienes creen en Él, pero no lo conocen.

“Jehová” es el nombre que adopté durante Mi obra en Israel y significa el Dios de los israelitas (el pueblo escogido de Dios) que puede tener compasión del hombre, maldecirlo y guiar su vida; el Dios que posee gran poder y está lleno de sabiduría. “Jesús” es Emanuel, que significa la ofrenda por el pecado que está llena de amor, de compasión y que redime al hombre. Él hizo la obra de la Era de la Gracia y la representa, y solo puede representar una parte de la obra del plan de gestión. Es decir, solo Jehová es el Dios del pueblo escogido de Israel, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de Moisés y el Dios de todo el pueblo de Israel. Y así, en la era presente, todos los israelitas, excepto el pueblo judío, adoran a Jehová. Le hacen sacrificios en el altar y le sirven en el templo llevando las túnicas de los sacerdotes. Lo que esperan es la reaparición de Jehová. Solo Jesús es el Redentor de la humanidad, y Él es la ofrenda por el pecado que redimió a la humanidad del pecado. Es decir, el nombre de Jesús vino de la Era de la Gracia y surgió debido a la obra de redención en la Era de la Gracia. El nombre de Jesús llegó a existir para permitir que las personas de la Era de la Gracia nacieran de nuevo y fueran salvadas, y es un nombre particular para la redención de toda la humanidad. Así, el nombre de Jesús representa la obra de la redención y denota la Era de la Gracia. El nombre de Jehová es un nombre particular para el pueblo de Israel que vivía bajo la ley. En cada era y etapa de la obra, Mi nombre no carece de fundamento, sino que tiene un sentido representativo: cada nombre representa una era. “Jehová” representa la Era de la Ley y es el título honorífico para el Dios adorado por el pueblo de Israel. “Jesús” representa la Era de la Gracia y es el nombre del Dios de todos aquellos que fueron redimidos durante la Era de la Gracia. Si el hombre sigue anhelando la llegada de Jesús el Salvador durante los últimos días, y sigue esperando que llegue con la imagen con la que apareció en Judea, entonces todo el plan de gestión de seis mil años se habría detenido en la Era de la Redención y no podría haber progresado más. Además, los últimos días nunca llegarían y la era nunca acabaría. Esto se debe a que Jesús el Salvador es solo para la redención y salvación de la humanidad. Yo adopté el nombre de Jesús solo por el bien de todos los pecadores en la Era de la Gracia, pero no es el nombre por el cual llevaré a su fin a toda la humanidad. Aunque Jehová, Jesús y el Mesías representan todos a Mi Espíritu, estos nombres solo denotan las diferentes eras de Mi plan de gestión y no me representan en Mi totalidad. Los nombres por los cuales me llaman las personas en la tierra no pueden expresar todo Mi carácter y todo lo que Yo soy. Son simplemente nombres diferentes por los que se me llama durante las diferentes eras. Así pues, cuando la era final —la era de los últimos días— llegue, Mi nombre cambiará de nuevo. No se me llamará Jehová o Jesús, mucho menos el Mesías; se me llamará el potente Dios Todopoderoso mismo y bajo este nombre pondré fin a toda la era. Una vez se me conoció como Jehová. También se me llamó el Mesías, y las personas me llamaron una vez Jesús el Salvador con amor y aprecio. Hoy, sin embargo, ya no soy el Jehová o el Jesús que las personas conocieron en tiempos pasados; Yo soy el Dios que ha regresado en los últimos días, el que pondrá fin a la era. Soy el Dios mismo que surge del extremo de la tierra, repleto de todo Mi carácter y lleno de autoridad, honor y gloria. Las personas nunca se han relacionado conmigo, nunca me han conocido y siempre han sido ignorantes de Mi carácter. Desde la creación del mundo hasta hoy, ni una sola persona me ha visto. Este es el Dios que se le aparece al hombre en los últimos días, pero que está oculto entre los hombres. Él mora entre los hombres, verdadero y real, como el sol ardiente y la llama abrasadora, lleno de poder y rebosante de autoridad. No hay una sola persona o cosa que no será juzgada por Mis palabras y ni una sola persona o cosa que no será purificada por el fuego ardiente. Finalmente, todas las naciones serán bendecidas debido a Mis palabras y también serán hechas pedazos debido a ellas. De esta forma, todas las personas durante los últimos días verán que Yo soy el Salvador que ha regresado, y que Yo soy el Dios Todopoderoso que conquista a toda la humanidad. Y todos verán que una vez fui la ofrenda por el pecado para el hombre, pero que en los últimos días también me convierto en las llamas del sol que incineran todas las cosas, así como el Sol de la justicia que revela todas las cosas. Esta es Mi obra en los últimos días. Tomé este nombre y soy poseedor de este carácter para que todas las personas puedan ver que Yo soy un Dios justo, el sol ardiente, la llama abrasadora, y que todos puedan adorarme, al único Dios verdadero, y para que puedan ver Mi verdadero rostro: no soy solo el Dios de los israelitas ni soy solo el Redentor, soy el Dios de todas las criaturas en todos los cielos, la tierra y los mares.

Si el Salvador llegara durante los últimos días y se le siguiera llamando Jesús y naciera de nuevo en Judea e hiciera Su obra allí, entonces esto demostraría que Yo solo creé y redimí al pueblo de Israel y que no tengo nada que ver con los gentiles. ¿No contradiría esto Mis palabras de que “Yo soy el Señor que creó los cielos y la tierra y todas las cosas”? Dejé Judea y hago Mi obra entre los gentiles porque no soy solamente el Dios del pueblo de Israel, sino el Dios de todas las criaturas. Aparezco entre los gentiles durante los últimos días porque Yo no solo soy Jehová, el Dios del pueblo de Israel, sino, además, porque Yo soy el Creador de todos Mis escogidos entre los gentiles. No solo creé a Israel, Egipto y Líbano, sino a todas las naciones gentiles más allá de Israel. Debido a esto, Yo soy el Señor de todas las criaturas. Simplemente usé Israel como el punto de partida para Mi obra, empleé Judea y Galilea como las fortalezas de Mi obra de redención y ahora uso las naciones gentiles como la base sobre la que pondré fin a toda la era. Hice dos etapas de la obra en Israel (estas dos etapas de la obra son la Era de la Ley y la Era de la Gracia) y he estado llevando a cabo dos etapas más de la obra (la Era de la Gracia y la Era del Reino) a por todas las naciones más allá de Israel. Entre las naciones gentiles haré la obra de conquista y concluiré así la era. Si el hombre siempre me llama Jesucristo, pero no sabe que he comenzado una nueva era durante los últimos días y que me he embarcado en una nueva obra, y si el hombre continúa obsesivamente a la espera de la llegada de Jesús el Salvador, entonces llamaré a las personas como estas las que no creen en Mí; son personas que no me conocen y su creencia en Mí es falsa. ¿Podrían tales personas ser testigos de la llegada de Jesús el Salvador desde el cielo? Lo que esperan no es Mi llegada sino la llegada del Rey de los judíos. No anhelan que Yo aniquile este viejo mundo impuro, sino que anhelan la segunda venida de Jesús en la cual serán redimidos. Esperan que Jesús redima una vez más a toda la humanidad de esta tierra inmunda e injusta. ¿Cómo pueden tales personas convertirse en quienes completen Mi obra en los últimos días? Los deseos del hombre son incapaces de cumplir Mis deseos o de completar Mi obra, porque el hombre simplemente admira o aprecia el recuerdo de la obra que he hecho antes y no tiene idea de que Yo soy el Dios mismo que siempre es nuevo y nunca viejo. El hombre solo sabe que Yo soy Jehová y Jesús, y no tiene ni idea de que Yo soy el Último, Aquel que pondrá fin a la humanidad. Todo lo que el hombre anhela y conoce proviene de sus propias nociones y es simplemente lo que puede ver con sus propios ojos. No está en consonancia con la obra que Yo hago sino en discordancia con ella. Si Mi obra se condujera de acuerdo con las ideas del hombre, entonces, ¿cuándo terminaría? ¿Cuándo entraría la humanidad en el reposo? ¿Y cómo podría Yo entrar en el séptimo día, en el Sabbat? Yo obro según Mi plan y Mi propósito, no según las intenciones del hombre.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

Dios ha dado al hombre la oportunidad de arrepentirse en el desastre, ¿la has aprovechado?

La pandemia se está extendiendo por todo el mundo, y el terremoto, la inundación y la hambruna también son frecuentes y cada vez más graves. Todos sabemos que hay permiso de Dios cuando se producen los desastres. Pero, ¿se ha preguntado usted alguna vez cuál es la voluntad de Dios detrás de los desastres y cómo podemos ser protegidos en medio de ellos?
Dios Todopoderoso dice: “Cuando [la humanidad] llena de corrupción y hasta un punto doloroso le desobedeció a Dios, Él tuvo que destruirla por Su carácter y Su esencia, y de acuerdo con Sus principios. Pero por Su esencia, Dios siguió compadeciéndose de ella, y hasta quiso usar diversas formas para redimirla, a fin de que continuase viviendo. El hombre, sin embargo, se opuso a Dios, siguió desobedeciéndole y se negó a aceptar Su salvación, es decir, se negó a aceptar Sus buenas intenciones. No importa cómo lo llamó Dios, le recordó, le proveyó, lo ayudó o toleró, el hombre no lo entendía ni lo apreciaba, ni le prestaba atención. En Su dolor, Dios no olvidó concederle al hombre Su máxima tolerancia, esperando que el hombre cambie de rumbo. Después de alcanzar Su límite, hizo lo que tuvo que hacer sin dudarlo. En otras palabras, hubo un período y un proceso específicos desde el momento en que Dios planeó destruir la humanidad hasta el comienzo de Su obra de destrucción de la misma. Este proceso existió con el propósito de capacitar al hombre para que cambiase de rumbo, y esta fue la última oportunidad que Dios le dio al hombre. ¿Qué hizo Dios, pues, en este período anterior a la destrucción de la humanidad? Llevó a cabo una cantidad significativa de trabajo recordatorio y de exhortación”.
Dios posee esencia justa y santa. En los últimos días, los seres humanos llevan una vida licenciosa dando importancia a comer, beber y divertirse, compitiendo y luchando entre sí por su propio beneficio, están llenos de mentiras y violencia; nadie busca el camino verdadero, encima niegan abiertamente la existencia de Dios, e incluso los creyentes también siguen la tendencia del mundo y buscan la riqueza, la fama y la fortuna, codiciando los placeres carnales y viviendo en el pecado, sin ser capaces de liberarse de él. Toda la humanidad se ha corrompido hasta el punto de que Dios la odia y se ve obligado a destruirla. Pero debido a que las razas humanas fueron creadas por Dios y Él no puede soportar destruirlas, sigue haciendo la obra de salvación a ellas.
Ahora los desastres están cayendo una tras otra, lo cual es el recordatorio y la advertencia de Dios a la humanidad corrupta, y Él les da a las personas la oportunidad de arrepentirse ante Él, para que aquellos que tienen corazón y espíritu se den cuenta de que las profecías del regreso del Señor se han cumplido y de que lo más urgente es apresurarse a buscar Su aparición y obra en los últimos días y aceptar Su salvación plena. Por lo tanto, a través de la llegada de estas calamidades Dios le da la última oportunidad a la gente para que se arrepienta, y debemos aprovechar esta ocasión única.

Recomendación: Señales de los ultimos tiempos

Cómo Pedro llegó a conocer a Jesús

En el tiempo que Pedro pasó con Jesús, vio muchas características encantadoras en Jesús, muchos aspectos dignos de emulación y muchos aspectos que lo alimentaron. Aunque Pedro vio el ser de Dios en Jesús de muchas maneras, y vio muchas cualidades encantadoras, al principio no conocía a Jesús. Pedro comenzó a seguir a Jesús cuando tenía 20 años de edad y siguió haciéndolo durante seis años. Durante ese tiempo, nunca llegó a conocer a Jesús; Pedro estuvo dispuesto a seguir a Jesús solo por la admiración que sentía por Él. Cuando Jesús lo llamó a las orillas del Mar de Galilea, le preguntó: “Simón, Barjona, ¿me seguirás?”. Pedro le dijo: “Debo seguir a aquel a quien el Padre celestial ha enviado. Debo reconocer al que el Espíritu Santo ha escogido. Te seguiré”. En aquel entonces, Pedro ya había escuchado hablar de un hombre llamado Jesús, el más grande de los profetas, el Hijo amado de Dios, y Pedro constantemente había estado esperando encontrarlo y anhelando una oportunidad para verlo (porque así fue como el Espíritu Santo lo guio). Aunque Pedro nunca le había visto y solo había escuchado rumores acerca de Él, poco a poco en su corazón creció un anhelo y una adoración por Jesús y frecuentemente anhelaba mirar a Jesús algún día. ¿Y cómo llamó Jesús a Pedro? Él también había escuchado hablar de un hombre llamado Pedro, pero no fue el Espíritu Santo quien lo instruyó: “Ve al Mar de Galilea donde hay uno llamado Simón Barjona”. Jesús había escuchado que alguien decía que había uno llamado Simón Barjona, y que la gente había escuchado su sermón, que él también predicaba el evangelio del reino de los cielos y que la gente que lo escuchaba se conmovía hasta el llanto. Después de escuchar esto, Jesús siguió a esa persona al Mar de Galilea; cuando Pedro aceptó el llamado de Jesús, lo siguió.

Durante el tiempo en el que siguió a Jesús, Pedro formó muchas opiniones acerca de Él y siempre lo juzgaba desde su propia perspectiva. Aunque Pedro tenía un cierto grado de comprensión del Espíritu, su entendimiento no era muy claro, razón por la que dijo: “Debo seguir a aquel a quien el Padre celestial ha enviado. Debo reconocer al que el Espíritu Santo ha escogido”. No entendía las cosas que Jesús hizo y no tenía claridad acerca de ellas. Después de seguirlo por algún tiempo, Pedro se interesó más en lo que Él hacía y decía y en Jesús mismo. Llegó a sentir que Jesús inspiraba tanto afecto como respeto; le gustaba asociarse con Él y estar a Su lado y escuchar las palabras de Jesús le daba alimento y ayuda. Durante el tiempo en que siguió a Jesús, Pedro observó y tomó en serio todo acerca de Su vida: Sus acciones, palabras, movimientos y expresiones. Adquirió un entendimiento profundo de que Jesús no era como los hombres ordinarios. Aunque Su apariencia humana era muy normal, estaba lleno de amor, compasión y tolerancia hacia el hombre. Todo lo que hacía y decía era de mucha ayuda para los demás y Pedro vio y aprendió cosas que nunca antes había visto o tenido de Jesús. Vio que aunque Jesús no tenía una gran estatura ni una humanidad inusual, tenía un aire verdaderamente extraordinario y poco común. Aunque Pedro no podía explicarlo plenamente, podía ver que Jesús actuaba diferente a todos los demás, porque las cosas que hacía eran muy diferentes a las del hombre normal. Del tiempo que estuvo en contacto con Jesús, Pedro también vio que Su personalidad era diferente a la de un hombre común. Siempre actuaba con firmeza y nunca con prisa; nunca exageraba ni le restaba importancia a un tema y conducía Su vida de una forma que revelaba un carácter tanto normal como admirable. Al conversar, Jesús hablaba de manera simple y con gracia, comunicando siempre de forma alegre pero serena, y nunca perdía Su dignidad al llevar a cabo Su obra. Pedro vio que Jesús algunas veces era taciturno mientras que, otras, hablaba sin cesar. A veces estaba tan contento que parecía una paloma ágil y vivaz y, sin embargo, otras veces estaba tan triste que no hablaba para nada, y parecía abrumado por la aflicción como una madre cansada y avejentada. A veces estaba lleno de ira como un soldado valiente que corre para matar a un enemigo y otras veces, incluso, parecía un león rugiente. Algunas veces reía; otras veces oraba y lloraba. No importa cómo actuara Jesús, Pedro llegó a tener un amor y respeto sin límites por Él. La risa de Jesús lo llenaba de alegría, Su tristeza lo hundía en la pena y Su ira lo atemorizaba, mientras que Su misericordia, perdón y las duras exigencias que les hacía a las personas lo hicieron llegar a amar a Jesús de verdad y desarrollar verdadera veneración y verdadero anhelo por Él. Por supuesto, no fue hasta que hubo vivido junto a Jesús durante algunos años que llegó a darse cuenta de todo esto poco a poco.

Pedro era un hombre particularmente razonable, dotado con una inteligencia natural; sin embargo, había hecho muchas cosas insensatas cuando seguía a Jesús. Al principio tenía algunas nociones acerca de Jesús. Le preguntó: “La gente dice que Tú eres un profeta; entonces, cuando tenías ocho años y empezaste a entender las cosas, ¿sabías que eras Dios? ¿Sabías que fuiste concebido por el Espíritu Santo?”. Jesús le contestó: “No, no lo sabía. ¿No te parezco una persona normal? Soy igual que cualquier otro. La persona que el Padre envía es una persona normal, no una extraordinaria. Y, aunque la obra que Yo hago representa a Mi Padre celestial, Mi imagen, la persona que Yo soy y este cuerpo carnal no pueden representar completamente a Mi Padre celestial; solo a una parte de Él. Aunque vengo del Espíritu, sigo siendo una persona normal y Mi Padre me envió a esta tierra como una persona normal, no como una persona extraordinaria”. Solo cuando Pedro escuchó esto logró tener un ligero entendimiento de Jesús. Y fue sólo después de haber pasado por incontables horas de la obra de Jesús, de Su enseñanza, de Su pastoreo y de Su sustento, que alcanzó un entendimiento mucho más profundo. Cuando Jesús cumplió los treinta años le habló a Pedro de Su inminente crucifixión y de que había venido a hacer una etapa de la obra- la obra de la crucifixión – para redimir a toda la humanidad. Jesús también le dijo que tres días después de la crucifixión, el Hijo del hombre resucitaría y una vez resucitado aparecería a las personas durante 40 días. Al escuchar estas palabras, Pedro se entristeció y se tomó Sus palabras a pecho; desde entonces, cada vez se acercó más a Jesús. Después de experimentar durante algún tiempo, Pedro llegó a darse cuenta de que todo lo que Jesús hacía era del ser de Dios y llegó a pensar que Jesús era excepcionalmente encantador. Solo cuando logró tener esta comprensión, el Espíritu Santo lo esclareció desde dentro. Fue entonces cuando Jesús se volvió a Sus discípulos y a otros seguidores y les preguntó: “Juan, ¿quién dices tú que soy Yo?”. Juan le contestó: “Tú eres Moisés”. Se volvió a Lucas: “Y tú, Lucas, ¿quién dices tú que soy Yo?”. Lucas le contestó: “Eres el más grande de los profetas”. Después le preguntó a una hermana, y le contestó: “Tú eres el más grande de los profetas que hablas muchas palabras desde siempre y para siempre. Nadie tiene profecías tan grandes como las Tuyas ni conocimiento que sobrepase al Tuyo; Tú eres un profeta”. Después Jesús se volvió a Pedro y le preguntó: “Pedro, ¿quién dices tú que soy Yo?”. Pedro le contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Tú vienes del cielo, Tú no eres de la tierra, Tú no eres igual que las creaciones de Dios. Nosotros estamos en la tierra y Tú estás aquí con nosotros, pero Tú eres del cielo, Tú no eres del mundo y Tú no eres de la tierra”. Fue a través de su experiencia que el Espíritu Santo lo esclareció y lo cual le permitió llegar a este entendimiento. Después de este esclarecimiento, admiró aún más todo lo que Jesús había hecho, pensó que Él incluso era aún más encantador, y en su corazón siempre estaba renuente a separarse de Jesús. Así que la primera vez que Jesús se reveló a Pedro después de que fue crucificado y resucitado, Pedro clamó con felicidad excepcional: “¡Señor! ¡Has resucitado!”. Después, llorando, Pedro pescó un pez extremadamente grande, lo cocinó y se lo sirvió a Jesús. Jesús sonrió pero no habló. Aunque Pedro sabía que Jesús había resucitado no entendía el misterio de esto. Cuando le dio a Jesús el pez para que lo comiera, Jesús no se negó, pero no habló ni se sentó a comer, sino que en lugar de eso de repente desapareció. Este fue un enorme golpe para Pedro y solo entonces entendió que el Jesús resucitado era diferente al Jesús de antes. Una vez que se dio cuenta de esto, Pedro se entristeció, pero también obtuvo consuelo al saber que el Señor había completado Su obra. Sabía que Jesús había completado Su obra, que Su tiempo de estar con el hombre había acabado y que el hombre tendría que recorrer su propio camino a partir de entonces. Jesús le había dicho una vez: “Tú también debes tomar de la copa amarga que Yo he bebido (esto es lo que Él le dijo después de la resurrección). Tú también debes recorrer el camino que Yo he recorrido. Debes dar tu vida por Mí”. A diferencia de lo que sucede hoy, la obra en ese tiempo no tomaba la forma de una conversación cara a cara. Durante la Era de la Gracia, la obra del Espíritu Santo estaba especialmente escondida y Pedro sufrió muchas dificultades. Algunas veces llegó al punto de exclamar: “¡Dios! No tengo nada más que esta vida. Aunque para Ti no es muy valiosa, yo deseo dedicártela a Ti. Aunque los hombres son indignos de amarte, y su amor y su corazón son insignificantes, yo creo que conoces el deseo del corazón de los hombres. Y aunque el cuerpo de los hombres no cuenta con Tu aceptación, yo deseo que Tú aceptes mi corazón”. Pronunciar estas oraciones le dio ánimos, sobre todo cuando oraba: “Estoy dispuesto a dedicar por completo mi corazón a Dios. Aunque soy incapaz de hacer algo por Dios, estoy dispuesto a satisfacer lealmente a Dios y consagrarme a Él con todo el corazón. Creo que Dios debe mirar mi corazón”. Él dijo: “No pido nada para mi vida; solo que mis pensamientos de amor por Dios y el deseo de mi corazón sean aceptados por Dios. Estuve con el Señor Jesús por mucho tiempo, pero nunca lo amé; esta es mi mayor deuda. Aunque estuve con Él, no lo conocí y hasta hablé palabras irreverentes a Sus espaldas. Pensar en esas cosas me hace sentir aún más en deuda con el Señor Jesús”. Él siempre oró de esta manera. Dijo: “Soy menos que el polvo. No puedo hacer nada sino dedicar este leal corazón a Dios”.

Hubo un clímax en las experiencias de Pedro, cuando su cuerpo estaba casi totalmente quebrado, pero Jesús lo alentó desde dentro. Y se le apareció una vez. Cuando Pedro estaba viviendo un sufrimiento tremendo y su corazón estaba roto, Jesús lo instruyó: “Estuviste conmigo en la tierra y Yo estuve aquí contigo. Y aunque antes estuvimos juntos en el cielo, esto pertenece, después de todo, al mundo espiritual. Ahora Yo he regresado al mundo espiritual y tú estás en la tierra, porque Yo no soy de la tierra y aunque tú tampoco eres de la tierra, has de cumplir tu función en la tierra. Ya que eres un siervo, debes cumplir con tu deber”. Pedro se consoló al escuchar que podía regresar al lado de Dios. En aquel entonces, Pedro estaba en semejante agonía que estaba casi postrado en cama, sintió remordimiento hasta el punto de decir: “Soy tan corrupto que no soy capaz de satisfacer a Dios”. Jesús se le apareció y le dijo: “Pedro, ¿puede ser que hayas olvidado la decisión que una vez tomaste ante Mí? ¿Realmente has olvidado todo lo que dije? ¿Has olvidado el compromiso que hiciste conmigo?”. Al ver que era Jesús, Pedro se levantó de la cama y Jesús lo consoló: “Yo no soy de la tierra, ya te lo he dicho, esto debes entender pero, ¿has olvidado algo más que te dije? ‘Tú tampoco eres de la tierra ni del mundo’. Justo ahora hay una obra que necesitas hacer. No puedes estar así de apenado, no puedes sufrir así. Aunque los hombres y Dios no pueden coexistir en el mismo mundo, Yo tengo Mi obra y tú tienes la tuya, y un día cuando tu obra esté terminada, estaremos juntos en un reino y Yo te voy a guiar para que estés conmigo para siempre”. Pedro se consoló y se tranquilizó después de escuchar estas palabras. Sabía que este sufrimiento era algo que tenía que soportar y experimentar y se inspiró a partir de entonces. Jesús se le apareció de manera especial a él en cada momento clave, dándole un esclarecimiento y guía especiales y haciendo mucha obra en él. ¿Y qué es lo que más lamentaba Pedro? Poco después de que Pedro hubiera dicho: “Tú eres el Hijo del Dios viviente”, Jesús le hizo otra pregunta a Pedro (aunque no está registrada en la Biblia de esta manera). Jesús le preguntó: “¡Pedro! ¿Alguna vez me has amado?”. Pedro entendió lo que Él quería decir y le dijo: “¡Señor! Una vez amé al Padre que está en el cielo, pero admito que nunca te he amado a Ti”. Jesús entonces le dijo: “Si la gente no ama al Padre que está en el cielo, ¿cómo puede amar al Hijo que está en la tierra? Y si la gente no ama al Hijo que envió Dios el Padre, ¿cómo puede amar al Padre que está en el cielo? Si la gente verdaderamente ama al Hijo que está en la tierra, entonces en verdad ama al Padre que está en el cielo”. Cuando Pedro escuchó estas palabras se dio cuenta de su carencia. Siempre sintió remordimiento hasta el punto del llanto por sus palabras, “Una vez amé al Padre que está en el cielo, pero nunca te he amado a Ti”. Después de la resurrección y ascensión de Jesús sintió aún más remordimiento y dolor por estas palabras. Al recordar su obra pasada y su estatura presente, a menudo iba a Jesús en oración, siempre sintiendo pesar y una deuda debido a que no había satisfecho la voluntad de Dios y no había estado a la altura de los estándares de Dios. Estos problemas se convirtieron en su mayor carga. Él dijo: “Un día voy a dedicarte todo lo que tengo y todo lo que soy, te voy a dar lo que sea más valioso”. Él dijo: “¡Dios! Sólo tengo una fe y sólo tengo un amor. Mi vida no vale nada y mi cuerpo no vale nada. Sólo tengo una fe y sólo tengo un amor. En mi mente tengo fe en Ti y amor por Ti en mi corazón; sólo tengo estas dos cosas para darte y nada más”. Las palabras de Jesús alentaron mucho a Pedro, porque antes de que Jesús fuera crucificado, Él le había dicho: “No soy de este mundo y tú tampoco eres de este mundo”. Después, cuando Pedro llegó a un punto de gran dolor, Jesús le recordó: “Pedro, ¿lo has olvidado? Yo no soy del mundo y solo fue por Mi obra que me fui antes. Tú tampoco eres del mundo, ¿de verdad lo has olvidado? Te lo he dicho dos veces, ¿no lo recuerdas?”. Al escuchar esto, Pedro dijo: “¡No lo he olvidado!”. Entonces Jesús le dijo: “Una vez pasaste un tiempo feliz junto a Mí en el cielo y un periodo de tiempo a Mi lado. Me extrañas y Yo te extraño. Aunque las criaturas no son dignas de mencionarse a Mis ojos, ¿cómo puedo no amar a uno que es inocente y encantador? ¿Has olvidado Mi promesa? Debes aceptar Mi comisión en la tierra; debes cumplir la tarea que te encomendé. Un día sin duda te llevaré para que estés a Mi lado”. Después de escuchar esto, Pedro se alentó todavía más y recibió una inspiración todavía mayor, tal que cuando estaba en la cruz pudo decir: “¡Dios! ¡No te puedo amar lo suficiente! Incluso si me pidieras que muriera, todavía no te puedo amar lo suficiente. A dondequiera que envíes a mi alma, cumplas o no Tus promesas del pasado, lo que sea que hagas después, te amo y creo en Ti”. A lo que se aferró fue a su fe y a su amor verdadero.

Una noche, varios de los discípulos, Pedro incluido, estaban en un barco pesquero con Jesús y Pedro le hizo a Jesús una pregunta muy ingenua: “¡Señor! Hay una pregunta que por mucho tiempo he querido hacerte”. Jesús le contestó: “Entonces, ¡por favor pregunta!”. Pedro entonces le preguntó: “¿La obra hecha durante la Era de la Ley fue Tu obra?”. Jesús sonrió, como si estuviera diciendo, “Este niño, ¡qué ingenuo es!”. Luego continuó con propósito: “No era mía, era la obra de Jehová y de Moisés”. Pedro escuchó esto y exclamó: “¡Oh! Así que no era Tu obra”. Cuando Pedro dijo esto, Jesús ya no habló. Pedro pensó para sí: “No fuiste Tú quien la hiciste así que no es de extrañar que hayas venido a destruir la ley, ya que no fue Tu obra”. Su corazón también se calmó. Luego, Jesús se dio cuenta de que Pedro era bastante ingenuo, pero porque no había tenido ningún conocimiento en ese momento, Jesús no dijo nada más ni lo refutó directamente. Una vez que Jesús dio un sermón en una sinagoga en la que muchas personas estuvieron presentes, incluyendo a Pedro. Jesús dijo: “Aquel que vendrá desde siempre y para siempre, hará la obra de redención durante la Era de la Gracia, para redimir a toda la humanidad del pecado, pero no se verá limitado por ninguna regla para sacar al hombre del pecado. Él abandonará la ley y entrará a la Era de la Gracia. Redimirá a toda la humanidad. Avanzará a pasos agigantados de la Era de la Ley a la de la Gracia, sin embargo, nadie lo conoce, a Él, que vino de Jehová. La obra que Moisés hizo fue concedida por Jehová; Moisés redactó la ley gracias a la obra que Jehová había hecho”. Una vez dicho esto, Él prosiguió: “Aquellos que abolen los mandamientos de la Era de la Gracia durante la Era de la Gracia encontrarán calamidad. Deben estar en el templo y recibir la destrucción de Dios y el fuego vendrá sobre ellos”. Escuchar estas palabras surtió algún tipo de efecto en Pedro y durante un periodo de su experiencia, Jesús pastoreó y nutrió a Pedro, hablando de corazón a corazón con él, lo que le permitió a Pedro tener una comprensión un poco mejor de Jesús. Mientras Pedro recordaba lo que Jesús había predicado aquel día y luego la pregunta que le había hecho a Jesús cuando estaban en la barca y la respuesta que Jesús le había dado, así como la forma en la que Él había sonreído, Pedro finalmente llegó a entenderlo todo. Más tarde, el Espíritu Santo esclareció a Pedro y solo entonces entendió que Jesús era el Hijo del Dios viviente. La comprensión de Pedro vino del esclarecimiento del Espíritu Santo, pero hubo un proceso para su entendimiento. Fue por hacer preguntas, escuchar predicar a Jesús, y después al recibir la enseñanza especial de Jesús y Su pastoreo especial, fue que Pedro llegó a darse cuenta de que Jesús era el Hijo del Dios viviente. Esto no se logró de un día para otro; fue un proceso, y esto se convirtió en una ayuda para él en sus experiencias posteriores. ¿Por qué Jesús no hizo la obra de perfeccionamiento en otras personas sino solo en Pedro? Porque solo Pedro entendió que Jesús era el Hijo del Dios viviente; nadie más lo sabía. Aunque había muchos discípulos que sabían mucho en el tiempo en que siguieron a Jesús, su conocimiento era superficial. Por eso Jesús escogió a Pedro como el ejemplar para ser perfeccionado. Lo que Jesús le dijo a Pedro en ese entonces es lo que Él les dice a las personas hoy, cuyo conocimiento y entrada de vida deben alcanzar los de Pedro. Es de acuerdo a este requisito y esta senda que Dios va a perfeccionar a todos. ¿Por qué a las personas el día de hoy se les exige tener una fe real y un amor verdadero? Vosotros también debéis experimentar lo que Pedro experimentó; los frutos que Pedro ganó de sus experiencias también deben manifestarse en vosotros y el dolor que Pedro sufrió, vosotros también lo debéis sufrir. El camino que recorréis es el mismo que Pedro recorrió. El dolor que sufrís es el dolor que Pedro sufrió. Cuando recibáis la gloria y viváis una vida real, entonces viváis la imagen de Pedro. La senda es la misma y uno es perfeccionado al seguirla. Sin embargo, vuestro calibre es un poco deficiente en comparación con el de Pedro, porque los tiempos han cambiado, y también lo ha hecho el grado de corrupción de los hombres, y debido a que Judea era un reino de mucho tiempo atrás con una cultura antigua. Así que debéis tratar de hacer todo lo posible por mejorar vuestro calibre.

Pedro era una persona muy razonable, astuto en todo lo que hacía y también era extremadamente honesto. Sufrió muchos reveses. Su primer contacto con la sociedad fue a la edad de 14 años, cuando fue a la escuela, y también a la sinagoga. Tenía mucho entusiasmo y siempre estaba dispuesto a asistir a las reuniones. En ese tiempo, Jesús no había todavía comenzado de manera oficial Su obra; esto era solo el inicio de la Era de la Gracia. Pedro comenzó a entrar en contacto con las figuras religiosas cuando tenía 14 años; para cuando tenía 18, estaba en contacto con la élite religiosa, pero después de haber visto el caos tras de escenas de la religión, se apartó. Al ver qué taimadas, astutas y maliciosas eran estas personas, se disgustó en extremo (así fue como el Espíritu Santo obraba en ese tiempo, para perfeccionarlo. Él lo conmovió de manera especial e hizo una obra especial en él) y así él se retiró de la sinagoga a la edad de 18 años. Sus padres lo persiguieron y no lo dejaban creer (ellos eran diablos e incrédulos). Finalmente, Pedro dejó su hogar y viajó por todas partes, pescando y predicando por dos años, tiempo durante el cual también guio a bastantes personas. Ahora deberías poder ver con claridad el camino preciso que Pedro tomó. Si puedes ver la senda de Pedro con claridad, entonces estarás seguro de la obra que se está haciendo actualmente, de modo que no te quejarás o serás pasivo ni anhelarás nada. Debes experimentar el ánimo de Pedro en ese momento: la tristeza lo golpeó; ya no pedía por un futuro ni ninguna bendición. No buscaba el lucro, la felicidad, la fama o la fortuna del mundo, solo buscaba vivir una vida con un mayor significado, retribuir el amor de Dios y dedicar lo más absolutamente precioso que tenía a Dios. Entonces estaría satisfecho en su corazón. Muchas veces oró a Jesús con las palabras: “Señor Jesucristo, una vez te amé, pero no te amé sinceramente nunca. Aunque dije que tenía fe en Ti, nunca te amé con un corazón sincero. Solo alzaba la vista a Ti, te adoraba y te extrañaba, pero nunca te amé ni tuve verdadera fe en Ti”. Él oró constantemente para tomar su decisión, las palabras de Jesús siempre lo alentaban y motivaban. Más tarde, después de un periodo de experiencia, Jesús lo probó, provocándolo a que lo anhelara más. Él dijo: “¡Señor Jesucristo! Cuánto te extraño, y cuánto anhelo verte. Tengo muchas carencias y no puedo compensar Tu amor. Te suplico que me lleves pronto. ¿Cuándo me necesitarás? ¿Cuándo me llevarás? ¿Cuándo veré otra vez Tu rostro? Ya no deseo vivir más en este cuerpo, ni seguir corrompiéndome, y tampoco quiero rebelarme más. Estoy listo para dedicarte todo lo que tengo tan pronto como pueda y ya no te quiero entristecer más”. Así es cómo él oraba, pero en ese momento no sabía lo que Jesús perfeccionaría en él. Durante la agonía de su prueba, Jesús se le apareció otra vez y le dijo: “Pedro, deseo hacerte perfecto, de tal manera que te conviertas en una pieza del fruto, uno que es la cristalización de Mi perfección en ti y de la cual gozaré. ¿Puedes realmente dar testimonio de Mí? ¿Has hecho lo que te pedí que hicieras? ¿Has vivido las palabras que he hablado? Una vez me amaste, pero aunque me amaste, ¿me has vivido? ¿Qué has hecho por Mí? Reconoces que no eres digno de Mi amor pero, ¿qué has hecho por Mí?”. Pedro vio que no había hecho nada por Jesús y recordó su promesa anterior de dar su vida por Dios. Y de esta manera, ya no se quejó y sus oraciones prosperaron mucho mejor a partir de entonces. Oró diciendo: “¡Señor Jesucristo! Una vez te dejé y Tú también una vez me dejaste. Hemos pasado tiempo separados y tiempo juntos en compañía. Sin embargo, me amas más que a todo lo demás. En repetidas ocasiones me he rebelado contra Ti y en repetidas ocasiones te he afligido. ¿Cómo puedo olvidar tales cosas? Siempre tengo en mente y nunca olvido la obra que has hecho en mí y lo que me has confiado. He hecho todo lo posible por la obra que has hecho en mí. Sabes lo que puedo hacer y también sabes qué papel puedo desempeñar. Deseo someterme a tus orquestaciones, y voy a dedicarte todo lo que tengo. Sólo Tú sabes lo que puedo hacer por Ti. Aunque Satanás me engañó tanto y me rebelé contra Ti, creo que Tú no te acuerdas de mí por esas transgresiones y que Tú no me tratas de acuerdo a ellas. Deseo dedicarte toda mi vida. No pido nada y tampoco tengo otras esperanzas o planes; sólo deseo actuar de acuerdo a Tu designio y hacer Tu voluntad. Beberé de Tu amarga copa y estoy a Tus órdenes”.

Vosotros debéis tener claro la senda que transitáis; debéis tener claro la senda que tomaréis en el futuro, qué es lo que Dios perfeccionará y qué os ha sido confiado. Un día, tal vez, seréis probados y, cuando llegue ese día, si sois capaces de sacar inspiración de las experiencias de Pedro, esto mostrará que verdaderamente estáis caminando por la senda de Pedro. Dios elogió a Pedro por su fe y amor verdaderos y por su lealtad a Dios. Y fue por su honestidad y su deseo de Dios en su corazón que Dios lo perfeccionó. Si tú verdaderamente tienes el mismo amor y fe que Pedro, entonces Jesús con toda seguridad te perfeccionará.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

Vídeo cristiano de reflexión | «Nuestro pastor dijo…» (Diálogo humorístico)

Vídeo cristiano de reflexión | «Nuestro pastor dijo…» (Diálogo humorístico)
Yu Shunfu es una creyente en el mundo religioso que admira y adora a los pastores y ancianos. Ella cree que «los pastores y ancianos son establecidos por Dios y obedecer a los pastores y ancianos es obedecer a Dios». Por tanto, Yu escucha lo que dice su pastor para todo lo que hace, incluso en lo referente al recibimiento del regreso del Señor. Sin embargo, gracias a un excelente debate, Yu Shunfu consigue darse cuenta de que acatar las nociones religiosas es absurdo e irracional y, al final, se percata de que lo primero al creer es magnificar a Dios y que debemos conservar el «templo» del corazón para Dios. Por tanto, Yu escoge buscar e investigar el camino verdadero por sí misma.

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Fragmento 4 de película evangélico «El anhelo» (Español Latino)

Fragmento 4 de película evangélico «El anhelo»: ¿Está el reino de los cielos en el cielo o en la tierra? (Español Latino)

Mucha gente que tiene fe en el Señor cree que el reino de los cielos está en el cielo. ¿Es ese el caso? El padrenuestro dice: «[…] Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo» (Mateo 6:9-10). Apocalipsis dice: «[…] El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo […]» (Apocalipsis 11:15). «[…] La ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios […] el tabernáculo de Dios está entre los hombres […]» (Apocalipsis 21:2-3). Entonces, ¿está el reino de los cielos en el cielo o en la tierra?

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

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