Película cristiana en español latino 2021 | «Crecimiento» La historia real de una cristiana

Película cristiana completa en español latino | «Crecimiento» La historia real de una cristiana

Liang Xinjing es una cristiana que vive feliz con su marido y su hija. Sin embargo, a raíz del desquiciado esfuerzo del Partido Comunista chino por perseguir y detener a creyentes, su esposo comienza a intentar obstaculizar su fe por miedo a que la encarcelen y a que, entonces, sus posibilidades de ascenso se vean afectadas. Liang Xinjing se mantiene firme en su decisión de seguir a Dios incluso cuando su marido recurre a la violencia contra ella y, a la larga, se empeña en divorciarse. Poco después del divorcio, el Partido Comunista pone en marcha otra operación a gran escala de detención de cristianos, lo que obliga a Liang Xinjing a huir de la región. La policía y sus agentes del «brazalete rojo» interrogan y amenazan continuamente a su hija, a quien preguntan por su paradero. Al vivir en un constante estado de terror y ansiedad, su hija desarrolla un linfoma. Cuando Liang Xinjing se entera, se sume en la desesperación más absoluta. ¿Cómo ora y se ampara en Dios para superar esta dificultad, esta prueba? ¿Qué aprende de ella? Mira Crecimiento para descubrirlo.

¿Es lo mismo la fe en la Biblia que la fe en Dios?

Por Danchun, Estados Unidos

Dios Todopoderoso dice: “Durante muchos años, la forma de creencia tradicional de las personas (la del cristianismo, una de las tres religiones principales del mundo) ha sido leer la Biblia; apartarse de la Biblia no es una creencia en el Señor, es heterodoxia y herejía, e incluso cuando las personas leen otros libros, el fundamento de estos debe ser la explicación de la Biblia. Es decir, si crees en el Señor, debes leer la Biblia, y fuera de ella no debes adorar a ningún libro que no la involucre. Si lo haces, estás traicionando a Dios. Desde el momento en el que la Biblia existió, la creencia de las personas en el Señor ha sido la creencia en la Biblia. En lugar de decir que las personas creen en el Señor, es mejor decir que creen en la Biblia; en lugar de decir que han comenzado a leer la Biblia, es mejor decir que han empezado a creer en ella, y, en lugar de decir que han vuelto a la presencia del Señor, es mejor decir que han regresado delante de la Biblia. De esta forma, las personas adoran la Biblia como si fuera Dios, como si fuera su vida, y perderla sería lo mismo que perder su vida. Las personas consideran que la Biblia es algo tan elevado como Dios, y están incluso aquellas que la ven como algo superior a Dios. Si las personas no tienen la obra del Espíritu Santo, si no pueden sentir a Dios, pueden seguir viviendo, pero tan pronto como pierden la Biblia o sus capítulos famosos y sus dichos célebres, es como si hubieran perdido su vida. […] La Biblia se ha vuelto un ídolo en la mente de las personas, un enigma en su cerebro, y son simplemente incapaces de creer que Dios puede obrar fuera de ella, de creer que las personas pueden encontrar a Dios fuera de la Biblia, y, mucho menos, son capaces de creer que Dios podría apartarse de ella durante la obra final y comenzar de nuevo. Esto es impensable para las personas; no pueden creerlo ni imaginarlo. La Biblia se ha convertido en un gran obstáculo para que los hombres acepten la nueva obra de Dios, y en una dificultad para que Dios expanda esta nueva obra” (‘Relativo a la Biblia (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios Todopoderoso revelan el estado previo de nuestra fe en el Señor. Cuando practicaba la religión antes, pensaba que la fe en la Biblia era lo mismo que la fe en Dios. Hasta sentía que la Biblia era más importante que Dios. Algunos versículos clásicos de la Biblia eran más importantes que cualquier otra cosa y me aferraba a ella sin prestarle atención a la voz de Dios, principalmente con respecto a recibir al Señor. Oí a alguien dar testimonio de que el Señor Jesús había vuelto como Dios Todopoderoso mientras expresaba verdades para hacer la obra de juicio de los últimos días, pero yo no lo busqué. Casi pierdo la oportunidad de recibir al Señor. La maravillosa guía de Dios me permitió recibir al Señor y aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días.

En 2001 fui bautizada y acepté oficialmente al Señor Jesús y me puse al servicio de la iglesia. Sin embargo, con el tiempo descubrí que el pastor repetía siempre las mismas cosas y no había nueva luz. También malversó fondos de la iglesia. Algunos compañeros conspiraban entre ellos y competían por fama y fortuna. Eso me decepcionó mucho, por lo que dejé de servir en la iglesia. Durante los años siguientes, seguí leyendo la Biblia y orando, pero sentía un gran vacío espiritual. Así comencé a buscar un camino mejor con la esperanza de encontrar una iglesia o persona con la obra del Espíritu Santo y que fuera capaz de llenar mi vacío espiritual.

Conocí a la hermana Li en Internet, en 2018. Dijo que estaba estudiando sobre la Iglesia de Dios Todopoderoso, que el Señor Jesús había vuelto como Dios Todopoderoso y que yo también debía estudiarlo. Quedé desconcertada y pensé: “El pastor y los ancianos siempre dicen que la Biblia es el canon cristiano y que su autoridad es absoluta. Que la fe en Dios se basa en la Biblia y que cualquier otra cosa es herejía. La Iglesia de Dios Todopoderoso va mucho más allá de la Biblia, así que, sin importar lo bien que suene, no podemos escucharlos, leerlos ni ponernos en contacto con ellos”. No acepté la invitación de la hermana Li. Sin embargo, me sentía intranquila y pensé: “El regreso del Señor es importante. ¿Será la voluntad del Señor que yo me rehúse ciegamente a estudiarlo? El Señor Jesús dijo: ‘Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos’ (Mateo 5:3)”. “Debo buscar con la mente abierta cuando me entere de que el Señor ha regresado”. Pero, cuando recordé las palabras del pastor y de los ancianos, no me atreví. Esa noche di vueltas en la cama sin poder dormir. Tenía un dilema profundo y no sabía qué hacer. Perdida, me postré ante el Señor en oración y le pedí que me guiara hacia la decisión correcta. Durante los días siguientes, encontré información sobre la Iglesia de Dios Todopoderoso en Internet. Dudé al leer algunos artículos negativos. Me pregunté: “¿Debería estudiarlo?”. Sin embargo, recordé lo importante que es el regreso del Señor. No podía hacer caso ciegamente a los demás ni seguir a las masas. Tenía que estudiarlo en serio. Entré al sitio web de la iglesia. Allí encontré un video musical de un himno llamado: «El reino de Cristo es un hogar acogedor». Fue tan conmovedor que me atrajo de inmediato. Seguí leyendo el sitio y descubrí toda clase de videos y películas de la Iglesia de Dios Todopoderoso que incluían cantos corales, videos musicales, himnos, lecturas de las palabras de Dios y películas evangélicas, además de videos testimoniales. Todo era nuevo y práctico. Quedé realmente conmovida. Comencé a verlos uno por uno.

Vi más de una docena esa semana. Sus enseñanzas me parecieron prácticas y esclarecedoras. Quedó muy claro por qué el mundo religioso está desolado y desprovisto de la obra del Espíritu Santo, y exactamente cómo deberíamos recibir al Señor. También había información sobre a quiénes bendice Dios y a quiénes castiga. Aclararon muchos de los problemas y confusiones que tuve en mi fe durante años. Me pareció que las películas de la iglesia eran muy beneficiosas y edificantes. Sin duda, me hicieron pensar. ¡La Iglesia de Dios Todopoderoso no parecía herejía Si no era buena, ¿cómo podía realizar películas con tanto contenido para la vida? Todas las denominaciones afirman ser las verdaderas, provenir del Señor Jesucristo, pero jamás han hecho tantas películas maravillosas que den testimonio real de Dios. También recordé a los ancianos y al pastor que decían que muchos creyentes de todas las denominaciones habían aceptado a Dios Todopoderoso y que la Iglesia de Dios Todopoderoso se encontraba ya en muchos países. Me recordó las palabras de Gamaliel: “Si este plan o acción es de los hombres, perecerá; pero si es de Dios, no podréis destruirlos; no sea que os halléis luchando contra Dios” (Hechos 5:38-39). Lo que proviene de Dios debe prosperar y parecía muy probable que la Iglesia de Dios Todopoderoso proviniera de Dios. Sin embargo, aún tenía muchas preguntas: “Este libro, La Palabra manifestada en carne, se menciona a menudo en las películas. ¿Por qué no leen la Biblia los miembros de la iglesia? ¿No significa eso alejarse de la Biblia? El pastor y los ancianos siempre decían que la Biblia es el canon del cristianismo y que su autoridad es absoluta, y que lo más importante para los creyentes es seguirla, que todo lo demás es herejía”. Lo pensé mucho, pero no logré entenderlo. En ese momento, recordé las palabras del Señor Jesús: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). Pensé: “Como la gente dice que el Señor Jesús regresó, sin importar cuántas dudas tenga, ante la mínima posibilidad de que sea cierto, tengo la responsabilidad de seguir ese hilo de esperanza. No puedo dejar pasar la oportunidad de recibir al Señor”.

Una vez, mientras ojeaba el sitio web de la Iglesia de Dios Todopoderoso, vi un clip de la película Salir de la Biblia. El tema “¿Obra Dios de acuerdo a la Biblia?” se me ocurrió de repente. No pude esperar. Me puse a ver la película y vi cómo la hermana Wang, una evangelista, le preguntaba a un pastor: “Acaba de decir que Dios no puede apartarse de la Biblia para hacer Su obra de salvación, que todo lo que se aleje de la Biblia es herejía. ¿Qué vino primero: la Biblia o la obra de Dios?”. Cuando oí la pregunta, una vocecita en mi corazón me dijo: “¡Obviamente la obra de Dios vino antes que la Biblia!”. La hermana Wang dijo: “En el principio, Dios creó el cielo, la tierra y todas las cosas. Él destruyó el mundo con un diluvio, quemó a Sodoma y Gomorra y mucho más. ¿Existía ya el Antiguo Testamento cuando hizo esas cosas?”. La respuesta en mi corazón fue: “No. Dios es el principio. ¡Él creó todas las cosas antes de que existiera la escritura y, mucho menos, la Biblia! La hermana Wang continuó: “No existían las Escrituras cuando Dios hizo esa obra. Eso es porque la obra de Dios vino primero, y después se registró en las Escrituras. Y cuando el Señor Jesús realizó Su obra en la Era de la Gracia, no existía el Nuevo Testamento. Más de trescientos años después, líderes religiosos provenientes de todas partes del mundo se reunieron. Ellos eligieron los Cuatro Evangelios para ser el registro de la obra del Señor Jesús, a los que les agregaron algunas cartas de los apóstoles a las iglesias y el Apocalipsis de Juan. Compilaron todo esto en el Nuevo Testamento. Al conocer la forma en la que la Biblia se creó, vemos que la obra de Dios vino primero y luego se registró en la Biblia. Sin la obra de Dios, no habría nada en la Biblia. Es evidente que Dios no obra de acuerdo con la Biblia ni está limitado por ella. Él obra de acuerdo con Su plan y con las necesidades de la humanidad”. “No podemos restringir la obra de Dios a lo que aparece en la Biblia ni usarla para limitar Su obra. No podemos asegurar que lo que se aleje de la Biblia sea herejía”.

En la película, la hermana Yang compartió más enseñanzas: “El Señor Jesús no obró de acuerdo con el Antiguo Testamento. Él predicó el camino del arrepentimiento, sanó a los enfermos y expulsó demonios, no guardó el día de reposo y perdonó a los demás setenta veces siete. Las Escrituras no decían nada de eso en aquel momento. Hasta parecía contradecir al Antiguo Testamento. Los sumos sacerdotes, escribas y fariseos condenaron y se resistieron al Señor Jesús porque Su obra y Sus palabras iban en contra de las Escrituras. Si consideramos todo lo externo a la Biblia como herejía, ¿no sería eso condenar la obra de Dios a lo largo de todas las eras?”.

Sorprendida, me di cuenta de que eso era verdad. El Señor Jesús predicó y obró durante el día de reposo, sanó a los enfermos y expulsó a los demonios. Nada de eso aparecía en el Antiguo Testamento. Como Su obra fue más allá de las Escrituras, los sumos sacerdotes, los escribas y los fariseos condenaron la obra del Señor Jesús por herejía y al final ordenaron Su crucifixión. Dios los castigó. Si Dios Todopoderoso es realmente el Señor Jesús que ha regresado, pero insistimos en que lo que se aleje de la Biblia es herejía, ¿no sería eso condenar la obra de Dios? ¡Sería ofender a Dios! Esa idea me asustó un poco. Sabía que no podría seguir aferrada a mis viejas ideas. Seguí mirando.

La hermana del video continuó leyendo las palabras de Dios Todopoderoso. “Nadie conoce la realidad de la Biblia: que no es nada más que un registro histórico de la obra de Dios, y un testimonio de las dos etapas anteriores de la misma, y que no te ofrece un entendimiento de los objetivos de la obra de Dios. Todo aquel que ha leído la Biblia sabe que documenta las dos etapas de la obra de Dios durante la Era de la Ley y la Era de la Gracia. El Antiguo Testamento registra la historia de Israel y la obra de Jehová desde la época de la creación hasta el final de la Era de la Ley. El Nuevo Testamento registra la obra de Jesús en la tierra, que se encuentra en los Cuatro Evangelios, así como la obra de Pablo. ¿No son, estos, registros históricos?” (‘Relativo a la Biblia (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “La Biblia es un libro histórico, y si hubieras comido y bebido el Antiguo Testamento durante la Era de la Gracia, si hubieras puesto en práctica lo exigido en la época del Antiguo Testamento en la Era de la Gracia, Jesús te habría rechazado y condenado; si hubieras aplicado el Antiguo Testamento a la obra de Jesús, habrías sido un fariseo. Si hoy pones juntos el Antiguo y el Nuevo Testamento para comerlos y beberlos y practicarlos, el Dios de hoy te condenará; ¡habrás quedado atrás en la obra actual del Espíritu Santo! Si comes y bebes el Antiguo y el Nuevo Testamento, ¡estás fuera de la corriente del Espíritu Santo! Durante Su época, Jesús guio a los judíos y a aquellos que le seguían según la obra del Espíritu Santo en Él en ese momento. Él no tomó la Biblia como base para lo que llevaba a cabo, sino que hablaba de acuerdo con Su obra; no prestó atención a lo que la Biblia decía ni buscó en ella una senda para guiar a Sus seguidores. Desde el mismo momento en el que empezó a obrar, difundió el camino del arrepentimiento, una palabra sobre la cual las profecías del Antiguo Testamento no mencionan una sola palabra. No solo no actuó según la Biblia, sino que también guio por una nueva senda, y realizó una obra nueva. Nunca se refería a la Biblia cuando predicaba. Durante la Era de la Ley, nadie fue nunca capaz de llevar a cabo Sus milagros de sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios. Su obra, Sus enseñanzas, la autoridad y el poder de Sus palabras, también estaban por encima de cualquier hombre en la Era de la Ley. Jesús simplemente llevó a cabo Su obra más nueva, y aunque muchas personas lo condenaron usando la Biblia, e incluso usaron el Antiguo Testamento para crucificarlo, Su obra sobrepasó al Antiguo Testamento; si esto no fue así, ¿por qué lo clavaron en la cruz? ¿No fue porque el Antiguo Testamento no decía nada de Su enseñanza ni de Su capacidad para sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios? Su obra se llevó a cabo para guiar por un nuevo camino, no para buscar deliberadamente un enfrentamiento con la Biblia o para prescindir deliberadamente del Antiguo Testamento. Él vino simplemente a desarrollar Su ministerio, a traer la nueva obra a aquellos que lo anhelaban y lo buscaban. No vino a explicar el Antiguo Testamento ni a sostener su obra. La obra de Jesús no tenía como fin permitir que la Era de la Ley continuara desarrollándose, porque Su obra no tomó en consideración si tenía o no la Biblia como su base; Jesús simplemente vino a llevar a cabo la obra que debía realizar. Por tanto, no explicó las profecías del Antiguo Testamento ni obró según las palabras de la Era de la Ley del Antiguo Testamento. Ignoró lo que decía el Antiguo Testamento, no le importó si concordaba o no con Su obra, ni lo que los demás conocieran de esta o que la condenaran. Simplemente siguió realizando la obra que debía llevar a cabo, aunque muchas personas usaron las predicciones de los profetas del Antiguo Testamento para condenarlo. Para las personas, parecía como si Su obra no tuviera base, y gran parte de esta entraba en conflicto con los registros del Antiguo Testamento. ¿No fue esto un error del hombre? ¿Debe aplicarse la doctrina a la obra de Dios? ¿Y debe obrar Dios según las predicciones de los profetas? Después de todo, ¿quién es más grande: Dios o la Biblia? ¿Por qué debe obrar Dios de acuerdo con la Biblia? ¿Podría ser que Dios no tuviera derecho a actuar más allá de la Biblia? ¿No puede apartarse Dios de la Biblia y realizar otra obra? ¿Por qué no guardaban el día de reposo Jesús y Sus discípulos? Si debía practicar a la luz del día de reposo y según los mandamientos del Antiguo Testamento, ¿por qué no lo hizo Jesús después de venir, sino que, en su lugar, lavó pies, cubrió cabezas, partió pan y bebió vino? ¿No está todo esto ausente de los mandamientos del Antiguo Testamento? Si Jesús honraba el Antiguo Testamento, ¿por qué rompió con estas doctrinas? Deberías saber qué fue primero, ¡Dios o la Biblia!” (‘Relativo a la Biblia (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La hermana Wang compartió esta enseñanza: “Hemos puesto a la Biblia a la par de Dios durante muchos años. Creemos que Su obra no puede apartarse de la Biblia y que la fe puesta en algo que no sea la Biblia no se llama fe, sino herejía. De hecho, la Biblia es nada más que un registro de las primeras dos etapas de la obra de Dios. Es testimonio de dos etapas de la obra de Dios para guiar y salvar a la humanidad después de que Él creara el cielo, la tierra, la humanidad y todas las cosas. No representa toda Su obra en pos de la salvación del hombre”. “El registro de la palabra de Dios en la Biblia es muy limitado. Solo hay pequeñas pistas del carácter vital de Dios, no lo explica en su totalidad”. “Dios no obra de acuerdo con la Biblia ni hace referencia a ella en Su obra. No la utiliza para encontrar el camino que guiará a Sus seguidores. Su obra siempre avanza. Dios ha comenzado una nueva era y está realizando Su nueva obra. Le muestra a la gente un camino nuevo y verdades más grandes para que consigamos una salvación más plena”. “Así, Dios no guía a la humanidad basándose en Su antigua obra. Significa que Dios no obra de acuerdo con la Biblia. No solo es el Señor del sabbat, sino también de la Biblia”. “Tiene todo el derecho de obrar fuera de la Biblia y de realizar nueva obra de acuerdo con Su plan y con lo que la humanidad necesite en ese momento. Sin duda, la obra de Dios no puede imitar aquella de otra era. Afirmar que lo que se aleje de la Biblia es herejía no tiene sentido”.

Al ver eso, me sentí avergonzada. Sus enseñanzas concordaban con los hechos. La obra del Señor Jesús durante la Era de la Gracia fue más allá del Antiguo Testamento. ¿No nos demuestra eso que, como el Señor de la creación, Dios es plenamente capaz de obrar fuera de la Biblia? ¿Por qué nunca pensé en cosas simples como esa antes? Decir que “cualquier cosa que se aleje de la Biblia es herejía” no tiene fundamentos. ¡Qué tonta e ignorante fui!

A medida que la miraba, las enseñanzas de la hermana me atraparon. Ella dijo: “La Biblia es solo el testimonio, un registro de la obra de Dios. No contiene la vida eterna. Aunque no coincida con nuestros conceptos, es indiscutible, así como el Señor Jesús reprendió a los fariseos hace mucho, al decir: ‘Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida’ (Juan 5:39-40). El Señor Jesús nos dijo claramente que no hay vida eterna en las Escrituras y que tratar de encontrarla en ellas es un error. La Biblia por sí misma no es suficiente para alcanzar la verdad y la vida. Solo podemos conseguirlas del Cristo mismo”. Oír eso me abrió los ojos. Supe que el Señor Jesús nos dijo hace tiempo que no hay vida eterna en la Biblia. Solo Dios es la verdad, el camino y la vida y solo Dios puede otorgarnos la vida eterna. ¿Por qué no lo entendí cuando lo leí antes?

La hermana leyó otro pasaje de la palabra de Dios. “Ya que hay un camino más elevado, ¿por qué estudiar ese, que es más bajo y obsoleto? Ya que hay declaraciones más nuevas y una obra más nueva, ¿por qué vivir entre viejos registros históricos? Las nuevas declaraciones pueden proveer para ti, lo que demuestra que esta es la nueva obra; los viejos registros no pueden saciarte ni satisfacer tus necesidades actuales, y esto prueba que son historia, y no la obra de aquí y ahora. El camino más elevado es la obra más nueva, y con ella, por muy alto que fuera el camino del pasado, sigue siendo la historia de las reflexiones de las personas; independientemente de su valor como referencia, sigue siendo el camino antiguo. Aunque se registra en el ‘libro sagrado’, el camino antiguo es historia; aunque no hay constancia del mismo en el ‘libro sagrado’, el nuevo camino es del aquí y el ahora. Este camino puede salvarte y cambiarte, porque es la obra del Espíritu Santo” (‘Relativo a la Biblia (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después, compartió esta enseñanza: “La Biblia solo contiene profecías de la obra de Dios de los últimos días, no un registro de ella, y la realidad es que es una obra más profunda y elevada basada en las necesidades humanas. Al final de la Era de la Ley, todos eran muy corruptos y corrían peligro de morir a manos de la ley. Dios mismo se hizo carne, vino a la tierra y fue crucificado como ofrenda por el pecado del hombre. Dios realizó Su obra de redención sobre la base de la obra de la ley. Aunque no se registró en el Antiguo Testamento, obró de acuerdo con las necesidades humanas y con Su propio plan. No desestimó la ley, sino que la cumplió”. “Ahora, en los últimos días, Dios también obra de acuerdo con Su plan y las necesidades humanas sobre la base de la obra redentora del Señor Jesús. Realiza Su obra de juicio, comenzando por la casa de Dios para deshacerse de nuestra naturaleza pecaminosa, salvarnos por completo del pecado y guiarnos a un destino eternamente hermoso”. “Dios Todopoderoso expresa todas las verdades para purificar y salvar a la humanidad y revela todos los misterios de Su plan de gestión. Él nunca dijo estas palabras durante la Era de la Ley ni la Era de la Gracia. Este es el pergamino, los siete sellos abiertos en los últimos días”. “Eso cumple la profecía del Apocalipsis: ‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias’ (Apocalipsis 2:7)”. “Y también esta: ‘Mira, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos’ (Apocalipsis 5:5)”. “Las palabras de Dios Todopoderoso se registran en la Biblia de la Era del Reino: La Palabra manifestada en carne. Esas valiosas palabras para la vida son el camino de la vida eterna que Dios le concede al hombre y el único camino a la salvación plena. Si nos rehusamos a aceptar esto, jamás conseguiremos el sustento del agua viva de Dios ni Su vida y Su verdad”.

Luego, oí más de las palabras de Dios Todopoderoso en otra película “El Cristo de los últimos días trae la vida y el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es el camino por el que el hombre obtendrá la vida, y el único camino por el cual el hombre conocerá a Dios y por el que Dios lo aprobará. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres tanto un títere como un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los reglamentos, las letras y están encadenados por la historia, nunca podrán obtener la vida ni el camino perpetuo de la vida. Esto es porque todo lo que tienen es agua turbia que ha estado estancada por miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono” (‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”). El hermano en esa película compartió los siguiente: “Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días, expresa todas las verdades para purificar y salvar al hombre. Son abundantes, exhaustivas y el sustento completo proveniente de Dios. Son reveladoras y esclarecedoras”. “Ellas nos demuestran que Cristo es el camino, la verdad y la vida y la vía hacia la vida eterna”. “La palabra de Dios durante la Era del Reino va más allá de Su palabra durante las eras de la Ley y la Gracia juntas. En particular: ‘Las declaraciones de Dios al universo entero’ de La Palabra manifestada en carne es la declaración inicial de Dios a la humanidad y es la primera vez que oímos las palabras del Señor de la creación hacia la humanidad. Sacudieron al universo y nos abrieron los ojos”. “La Era del Reino comprende la obra del juicio de Dios y Su revelación sobre su carácter justo ante la humanidad. Es por eso que pronuncia Su palabra para juzgar, purificar y perfeccionar al hombre en esta era. Derrama desastres, recompensa a los buenos y castiga a los malvados, y revela Su justicia, Su majestad y Su ira. Las verdades que expresa Dios Todopoderoso para purificar, salvar y perfeccionar al hombre son el camino de la vida eterna que Él le concede al hombre en los últimos días. Es el agua de la vida que fluye desde Su trono”.

En ese momento me di cuenta de que La Palabra manifestada en carne de Dios Todopoderoso es el camino hacia la vida eterna que Dios le concede al hombre en los últimos días. Supe que debía estar al día con la nueva obra de Dios y leer Sus nuevas palabras para conseguir el sustento de Su agua viva y Su salvación plena. Poco después, contacté a la Iglesia de Dios Todopoderoso y leí mucho más de la palabra de Dios Todopoderoso. Entendí que Dios Todopoderoso revela todos los misterios. Los misterios del plan de gestión de 6000 años de Dios, de Su encarnación, la verdad interna sobre la Biblia y todos los aspectos de la verdad son revelados. ¡Aprendí mucho más que en una década de fe en Dios! Acepté formalmente la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días.

Recordé cómo el pastor y los ancianos me habían engañado. Había confinado la obra y la palabra de Dios a la Biblia creyendo que todo lo demás era herejía. Oí a la gente de la Iglesia de Dios Todopoderoso dar testimonio del regreso del Señor Jesús pero no lo busqué. Seguí al clero sin pensar y rechacé la obra de Dios a causa de mis nociones. Era creyente, pero me resistía a Dios. ¡Qué ciega y tonta que era! La guía de Dios me permitió oír Su voz gracias a las películas de la Iglesia de Dios Todopoderoso, y así comprender la verdad y abandonar mis antiguas nociones. Ya no adoraba ciegamente la Biblia. Aprendí que eso no es fe verdadera y que la Biblia no contiene la vida eterna. Solo Cristo es la verdad, el camino y la vida. Solo Cristo de los últimos días puede mostrarnos el camino de la vida eterna y solo podemos alcanzar la verdad y la vida creyendo en Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días. Es la única fe que aprueba Dios. Pude recibir al Señor por la gracia y bendición de Dios. ¡Estoy agradecida por la misericordia y salvación de Dios!

Aprender más: ¿Qué es la fe en Dios?

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

¿Qué es la fe verdadera?

¿Qué es la fe?


Es la creencia real y el corazón sincero que debes tener

cuando no puedes ver ni tocar,

cuando la obra de Dios no se ajusta

a las nociones de los hombres, cuando sobrepasa el entender.

Esta es la fe de la que habla Dios.

Las personas necesitan fe para tolerar dificultades.

Con la fe viene el refinamiento, ambos son inseparables.

No importa tu entorno ni cómo Dios obre en ti,

busca la verdad y la vida, que Su obra se haga en ti.

Busca entender los actos de Dios, actúa según la verdad.

Esto muestra tu fe real, y no pierdes tu esperanza en Él.

Siempre busca la vida y cumplir Su voluntad.

Esto es fe real, amor bello y real.

Durante el refinamiento no tengas dudas sobre Dios,

sigue buscando la verdad y amar a Dios de verdad.

No importa lo que haga Dios, practica siempre la verdad,

considera y busca Su voluntad. Esta es tu fe genuina en Él.

Siempre busca la vida y cumplir Su voluntad.

Esto es fe real, amor bello y real.

Cuando Dios dijo que serías rey, lo amaste.

Cuando Él se mostró ante ti, lo buscaste.

Pero ahora, Dios se oculta, ahora no puedes verlo.

A la vista de los problemas, ¿acaso pierdes la esperanza en Él?

Siempre busca la vida y cumplir Su voluntad.

Esto es fe real, amor bello y real.

Adaptado de ‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”

Una experiencia sobre compartir el evangelio

Por Fusu, Corea del Sur

Empecé a compartir el evangelio tras aceptar la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso. Decidí discretamente que cumpliría con mi deber sin importar qué dificultades enfrentara para que las ovejas de Dios pudieran oír Su voz y fueran ante Él.

En febrero de 2018, conocí en Internet al hermano Mel, de Filipinas. Él estudiaba en el seminario, y, al principio, hablamos mucho sobre temas como las vírgenes prudentes y las insensatas, qué es el arrebatamiento y cosas así. Cuando surgió quién podría entrar en el reino, le pregunté al hermano Mel: “¿Crees que todos los que creemos en el Señor entraremos en el reino de los cielos al final?”. Dijo, con orgullo: “Claro. En Efesios 2:8-9, Pablo dijo: ‘Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe’. Hemos sido justificados por la fe, y seremos salvados si soportamos hasta el final. Cuando el Señor regrese, nos llevará directamente al reino. Tener dudas sobre eso es negar la salvación del Señor Jesús y es una falta de fe”. Después de que dijera eso, le dije: “Dices que hemos sido justificados por la fe y salvados por la gracia, por eso podemos entrar en el reino. ¿Hay una base bíblica para esto? ¿Lo dijo el Señor Jesús? ¿Lo dijo el Espíritu Santo?”. “La Biblia menciona ser justificado y salvado por la fe, pero no dice que eso nos hará entrar en el reino. No hay base para decir eso. ¿No es solo una noción humana?”.

Mel quedó pasmado y dijo en voz baja: “¿Ser justificado por la fe no significa entrar en el reino?”. Luego, le envié algunos versículos de la Biblia: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). “En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha” (Apocalipsis 14:5). “Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). Luego dije: “Las palabras del Señor son muy claras sobre las condiciones para entrar en el reino. El Señor es santo y exige que nosotros seamos tan puros, honestos e ingenuos como niños, que eliminemos la corrupción y seamos purificados, y que nos convirtamos en personas que obedecen a Dios y cumplen Su voluntad. Solo eso hace que alguien sea digno del reino. ¿Hemos cumplido con esos requisitos?”. “¿Te atreverías a decir que nunca mientes?”. “¿Te atreverías a decir que estás completamente libre de pecado y que has sido purificado?”. Mel no dijo nada. Continué con mi enseñanza: “Si nos confesamos y nos arrepentimos ante el Señor, seremos justificados por la fe y salvados por la gracia, eso es cierto. Pero ¿qué significa realmente ser justificado por la fe y ser salvado por la gracia? Todos sabemos que, en la Era de la Ley, Dios brindó guías para la vida de las personas al dar la ley y los mandamientos a través de Moisés, pero, al final de esa era, nadie obedecía la ley. Todos pecaban cada vez más. Todos corrían peligro de ser condenados o ejecutados de acuerdo con la ley. Este era el contexto en el que Dios se encarnó y fue crucificado como la ofrenda por el pecado para el hombre, y en el que rescató al hombre de la ley. Después de eso, siempre y cuando las personas aceptaran al Señor Jesús como su Salvador, se confesaran y se arrepintieran, sus pecados serían perdonados, y ellas no serían condenadas por no obedecer la ley. Eso significa que el Señor ya no nos veía como pecadores, podíamos ser llamados justos gracias a la redención del Señor y éramos aptos para ir ante Dios en oración y disfrutar la gracia, la paz y la alegría que el Señor concedió. Por eso, ser justificados por la fe y salvados por la gracia significa que nuestros pecados son perdonados por medio de la fe y que no somos condenados de acuerdo con la ley. Pero no significa que estemos libres de pecado o purificados, que seamos verdaderamente justos o dignos del reino”.

Mel respondió con sorpresa: “Entonces, ser justificados por la fe significa que nuestros pecados están perdonados y que el Señor no nos considera pecadores, pero no que seamos justos y podamos entrar en el reino. Nuestro pastor nunca nos habló de esto”. Después, le leí estos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso. “En ese momento, la obra de Jesús era la obra de redención de toda la humanidad. Los pecados de todos los que creían en Él eran perdonados; mientras creyeras en Él, te redimiría; si creías en Él, dejabas de ser un pecador y eras liberado de tus pecados. Esto es lo que significaba ser salvado y ser justificado por la fe. Sin embargo, en aquellos que creían seguía habiendo algo de rebeldía y oposición a Dios que había que continuar eliminando lentamente. La salvación no significaba que el hombre hubiera sido ganado por completo por Jesús, sino que ya no pertenecía al pecado, que sus pecados habían sido perdonados. Si creías, ya no pertenecías al pecado” (‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Por todo lo que el hombre pueda haber sido redimido y perdonado de sus pecados, sólo puede considerarse que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre, que vive en un cuerpo de carne, no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando, interminablemente, su carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayor parte de la humanidad peca durante el día y se confiesa por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para el hombre, no podrá salvarlo del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto. […] No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados; no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada, y debe depender del juicio por la palabra para lograr este resultado. Sólo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Tú sólo sabes que Jesús descenderá durante los últimos días, pero ¿cómo lo hará exactamente? Un pecador como vosotros, que acaba de ser redimido y que no ha sido cambiado ni perfeccionado por Dios, ¿puede ser conforme al corazón de Dios? Para ti, que aún eres del viejo ser, es cierto que Jesús te salvó y que no perteneces al pecado gracias a la salvación de Dios, pero esto no demuestra que no seas pecador ni impuro. ¿Cómo puedes ser santo si no has sido cambiado? En tu interior, estás cercado por la impureza, egoísta y miserable, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡qué suerte tendrías! Te has saltado un paso en tu creencia en Dios: simplemente has sido redimido, pero no has sido cambiado. Para que seas conforme al corazón de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; si sólo eres redimido, serás incapaz de alcanzar la santidad. De esta forma no serás apto para participar en las buenas bendiciones de Dios, porque te has saltado un paso en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz heredar directamente la herencia de Dios” (‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Tras leer las palabras de Dios, seguí con mi enseñanza: “En la Era de la Gracia, el Señor Jesús realizó el paso de la obra de redención basándose en las necesidades de la humanidad. Expresó el camino del arrepentimiento para que las personas pudieran confesarse y arrepentirse según su conocimiento del pecado, buscar el amor del Señor, ser sal y luz, amar a los demás como a sí mismas y más. Que las personas aprendieran buenas conductas fue el resultado de la obra de redención. Cuando somos redimidos por el Señor Jesús, nuestros pecados son perdonados, y Él ya no nos ve como pecadores. Pero eso no significa que estemos libres de pecado o que hayamos sido purificados, porque nuestra naturaleza pecadora sigue arraigada, y siempre estamos mostrando nuestras actitudes corruptas como la arrogancia, la deshonestidad, el engaño, la maldad y la crueldad. Por ejemplo, si tenemos un don o una fortaleza, o si tenemos algo de calibre, creemos que somos asombrosos. Somos altivos y miramos con desprecio a los demás. Cuando hacemos sacrificios o sufrimos un poco en nuestro trabajo, no podemos evitar alardear y presumir para que otros nos adoren. Cuando vemos que otra persona es mejor que nosotros, podemos ser celosos y odiosos hacia ellas. Cuando algo toca nuestros intereses, podríamos mentir y engañar. Al enfrentar tribulaciones, pruebas, desastres, una enfermedad o una crisis familiar, a veces malinterpretamos y culpamos a Dios, o incluso lo negamos y lo traicionamos”. “Todas estas cosas muestran que aún seguimos encadenados por el pecado y que aún pecamos y nos resistimos a Dios. Por dos mil años, todos han vivido en este círculo vicioso de pecado y confesión, y nadie ha estado libre de esto. Esto es claramente evidente”. “Si nos comparamos con lo que el Señor exige, no mentir, estar libre de faltas y ser purificado, no estamos para nada cerca. Simplemente, no podemos glorificar o dar testimonio de Dios. ¿Cómo pueden entrar al reino las personas como nosotros? El Señor Jesús dijo: ‘En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre’ (Juan 8:34-35)”. “Entonces, si queremos ser purificados y entrar en el reino, necesitamos que Dios regrese en los últimos días y obre para librarnos del pecado, para resolver nuestro carácter satánico y desarraigar por completo nuestro pecado y nuestra oposición a Dios”.

Tras esta enseñanza, Mel dijo que ya lo entendía, que el Señor Jesús solamente hizo la obra de redención, y, aunque seamos justificados por la fe, todavía pecamos y seguimos encadenados por el pecado, por lo que no podemos entrar en el reino. Sin embargo, tras pensarlo un poco, preguntó: “Pero dijiste que el Señor realizará otro paso de la obra de salvación en los últimos días. Eso parece una negación de la salvación del Señor Jesús. Nuestros pecados han sido perdonados mediante nuestra fe, aunque no seamos justos, la salvación de Dios es perfecta. El término de la obra del Señor Jesús se encargó de eso, por lo que no hay más salvación. No podemos ser salvados otra vez si ya hemos sido salvados. ¿No significaría eso que la salvación del Señor fue inútil?”. “Hermana, parece que solamente tienes estas dudas porque no tienes fe en la salvación del Señor”.

Al oír esto, pensé: “El hermano Mel es bastante joven, pero tiene algunas nociones muy firmes”. “Concuerda con que la justificación por la fe no hace que uno gane la entrada en el reino, pero no puede aceptar la obra de salvación de Dios en los últimos días”. Oré a Dios y le pedí Su guía. Tras orar, le dije a Mel: “Está profetizado en la Biblia que Dios realizará otro paso en la obra en los últimos días. 2 Corintios 1:10 dice: ‘El cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que Él aún nos ha de librar’. También Hebreos 9:28 dice: ‘Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan’”. “1 Pedro 1:5, dice: ‘Que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo’. Y Juan 12:47-48 dice: ‘Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final’. 1 Pedro 4:17 dice: ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’”. “Estos versículos mencionan: ‘Él aún nos ha de librar’, ‘aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado’, ‘para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo’, y ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’. Todo esto significa que Dios realizará otro paso de la obra en los últimos días, no para redimir a la humanidad de nuestros pecados, sino para juzgar, purificar y salvarnos por completo. La obra de redención del Señor Jesús nos absolvió de nuestros pecados, y, en los últimos días, Dios hará la obra de juicio para resolver nuestra naturaleza pecaminosa de una vez por todas, para librarnos definitivamente del pecado y purificarnos”.

Entonces, Mel dijo, sorprendido: “Así que resulta que Dios realizará la obra de juicio y purificación en los últimos días, y hay otro paso de salvación. Dime, ¿cómo realiza Dios esta obra de juicio?”.

Por eso, compartí esta enseñanza: “Hebreos 4:12 dice: ‘Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón’”. Luego, le leí algunas palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “En los últimos días, Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “La obra llevada a cabo por Dios durante esta era es, principalmente, la provisión de las palabras para la vida del hombre, la revelación de la esencia-naturaleza y del carácter corrupto del hombre, además de la eliminación de las nociones religiosas, del pensamiento feudal, del pensamiento obsoleto, así como del conocimiento y la cultura del hombre. Todo esto debe purificarse al ser expuesto por las palabras de Dios. En los últimos días, Él usa palabras, no señales y maravillas, para perfeccionar al hombre. Usa Sus palabras para exponer, juzgar, castigar y perfeccionar al hombre, para que en Sus palabras este llegue a ver la sabiduría y la belleza de Dios, y a entender Su carácter, y así, a través de las palabras de Dios, el hombre vea Sus hechos” (‘Conocer la obra de Dios hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer esto, seguí con mi enseñanza. “En los últimos días, el Señor Jesús retornado, Dios Todopoderoso, se hizo carne y vino a la tierra y está usando la verdad para realizar la obra del juicio. Expresa todas las verdades que purifican y salvan completamente a la humanidad, expone y disecciona el carácter satánico de las personas, expone nuestras nociones y comprensiones absurdas de Dios al igual que las filosofías, venenos y perspectivas satánicas que tenemos dentro. Así, podemos entender todo tipo de verdades, conocer el carácter justo de Dios, Su esencia santa y hermosa, Su omnipotencia y sabiduría. Las palabras de Dios revelan corrupciones que nunca antes hemos notado, y podemos ganar conocimiento tanto de Dios como de nosotros a través de lo revelado en Sus palabras. Nuestro carácter corrupto gradualmente es purificado y cambiado”. “ después de haber leído muchas palabras de Dios Todopoderoso, haber entendido algunas verdades y haber ganado algo de discernimiento sobre nuestras nociones de justificación mediante la fe y salvación mediante la gracia, vemos que querer entrar en el reino a pesar de nuestra suciedad y corrupción es arrogante e irracional. Después, empezamos a verdaderamente arrepentirnos ante Dios, y esto significa que empezamos a aceptar el juicio de las palabras de Dios”.

Tras oír esto, Mel sonrió y dijo: “De verdad tengo la sensación de ser juzgado por Dios”. “Pienso en todos mis años de fe en el Señor Jesús, pensaba que ser justificado por la fe y salvado por la gracia significaba que podría entrar en el reino y no dudaba de que eso fuera cierto. Ahora veo que mi fe se basaba en mis nociones e imaginaciones, y no ha estado de acuerdo con la voluntad de Dios para nada”.

Le dije: “Así es. Si no fuera porque las palabras de Dios Todopoderoso revelan todo esto, ninguno de nosotros lo comprendería”. Después, le leí otro pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso: “¿Por qué es la obra de conquista la última etapa? ¿No es precisamente para hacer manifiesto qué clase de final tendrá cada clase de hombre? ¿No es para permitir que todos, en el transcurso de la obra de conquista de castigo y juicio muestren su verdadera naturaleza y, posteriormente, sean clasificados según su tipo? En lugar de decir que esto es conquistar a la humanidad, podría ser mejor decir que esto está mostrando qué tipo de final tendrá cada clase de persona. Esto tiene que ver con juzgar los pecados de las personas y, luego, revelar los diversos tipos de personas, decidiendo, de esta forma, si son malvados o justos. Después de la obra de conquista llega la obra de recompensar el bien y castigar el mal. Las personas que obedecen completamente —es decir, las que son totalmente conquistadas— serán colocadas en el siguiente paso de la difusión de la obra de Dios a todo el universo; los no conquistados serán puestos en las tinieblas y se enfrentarán con calamidades. De esta manera el hombre se clasificará según su tipo, los hacedores de maldad serán agrupados con el mal, para no tener nunca más la luz del sol, y los justos serán agrupados con el bien para recibir la luz y vivir por siempre en ella” (‘La verdadera historia de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Le dije: “Al ser juzgadas y expuestas mediante las palabras de Dios, las actitudes corruptas de las personas son purificadas, y estas se vuelven verdaderamente justas. Pueden ser protegidas, sobrevivir a los grandes desastres y entrar en el reino. Pero aquellas personas que solamente piensan en la gracia y en ser salvadas, mientras rechazan la obra de juicio de los últimos días de Dios, serán expuestas y eliminadas por Dios. Llorarán cuando lleguen los desastres”. “Esto cumple con la profecía de Apocalipsis 22:11: ‘Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro, que el justo siga practicando la justicia, y que el que es santo siga guardándose santo’”. “Así se separará a los justos de los injustos, y Dios luego comenzará a recompensar al bueno y castigar al malo, tratará con las personas de acuerdo con lo que estas hayan hecho”.

Mel respondió con alegría: “Entonces, la obra de juicio en los últimos días no es solo para purificar a las personas, sino también para exponer distintas clases de personas. ¡La obra de Dios es verdaderamente sabia! Lo que siempre predicó nuestro pastor, la justificación mediante la fe y la salvación mediante la gracia, no es correcto. Nunca he tenido discernimiento. Solo me he aferrado a estas nociones pensando que la salvación del Señor ya está completa, que no hay más salvación y que podemos entrar en el reino con esa justificación y salvación. Pensarlo ahora me da vergüenza. Agradezco la misericordia del Señor, que me permite oír esto. Estoy dispuesto a aceptar la obra de juicio de los últimos días de Dios”.

Me entusiasmó ver que estaba dispuesto a aceptar el juicio de los últimos días de Dios. Pero me sorprendí cuando nos encontramos unos días después y Mel dijo que había ido a la casa de su pastor durante el fin de semana y había compartido mi enseñanza con él. Su pastor dijo que yo estaba equivocada, que la justificación por la fe y la salvación por la gracia eran correctas, y que no había necesidad de ser juzgado por Dios en los últimos días. También le dijo a Mel que cortara todo contacto conmigo. Me di cuenta de que se sentía mal cuando dijo eso y vi que ahora no estaba seguro sobre aceptar el juicio de los últimos días de Dios. Oré pronto a Dios, le pedí que me guiara en mi testimonio. Entonces recordé un pasaje de las palabras de Dios. “Cuando deis testimonio de Dios, principalmente debéis hablar más de cómo Él juzga y castiga a las personas, de las pruebas que utiliza para refinar a las personas y cambiar su carácter. También debéis hablar de cuánta corrupción se ha revelado en vuestra experiencia, de cuánto habéis soportado y cómo Dios os conquistó finalmente; debéis hablar de cuánto conocimiento real de la obra de Dios tenéis y de cómo debéis dar testimonio de Dios y retribuirle Su amor. Debéis poner sustancia en este tipo de lenguaje, al tiempo que lo expresáis de una manera sencilla. No habléis sobre teorías vacías. Hablad de una manera más práctica; hablad desde el corazón. Esta es la manera en la que debéis experimentar. No os equipéis con teorías vacías aparentemente profundas en un esfuerzo por alardear; hacerlo de esa manera hace que parezcáis arrogantes y absurdos. Debéis hablar más de cosas reales desde vuestra experiencia auténtica, que sean reales y que provengan del corazón; esto es lo más beneficioso para los demás y es lo más apropiado de ver” (‘Solo buscando la verdad puede uno lograr un cambio en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Es cierto. Dar testimonio no se trata solamente de hablarles a las personas sobre la obra de los últimos días de Dios. La clave es usar nuestras propias experiencias para dar testimonio de que la obra de juicio de Dios en verdad puede purificar y salvar a las personas. Pensé que había sufrido el juicio de Dios, entonces, ¿por qué no contarle sobre mis propias experiencias personales? Este pensamiento me calmó y me dio una senda futura.

Le dije a Mel: “Dios realiza otro paso de salvación en los últimos días. El Señor regresa y realiza la obra de juicio, ese es un hecho que nadie puede negar. Tras ser corrompidos por Satanás, nosotros no amamos la verdad por naturaleza y en verdad no podemos ponerla en práctica. Algunas personas pueden controlarse, ayunar y orar, pero nadie puede escapar al pecado por completo. Como dicen: ‘Es más fácil cambiar montañas y ríos Si no aceptamos el juicio y la purificación de Dios en los últimos días, nuestra naturaleza satánica permanecerá firmemente arraigada en nosotros y puede hacer que mostremos nuestro carácter satánico en cualquier momento, incluso puede hacer que nos resistamos y nos rebelemos contra Dios”. “Mírame a mí, por ejemplo. Yo era muy arrogante. Tenía algo de calibre, había hecho mucho y había realizado sacrificios para servir al Señor. Siempre sentía que era alguien que aportaba alegría a Dios, pero cuando oí testimonio de que el Señor Jesús había regresado y hacía la obra de juicio de los últimos días, me negué a aceptarlo. Pensaba que estábamos justificados por la fe y salvados por la gracia. En el momento dije, sin siquiera pensarlo: ‘No pude ser. Dios no hará más obra. No necesitamos aceptar Su obra de juicio’. Los hermanos y hermanas siguieron compartiendo enseñanzas sobre las palabras de Dios Todopoderoso después de eso, y, finalmente, mis nociones fueron corregidas. Tras aceptar la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso, un día, en mis devocionales, leí algunos pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso que me hicieron sentir muy avergonzada”. Dios Todopoderoso dice: “No te creas un prodigio nato, sólo algo un poco por debajo del cielo pero infinitamente por encima de la tierra. Estás lejos de ser más listo que nadie y hasta podría decirse que es sencillamente adorable lo imbécil que eres comparado con cualquiera de las personas que poseen la razón en la tierra, pues te tienes en una posición demasiado elevada y jamás has tenido sensación de inferioridad; como si vieras Mis actos hasta el más ínfimo detalle. De hecho, eres una persona fundamentalmente carente de razón, ya que no tienes ni idea de lo que pretendo hacer, y menos todavía de lo que estoy haciendo ahora. Y por eso digo que ni siquiera eres como un viejo agricultor que labra la tierra, un agricultor sin la más mínima idea de la vida humana y que, sin embargo, pone toda su confianza en las bendiciones del cielo cuando cultiva la tierra” (‘Los que no aprenden y siguen siendo ignorantes, ¿acaso no son unas bestias?’ en “La Palabra manifestada en carne”). “¡Abandonad vuestras opiniones de lo que es ‘imposible’! Cuanto más crea la gente que algo es imposible, es más factible que ocurra, porque la sabiduría de Dios se eleva más alto que los cielos, los pensamientos de Dios son más altos que los pensamientos del hombre, y la obra de Dios trasciende los límites del pensamiento y las nociones del hombre. Cuanto más imposible sea algo, más verdad se puede buscar en ello; cuanto más lejos de las nociones y la imaginación del hombre resida algo, más contiene la voluntad de Dios” (‘La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Si deseáis presenciar la aparición de Dios, seguir las huellas de Dios, entonces debéis primero apartaros de vuestras propias nociones. No debes exigir que Dios haga esto o aquello; mucho menos debes colocarlo dentro de tus propios confines y limitarlo a tus propias nociones. En cambio, debéis preguntar cómo vais a buscar las huellas de Dios, cómo vais a aceptar la aparición de Dios, y cómo vais a someteros a Su nueva obra; esto es lo que el hombre debe hacer. Ya que el hombre no es la verdad y no está dotado de la verdad, debe buscar, aceptar y obedecer” (‘La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Después le dije: “Leer las palabras de Dios me golpeó profundamente. Vi cuán arrogante soy. Cuando la obra de los últimos días de Dios llegó a mí, no busqué ni la investigué, y no leí con seriedad las palabras de Dios para ver si eran Su voz. De modo arrogante, simplemente dije que Dios no realizaría más obra, como si tuviera una ventana a la obra de Dios. Solamente soy otra persona corrompida por Satanás. ¿Cómo podría entender la obra de Dios? Dios es el Creador, y cualquier obra que Él realice está de acuerdo con Su plan de gestión. Como si Dios tuviera que buscar mi aprobación para Su obra, ¡hacer que esté de acuerdo con mis nociones! Al afirmar ‘No puede ser’, yo delimitaba a Dios, y eso mostraba que me resistía a Dios y lo condenaba”. “Era como los fariseos, que siempre esperaban la llegada del Mesías, pero cuando el Señor Jesús apareció y obró, ellos no lo reconocieron. Lo juzgaron y condenaron basados en sus nociones, e incluso hicieron que lo clavaran en la cruz. Terminaron ofendiendo el carácter de Dios y siendo castigados por Él. ¡Mi conducta no era diferente de la de los fariseos que se resistían al Señor Jesús! Al darme cuenta de esto, también entendí que disfrutar la gracia del Señor y hacer algunas cosas buenas no pueden remplazar un cambio de carácter. Sin el juicio y la purificación de Dios, mi arrogancia surgiría en cuanto sucediera algo que no me gustara, incluso al punto de perder toda razón. Pensé que estaba defendiendo el camino verdadero y que era devota de Dios, mientras me resistía a Él y lo condenaba. Carecía de percepción por completo. Es aterrador”. “Gané algo de entendimiento sobre mi carácter arrogante mediante el juicio de las palabras de Dios, y, cuando estaba por mostrar mi arrogancia, leía las palabras de Dios de juicio y castigo y reflexionaba sobre mí misma”. “Sin darme cuenta, me convertí en una persona más humilde y volví a ganar algo de mi conciencia y mi razón innatas. Podía buscar la verdad cuando sucedía algo que no me gustaba en lugar de juzgar arbitrariamente y delimitar las cosas, o de aferrarme a mis propias opiniones tercamente. También gané más reverencia por Dios y, lentamente, gané una semejanza humana”. “Llegué a apreciar que el juicio y el castigo significan un cambio y purificación graduales, y que este es el proceso de cambio de nuestro carácter satánico mediante las palabras de Dios. Las palabras de Dios son filosas y punzantes, pero este es Su amor por la humanidad, aún más grande y más profundo. Como dicen: ‘La medicina amarga cura lo que te aflige’. Dios nos juzga y nos expone así para cambiar mejor nuestro carácter corrupto. Dios hace esto porque nos ama mucho”. “Cuando entendí esto, estuve dispuesta a aceptar más juicio y castigo de las palabras de Dios y a eliminar mi arrogancia en cuanto fuera posible, para vivir una semejanza humana”. “También llegué a apreciar que la obra de juicio de Dios en los últimos días es exactamente lo que necesitamos en nuestras vidas y que solo este tipo de juicio puede salvarnos del pecado. El juicio y el castigo son verdaderamente la salvación de Dios para nosotros y ese amor es más grande que la gracia o una ofrenda por el pecado”.

Tras oír mi enseñanza, Mel dijo, con alegría: “En todos mis años de fe en el Señor Jesús, nunca había escuchado a otro miembro de la iglesia hablar sobre su propia corrupción. Solo alardean de lo buenos que son. Todos practican la tolerancia hacia los demás en apariencia, pero cuando se trata de sus propios intereses, todo el amor desaparece”. “Ahora entiendo que es por nuestro carácter satánico, y que sin experimentar el juicio y la purificación de las palabras de Dios, nunca nos conoceremos a nosotros mismos ni escucharemos las palabras de Dios y nos someteremos a Él. No podremos verdaderamente amar a otros como a nosotros, tampoco”. “El juicio y el castigo son en verdad la salvación de Dios para la humanidad, y esto es lo que necesitamos. Las palabras de Dios Todopoderoso son realmente la verdad. Ya no escucharé a otras personas. ¡Solamente creeré en Dios Todopoderoso y aceptaré Sus palabras!”. Tras decir esto, cambió el nombre de nuestro grupo de chat a: “Esta es mi verdadera familia”. Este hombre adulto rompió a llorar y dijo: “He encontrado a Dios; he encontrado a mi familia. ¡Cualquier lugar donde pueda leer las palabras de Dios es mi familia!”. Oírlo decir esto me conmovió mucho.

Mi experiencia de compartir el evangelio con Mel me hizo apreciar profundamente que, si no comprenden la verdad, las personas pueden creer y ser confinadas por todo tipo de nociones y falacias religiosas. De verdad necesitamos confiar en Dios, leerles las palabras de Dios y enseñarles la verdad usando nuestra comprensión real por haber experimentado la obra de Dios para dar testimonio de Su salvación. Las personas deben comprender la verdad y desarrollar discernimiento sobre sus nociones para ir ante Dios verdaderamente. También he experimentado lo difícil que es la obra de Dios para salvar a la humanidad. Quiero trabajar junto a Dios y llevar ante Dios a más personas con fe verdadera para darle consuelo a Él.

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

¿Qué aprendemos de la historia de Job en la Biblia?

Por Zhou Ming

Cada vez que se mencionan las palabras “temer a Dios”, la mayoría de la gente pensará en la historia de Job en la Biblia. Job temía a Dios y rehuía el mal, testificó de Dios durante sus pruebas, se ganó la alabanza y las bendiciones de Dios, y vivió una vida digna y significativa que es muy admirada por nosotros hoy en día. Ahora, repasemos el Libro de Job y echemos un vistazo detallado a las formas en que Job manifestó su temor a Dios, y esto nos ayudará a obtener un nuevo entendimiento y entrada en la verdad de temer a Dios.

1. Job tenía un corazón temeroso de Dios y no hizo nada en su vida que disgustara a Dios

Dice en el Libro de Job 1:5: “Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones. Así hacía Job siempre”.

Job poseía una gran riqueza y fue llamado el más grande de los hombres entre los que moraban en el este; era el equivalente de un millonario moderno. Para nosotros, parece como si Job viviera una vida de lujo para la cual sería apropiado para él celebrar fiestas de vez en cuando, y no habría sido considerado fuera de su alcance para él vivir un estilo de vida lujoso y extravagante. Y, sin embargo, Job no celebró fiestas y ni siquiera asistió a las fiestas celebradas por sus hijos. Tal vez algunas personas estarán un poco confundidas por esto, y se preguntarán si Job era demasiado anticuado y conservador. De hecho, Job hizo exigencias tan estrictas de sí mismo y siempre mantuvo su mejor comportamiento en la vida, y este comportamiento tenía un vínculo directo con su temor a Dios. Como seres humanos, no tenemos poder para vencer el pecado, y si asistimos a las fiestas, entonces nos volvemos poseídos por el deseo de comer, beber, jugar y divertirse, podemos llegar a ser codiciosos de placeres físicos, podemos ser propensos a rehuir a Dios, perder nuestra relación normal con Dios e incluso hacer cosas que disgustan a Dios. Job fue claro en su corazón en este punto, y por lo tanto prefirió vivir una vida común y sencilla en lugar de hacer cualquier cosa que pueda disgustar a Dios. Está claro que este tipo de comportamiento no era que Job fuera anticuado y conservador, sino que era él quien tomaba el camino de temer a Dios y apartarse del mal en el corazón. No prestó ninguna consideración a su carne y no prestó atención a disfrutar de una vida material de alta calidad. En cambio, los motivos detrás de todo lo que dijo e hizo fue satisfacer la voluntad de Dios y no hacer nada que pudiera disgustar a Dios.

Job no sólo temía alejarse del camino de Dios, sino que también le preocupaba que sus hijos desafiaran a Dios por su frecuente fiesta. De esto, podemos ver que Job no complació los pecados de sus hijos debido a su apego familiar, sino que desplegó y detestó la alegría de sus hijos, porque sabía que Dios también lo odiaba. Cada vez que terminaba una fiesta, Job enviaba a un siervo para decirle a sus hijos que se santificara, y a menudo ofrecía holocaustos por su bien. Se dice en la Biblia: “Así hacía Job siempre”. Esto demuestra aún más que Job temía a Dios con su corazón; su comportamiento y las expresiones de su temor por Dios no eran sólo profundas en la piel, y mucho menos eran prácticas provocadas por sentimientos ocasionales de alta espiritualidad o por alguna excitación transitoria de la emoción. En cambio, tomó el camino de temer a Dios y apartarse del mal en el corazón, y comenzó con las pequeñas cosas. Como dice la Palabra de Dios: “[…] Job no pasaba ocasionalmente a ver a sus hijos, o cuando le placía ni se confesaba a Dios por medio de la oración. En su lugar, enviaba y santificaba a sus hijos con regularidad, y sacrificaba holocaustos por ellos. ‘Todos los días’ no significa que lo hiciese durante uno o dos días, o por un momento. Está diciendo que la manifestación del temor de Dios por parte de Job no era temporal, y no se detenía en el conocimiento, o en palabras habladas, sino que el camino del temor a Dios y apartarse del mal guiaba su corazón, dictaba su comportamiento y era, en su corazón, la raíz de su existencia. Que lo hiciera continuamente muestra que, en su corazón, con frecuencia temía pecar él mismo contra Dios y también que lo hicieran sus hijos. Representa el peso que tenía en su corazón el camino del temor a Dios y apartarse del mal” ( ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”).

2. Job tenía un corazón temeroso de Dios y podía someterse a la soberanía y los arreglos de Dios durante sus pruebas

Satanás acusó a Job ante Dios y, después de que Dios dio Su permiso, Satanás apenas podía esperar a tentar a Job. Poco después, la noticia de que el ganado de Job había sido robado, de que sus sirvientes habían sido heridos, y que sus diez hijos habían perdido sus vidas llegó espeso y rápido. En un instante, Job pasó de tener todo a no tener nada. Podemos imaginar lo terrible que debe haber sido, y nadie habría sido capaz de soportarlo, sin importar quiénes fueran. Y, sin embargo, Job se comportó con mucha calma; no entró en pánico y no envió a nadie para recuperar su propiedad robada. En su lugar, “Job se levantó, rasgó su ropa, se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración”. La calma que exhibió era completamente imprevista. Las palabras de Dios dicen: “Job estaba muy tranquilo y lúcido entonces. Su humanidad perfecta y recta le permitió emitir, de forma racional y natural, juicios y decisiones precisos sobre los desastres que le habían sucedido y, en consecuencia, se comportó con una calma inusual: ‘Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración’. ‘Rasgó su ropa’ significa que estaba desnudo y no tenía nada; ‘se afeitó la cabeza’ significa que había vuelto delante de Dios como un bebé recién nacido; ‘cayó al suelo en adoración’ significa que había venido al mundo desnudo, y todavía sin nada hoy, había regresado a Dios como un recién nacido. Ninguna criatura de Dios habría podido lograr la actitud de Job frente a todo lo que le había sucedido. Su fe en Jehová Dios fue más allá del ámbito de la creencia; este era su temor de Dios, su obediencia a Él, y no sólo fue capaz de dar gracias a Dios por darle cosas, sino también por quitárselas. Además, fue capaz de responsabilizarse de devolver todo lo que poseía, incluida su vida” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”). “Aunque no vio a Dios, se dio cuenta de que Él existía realmente y como resultado de esta comprensión temió a Dios; y debido a su temor de Dios fue capaz de obedecerlo. Dio rienda suelta a Dios para que tomase todo lo que tenía, sin quejarse, y se postró delante de Él y le dijo que, incluso si Dios tomaba su carne en ese mismo momento, él le permitiría hacerlo con alegría, sin quejarse. Toda su conducta se debió a su humanidad perfecta y recta. Es decir, como consecuencia de su inocencia, honestidad y bondad Job fue firme en su comprensión y experiencia de la existencia de Dios, y sobre este fundamento se impuso exigencias y estandarizó su pensamiento, comportamiento, conducta y principios de acción delante de Dios, según Él lo dirigiera y de acuerdo con Sus hechos, que él había visto entre todas las cosas. Con el tiempo, sus experiencias provocaron en él un temor auténtico y real de Dios y le hicieron apartarse del mal. Esta era la fuente de la integridad a la que Job se aferraba con firmeza” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Frente a tales grandes pruebas, Job no se quejó, pero fue capaz de postrarse en el suelo y alabar el santo nombre de Jehová, y se sometió al hecho de que Dios le había quitado todo, esto era una manifestación del temor de Job a Dios. El carácter de Job era recto, honesto, puro y bueno. En el pueblo, los acontecimientos y las cosas que encontraba todos los días, él buscaba comprender la soberanía de Dios y caminaba por el camino de temer a Dios y apartarse del mal. A lo largo de las décadas de experiencia de Job, aunque Jehová Dios nunca se le apareció, Job realmente presenció la soberanía y los hechos de Dios y se volvió aún más seguro acerca de la existencia real de Dios, y así surgió en él un corazón temeroso de Dios. También comprendió que la riqueza, la propiedad y los hijos que había tenido en su vida todos habían sido dados por Dios, y el hombre mismo nunca podría obtener tales cosas con sus propios esfuerzos si Dios no eligiera conferirlas a él. Por lo tanto, cuando la propiedad de Job fue robada y sus hijos se encontraron con su desafortunada muerte, sabía muy claramente en su corazón que esta era la prueba de Dios que le había sucedido, y su sentido de la racionalidad le dijo que todo lo que poseía había venido de Dios, que Dios tenía el derecho de dar y quitar y que, como una de las creaciones de Dios, no debe culpar en absoluto a Dios, ni pecar con sus labios, ni desagradar a Dios. En cambio, sabía que debía someterse a las orquestaciones y arreglos de Dios con un corazón temeroso de Dios. En última instancia, en su sufrimiento, Job dijo: “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1: 21),* y se mantuvo firme en su testimonio a Dios.

3. Job tenía un corazón temeroso de Dios y reprendió a su esposa— Sabía claramente qué amar y qué odiar, y poseía un sentido de justicia

Después de que las llagas aparecieron por todo el cuerpo de Job, Satanás una vez más trató de tentar a Job por medio de su propia esposa. Como dice la Biblia: “Entonces su mujer le dijo: ¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete. Pero él le dijo: Como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal? En todo esto Job no pecó con sus labios” (Job 2:9-10). Frente a la insistencia de su esposa, ¿por qué Job la reprendió con tanta severidad?

Las palabras de Dios dicen: “Viendo el tormento que estaba sufriendo, la esposa de Job intentó aconsejarle para ayudarle a escapar de este, pero las ‘buenas intenciones’ no obtuvieron la aprobación de Job; más bien, despertaron su enojo, porque ella negaba su fe en Jehová Dios, su obediencia a Él y también Su existencia. Esto le resultaba intolerable, porque él nunca se había permitido hacer nada que se opusiera a Dios o le hiciera daño, por no mencionar a los demás. ¿Cómo podía permanecer indiferente cuando oía a otros blasfemar contra Dios y le insultaban? Por eso llamó a su esposa ‘mujer tonta’. La actitud de Job hacia ella era de enojo y odio, así como de reproche y reprimenda. Era la expresión natural de la humanidad de Job que diferenciaba entre el amor y el odio, y una representación verdadera de su recta humanidad. Job poseía un sentido de la justicia que le hacía odiar los vientos y las mareas de la maldad, así como aborrecer, condenar y rechazar la absurda herejía, los argumentos ridículos, y las afirmaciones disparatadas, y le permitía aferrarse a sus propios principios y su postura correctos cuando las masas lo rechazaron y sus seres cercanos desertaron de él” (‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios es la verdad, el camino y la vida, y representa todas las cosas positivas; todas las cosas que niegan a Dios o se resisten a Dios pertenecen a Satanás y son cosas negativas. Job temía a Dios y evitaba el mal y amaba las cosas positivas. Estaba totalmente erguido, podía diferenciar entre el amor y el odio y Dios tomó el lugar más alto en su corazón. No podía tolerar que nadie negara a Dios, juzgra a Dios o blasfemara contra Dios, y cada vez que veía a alguien negando a Dios, surgía odio en su corazón, y su propia familia no era la excepción. Todavía tenía que aferrarse a la senda de temer a Dios y apartarse del mal, estar del lado de la justicia y la verdad, y no tener miedo de disgustar a nadie. Por lo tanto, cuando su esposa le pidió que abandonara a Dios y negara la justicia de Dios, Job no dejó que sus sentimientos por su esposa lo influenciaran de ninguna manera, sino que reprendió fríamente a su esposa por ser una mujer tonta. Al hacerlo, una vez más superó la tentación de Satanás y se mantuvo firme en su testimonio a Dios.

Arriba están las manifestaciones del temor de Job a Dios, y de ellas llegamos a comprender que temer a Dios no es algo que se puede reclamar con meras palabras, sino que requiere que nos concentremos en nuestro acceso a las personas, los acontecimientos, las cosas y los entornos que Dios nos organiza, y nos obliga a emular a Job. En nuestra vida diaria, por ejemplo, debemos prestar cuidado a evitar toda clase de tentaciones: Hay algunos lugares de entretenimiento o lugares que pueden hacer que nuestro corazón se degenere y evite a Dios, a los cuales no debemos ir ni tener ningún contacto, y evitando estos lugares seremos protegidos; cuando las pruebas nos aparezcan, por ejemplo, si un desastre ocurriera en casa o un miembro de la familia cae en tiempos difíciles, entonces no importa lo que Dios haga, nunca debemos malinterpretar a Dios o culpar a Dios, sino que debemos ser capaces de someternos a Su soberanía y arreglos; cuando somos acosados y engañados por personas, acontecimientos o cosas, siempre debemos defender la verdad y la justicia, no ser limitados por nadie más, y no apoyar el desafío de nadie a Dios hasta el punto en que incluso abandonemos a Dios y nos alejemos de Él. Job es nuestro punto de referencia para nuestro encuentro con la verdad de temer a Dios. Si todos podemos ser como Job y poner en práctica la verdad de temer a Dios y apartarse del mal en nuestras vidas, y comenzar con las pequeñas cosas, entonces también recibiremos con frecuencia la guía y las bendiciones de Dios, y nos convertiremos en personas temerosas de Dios.

(Traducido del original en inglés al español por Xinia Arias Quirós)

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

Recomendación: Comentario al evangelio

Unas citas bíblicas son tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

1. Principios de la fe en Dios

(1) Es preciso experimentar la obra de Dios y someterse a ella desde la base de la fe en que Dios creó todas las cosas y es el soberano de todo. Solo así es posible alcanzar la salvación.

(2) Es preciso considerar de suma importancia el hecho de comer y beber de las palabras de Dios y someterse al juicio, el castigo, las pruebas, la refinación, la poda y el trato de Dios para purificarse de la corrupción.

(3) Al experimentar la obra de Dios, es preciso llevar correctamente a cabo el deber de un ser creado, llegar a comprender la verdad y la entrada en la realidad y saber dar auténtico testimonio.

(4) Para alcanzar la salvación y ser perfeccionado, es preciso buscar la verdad y asegurarse el perfeccionamiento por la obra del Espíritu Santo. Solo así es realmente posible servir a Dios y dar testimonio de Él.

Las palabras relevantes de Dios:

Aunque muchas personas creen en Dios, pocas entienden qué significa la fe en Él y qué deben hacer para conformarse a Su voluntad. Esto se debe a que, aunque están familiarizadas con la palabra “Dios” y con expresiones como “la obra de Dios”, no conocen a Dios y, menos aún, Su obra. No es de extrañar, por tanto, que todos los que no conocen a Dios estén confusos en su creencia en Él. Las personas no se toman en serio la creencia en Dios, y esto se debe, totalmente, a que creer en Dios les es muy poco familiar; es totalmente extraño para ellos. De esta forma, no están a la altura de las exigencias de Dios. Es decir, si las personas no conocen a Dios ni Su obra, no son aptas para que Él las use, y, menos aún, pueden satisfacer Su voluntad. “Creer en Dios” significa creer que hay un Dios; este es el concepto más simple respecto a creer en Él. Aún más, creer que hay un Dios no es lo mismo que creer verdaderamente en Él; más bien es una especie de fe simple con fuertes matices religiosos. La fe verdadera en Dios significa lo siguiente: con base en la creencia de que Dios tiene la soberanía sobre todas las cosas, uno experimenta Sus palabras y Su obra, purifica su carácter corrupto, satisface la voluntad de Dios y llega a conocerlo. Sólo un proceso de esta clase puede llamarse “fe en Dios”. Sin embargo, las personas consideran a menudo que la creencia en Dios es un asunto simple y frívolo. Las personas que creen en Dios de esta manera han perdido el significado de creer en Él y, aunque pueden seguir creyendo hasta el final, jamás obtendrán Su aprobación, porque marchan por la senda equivocada. Hoy siguen existiendo quienes creen en Dios según letras y doctrinas huecas. No saben que carecen de la esencia de la creencia en Dios, y no pueden obtener Su aprobación. Aun así, siguen orando a Dios para recibir bendiciones de seguridad y suficiente gracia. Detengámonos, calmemos nuestro corazón y preguntémonos: ¿Puede ser que creer en Dios sea realmente la cosa más fácil en la tierra? ¿Puede ser que creer en Dios no signifique nada más que recibir mucha gracia de Él? Las personas que creen en Dios sin conocerlo o que creen en Dios y, sin embargo, se oponen a Él, ¿son realmente capaces de satisfacer la voluntad de Dios?

Extracto de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

La creencia verdadera en Dios no se trata de creer en Él únicamente para ser salvado, y menos aún de ser una buena persona. Tampoco tiene que ver solo con llegar a poseer semejanza humana. De hecho, las personas no deberían adoptar la idea de que la fe es mera creencia en que hay un Dios y que Dios es la verdad, el camino, la vida, y nada más. La fe tampoco consiste en hacer que reconozcas a Dios y creas que es el Soberano de todas las cosas, que Él es todopoderoso, que Él creó todas las cosas que hay en el mundo y que Él es único y supremo. La fe no consiste simplemente en creer en este hecho. La voluntad de Dios es que todo tu ser y corazón deben ser entregados a Él y que te sometas a Él; esto es, que debes seguir a Dios, permitir que Él te use y que estés feliz de hacer servicio por Él; debes hacer todo lo que puedas hacer por Él. No significa que solo las personas predestinadas y elegidas por Dios sean las que deban creer en Él. Realmente, toda la humanidad debería adorar a Dios, prestarle atención y obedecerlo, porque la humanidad fue creada por Dios. Esto menciona de pasada, ahora, el asunto de la esencia. Si siempre dices: “¿No creemos en Dios con el fin de obtener la vida eterna? ¿No creemos en Dios con el fin de ser salvados?”, entonces tu creencia en Dios es como un asunto secundario, que se hace con el único fin de ganar algo. No es así como se debe considerar la creencia en Dios.

Extracto de ‘Solo buscar la verdad es creer verdaderamente en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué es, hoy, creer realmente en Dios? Es aceptar Su palabra como la realidad-vida y conocer a Dios a partir de Su palabra para lograr un amor verdadero hacia Él. Para decirlo con claridad: creer en Dios tiene como propósito que puedas obedecerle, amarle y llevar a cabo el deber que debe realizar una criatura de Dios. Este es el objetivo de creer en Dios. Debes obtener el conocimiento de la hermosura de Dios, de cuán digno de veneración Él es, de cómo Él lleva a cabo la obra de salvación y perfeccionamiento en Sus criaturas; esto es lo esencial de tu fe en Dios. Creer en Dios es, principalmente, el cambio de una vida de la carne a una vida de amar a Dios; de vivir dentro de la corrupción a vivir dentro de la vida de las palabras de Dios. Es dejar de estar bajo el campo de acción de Satanás y vivir bajo el cuidado y la protección de Dios; es ser capaz de lograr obedecer a Dios y no a la carne; es permitir que Él gane la totalidad de tu corazón, permitirle que te perfeccione y liberarte del carácter satánico corrupto. Creer en Dios tiene como objetivo, principalmente, que Su poder y Su gloria puedan manifestarse en ti, que puedas llevar a cabo Su voluntad, que cumplas Su plan y seas capaz de dar testimonio de Él delante de Satanás. La fe en Dios no debería girar alrededor del deseo de contemplar señales y prodigios ni tener como propósito el beneficio de tu carne personal. Debe consistir en buscar conocer a Dios y ser capaz de obedecerle, y, como Pedro, obedecerle hasta la muerte. Estas son las metas principales de la fe en Dios. Se come y bebe la palabra de Dios para conocerle y satisfacerle. Comer y beber la palabra de Dios te proporciona un mayor conocimiento de Él y solo después de esto puedes obedecerle. Solo teniendo conocimiento de Dios puedes amarle, y esta es la meta que el hombre debería tener en su fe en Dios. Si, en tu fe en Dios, siempre estas intentando contemplar señales y prodigios, el punto de vista de esta fe en Dios es erróneo. Creer en Dios es, sobre todo, la aceptación de Su palabra como la realidad-vida. La meta de Dios solo se logra poniendo en práctica las palabras provenientes de Su boca y llevándolas a cabo en tu interior. En su fe en Dios, el hombre debería esforzarse por que Dios lo perfeccione, por ser capaz de someterse a Él y por obedecerlo plenamente. Si puedes obedecer a Dios sin quejarte, tener en cuenta Sus deseos, alcanzar la estatura de Pedro y poseer el estilo de Pedro del que Dios habla, ese será el momento en el que habrás tenido éxito en tu fe en Dios, y esto significará que Dios te ha ganado.

Extracto de ‘Todo se logra por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Puesto que tú crees en Dios, debes comer y beber Sus palabras, experimentar Sus palabras y vivir Sus palabras. ¡Solo esto puede llamarse creer en Dios! Si dices con la boca que crees en Dios, mas no eres capaz de poner en práctica ninguna de Sus palabras o producir algún tipo de realidad, a esto no se le llama creer en Dios. Esto es “buscar pan para saciar el hambre”. Hablar únicamente de testimonios triviales, cosas inútiles y cuestiones superficiales, sin tener ni siquiera un mínimo de realidad, esto no es creer en Dios, y tú simplemente no has captado la manera correcta de creer en Dios. ¿Por qué debes comer y beber tantas palabras de Dios como te sea posible? Si no comes ni bebes Sus palabras y solo buscas ascender al cielo, ¿es eso creer en Dios? ¿Cuál es el primer paso que debe dar el que cree en Dios? ¿A través de qué senda Dios perfecciona al hombre? ¿Puedes ser perfeccionado sin comer ni beber las palabras de Dios? ¿Puedes ser considerado una persona del reino sin que las palabras de Dios sirvan como tu realidad? ¿Qué significa exactamente creer en Dios? Quienes creen en Dios deberían, al menos, tener un buen comportamiento en lo externo; lo más importante de todo es poseer las palabras de Dios. No importa lo que suceda, nunca puedes darle la espalda a Sus palabras. Conocer a Dios y cumplir Sus intenciones se logra a través de Sus palabras. En el futuro, cada nación, denominación, religión y sector será conquistado a través de las palabras de Dios. Dios hablará directamente, y toda la gente sostendrá las palabras de Dios en sus manos, y por medio de esto la humanidad será perfeccionada. Por dentro y por fuera, las palabras de Dios lo impregnan todo: la humanidad hablará de las palabras de Dios con la boca, practicará de acuerdo con las palabras de Dios, mantendrá las palabras de Dios en su interior, y tendrá impregnadas las palabras de Dios tanto por dentro como por fuera. Así será perfeccionada la humanidad. Aquellos que cumplen las intenciones de Dios y son capaces de dar testimonio de Él, ellos son quienes tienen las palabras de Dios como su realidad.

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Ahora, para creer en el Dios práctico, debes tomar el camino correcto. Si crees en Dios, no debes buscar solo bendiciones, sino amar y conocer a Dios. Por medio de Su esclarecimiento, mediante tu búsqueda individual, puedes comer y beber Su palabra, desarrollar un entendimiento real de Dios y tener un amor real por Dios procedente del fondo de tu corazón. En otras palabras, cuando tu amor por Dios es el más genuino y nadie puede destruirlo o interponerse en el camino de tu amor por Él, entonces estás en el camino correcto de la fe en Dios. Esto prueba que perteneces a Dios, porque Dios ya ha tomado posesión de tu corazón y nada más puede poseerte. Mediante tu experiencia, el precio que has pagado y la obra de Dios, eres capaz de desarrollar un amor espontáneo por Dios y, cuando lo hagas, te liberarás de la influencia de Satanás y llegarás a vivir en la luz de la palabra de Dios. Solo cuando te has librado de la influencia de las tinieblas puedes decir que has ganado a Dios. En tu creencia en Dios, debes intentar buscar esta meta. Esta es la responsabilidad de cada uno de vosotros. Ninguno de vosotros debería estar satisfecho con el estado actual de las cosas. No podéis tener dudas respecto a la obra de Dios ni tomarla a la ligera. Debéis pensar en Dios en todos los aspectos y en todo momento, y hacer todas las cosas por Su causa. Y cuando habléis o actuéis, debéis poner primero los intereses de la casa de Dios. Solo así podéis ser conforme al corazón de Dios.

Extracto de ‘Ya que crees en Dios, deberías vivir para la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Alguien que sirve a Dios no debería saber sólo cómo sufrir por Él; además, deben entender que el propósito de creer en Dios es buscar amor por Él. Dios se sirve de ti no solo para refinarte o hacerte sufrir, sino para que conozcas Sus acciones, para que conozcas el verdadero significado de la vida humana y, en particular, para que sepas que servir a Dios no es una tarea fácil. Experimentar la obra de Dios no consiste en disfrutar de la gracia, sino en sufrir a causa de tu amor hacia Él. Ya que disfrutas de la gracia de Dios, también debes disfrutar de Su castigo; debes experimentar todo esto. Puedes experimentar el esclarecimiento de Dios en ti, y también puedes experimentar cómo Él te trata y te juzga. De esta manera, tu experiencia será completa. Dios ha llevado a cabo su obra de juicio y castigo en ti. La palabra de Dios te ha tratado, pero no solo eso; también te ha esclarecido e iluminado. Cuando estás negativo y débil, Dios se preocupa por ti. La totalidad de esta obra es para hacerte saber que todo lo que concierne al hombre está dentro de las orquestaciones de Dios. Puedes pensar que creer en Dios consiste en sufrir o en hacer todo tipo de cosas por Él; podrías pensar que el propósito de creer en Dios tiene como fin que tu carne esté en paz o que todo en tu vida funcione sin problemas, o que te sientas cómodo y a gusto con todo. Sin embargo, ninguno de estos son propósitos que la gente debería vincular a su creencia en Dios. Si crees por estos propósitos, entonces tu perspectiva es incorrecta y resulta simplemente imposible que seas perfeccionado. Las acciones de Dios, el carácter justo de Dios, Su sabiduría, Su palabra, y lo maravilloso e insondable que Él es, todas son cosas que las personas deben tratar de entender. Como posees este entendimiento, debes utilizarlo para librar a tu corazón de todas las demandas, esperanzas y nociones personales. Solo eliminando estas cosas puedes cumplir con las condiciones exigidas por Dios, y solo haciendo esto puedes tener vida y satisfacer a Dios. El propósito de creer en Dios es satisfacerlo y vivir el carácter que Él requiere, para que Sus acciones y Su gloria se manifiesten a través de este grupo de personas indignas. Esta es la perspectiva correcta para creer en Dios, y este es también el objetivo que debes buscar. Has de tener el punto de vista correcto sobre creer en Dios y debes buscar obtener Sus palabras. Necesitas comer y beber las palabras de Dios y debes ser capaz de vivir la verdad, y, en particular, debes ser capaz de ver Sus obras prácticas, Sus maravillosas obras en todo el universo, así como la obra práctica que hace en la carne. La gente puede, a través de sus experiencias prácticas, apreciar cómo Dios hace Su obra en ellos y cuál es Su voluntad respecto a ellos. El propósito de todo esto es eliminar el carácter satánico corrupto de las personas. Al haberte deshecho de toda la inmundicia e injusticia en tu interior; y al haberte despojado de tus malas intenciones, y haber desarrollado fe verdadera en Dios; solo con fe verdadera puedes realmente amar a Dios. Puedes amar genuinamente a Dios sobre los cimientos de tu creencia en Él. ¿Puedes conseguir amar a Dios sin creer en Él? Ya que crees en Dios, no puedes estar confundido al respecto. Algunas personas se llenan de vigor tan pronto como ven que la fe en Dios les traerá bendiciones, pero luego se quedan sin energía en cuanto ven que tienen que enfrentarse a los refinamientos. ¿Eso es creer en Dios? Al final, debes lograr una obediencia completa y total delante de Dios en tu fe. Crees en Dios, pero todavía le exiges; tienes muchas nociones religiosas que no puedes abandonar, intereses personales que no puedes soltar e, incluso, buscas las bendiciones de la carne y quieres que Dios rescate tu carne, que salve tu alma; estos son todos comportamientos de personas que tienen la perspectiva equivocada. Aunque las personas con creencias religiosas tienen fe en Dios, no buscan cambiar su carácter ni buscan el conocimiento de Dios; en cambio, solo buscan los intereses de la carne. Muchos entre vosotros tenéis creencias que pertenecen a la categoría de convicciones religiosas; esa no es la verdadera fe en Dios. Para creer en Dios, las personas deben poseer un corazón preparado para sufrir por Él y la voluntad de entregarse. A menos que cumplan estas dos condiciones, su fe en Dios no es válida, y no podrán lograr un cambio en su carácter. Solo las personas que genuinamente buscan la verdad, que tratan de conocer a Dios y buscan la vida son las que verdaderamente creen en Dios.

Extracto de ‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Por qué crees en Dios? La mayoría de las personas se confunden con esta pregunta. Siempre tienen dos puntos de vista completamente diferentes acerca del Dios práctico y del Dios que está en el cielo, lo que demuestra que creen en Dios, no con el fin de obedecerlo, sino para recibir ciertos beneficios o para escapar del sufrimiento que trae el desastre, solo entonces son algo obedientes. Su obediencia es condicional, es por el bien de sus propias perspectivas personales y se les impone. Así que, ¿por qué crees en Dios? Si solo es por el bien de tus perspectivas y de tu destino, entonces sería mejor que no creyeras en absoluto. Una creencia como esta es autoengaño, consuelo y admiración hacia uno mismo. Si tu fe no se construye sobre el fundamento de la obediencia a Dios, entonces al final serás castigado por oponerte a Él. Todos los que no buscan la obediencia a Dios en su fe están en contra de Él. Dios pide que las personas busquen la verdad, que tengan sed de las palabras de Dios, coman y beban de Sus palabras y que las pongan en práctica para que puedan lograr la obediencia a Dios. Si estas son tus verdaderas intenciones, entonces con toda seguridad Dios te elevará y con toda seguridad te dará la gracia. Esto es indudable y no se puede cambiar. Si tu intención no es obedecer a Dios, y si tienes otras metas, entonces todo lo que digas y hagas, tus oraciones ante Dios e incluso cada una de tus acciones, estará en contra de Él. Puedes ser de voz suave y de trato afable, cada una de tus acciones y expresiones pueden parecer apropiadas, y puedes parecer alguien que obedece, pero cuando se trata de tus intenciones y tus puntos de vista acerca de la fe en Dios, todo lo que haces está en contra de Él, todo lo que haces es malvado. Las personas que parecen tan obedientes como corderos, pero cuyo corazón alberga malas intenciones, son lobos con piel de cordero. Ofenden directamente a Dios y Dios no perdonará a ni una sola de ellas. El Espíritu Santo revelará a todas y cada una de ellas y le mostrará a todo el mundo que todos los que son hipócritas serán, con certeza, detestados y rechazados por el Espíritu Santo. No te preocupes: Dios se encargará y dispondrá de cada una de ellas, una por una.

Extracto de ‘Debes obedecer a Dios al creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

El mayor defecto de la gente en su fe en Dios es que solo creen de palabra y Dios está totalmente ausente de sus vidas cotidianas. Todas las personas, de hecho, creen en la existencia de Dios; sin embargo, Dios no es parte de su vida diaria. De la boca de la gente salen muchas oraciones a Dios, pero Él tiene poco lugar en sus corazones, y por eso Dios la pone a prueba una y otra vez. Ya que las personas son impuras, Dios no tiene otra alternativa que probarlas para que se sientan avergonzadas y lleguen a conocerse a sí mismas en medio de las pruebas. De otro modo, la humanidad se convertiría en los descendientes del arcángel y se volvería cada vez más corrupta. En el proceso de su fe en Dios, cada persona desecha muchos de sus motivos y objetivos personales bajo la incesante purificación de Dios. De lo contrario, Dios no tendría manera de usar a nadie ni de hacer en la gente la obra que debe hacer. Dios primero purifica a la gente y, mediante este proceso, las personas llegan a conocerse a sí mismas y Dios puede cambiarlas. Solo entonces puede Dios obrar Su vida en ellas y solo así puede el corazón del hombre volverse por completo a Dios. Y por eso digo que creer en Dios no es tan sencillo como dice la gente. Tal como lo ve Dios, si solo tienes conocimiento, pero no tienes Su palabra como vida, y si estás limitado únicamente a tu propio conocimiento, pero no puedes practicar la verdad o vivir la palabra de Dios, esto es prueba de que todavía no tienes un corazón que ame a Dios y muestra que tu corazón no le pertenece. Se puede llegar a conocer a Dios creyendo en Él: esta es la meta final y el objetivo de la búsqueda del hombre. Debes dedicar esfuerzo a vivir las palabras de Dios, para que puedan hacerse realidad en tu práctica. Si solo tienes conocimiento doctrinal, entonces tu fe en Dios se quedará en nada. Solo si luego también practicas y vives Su palabra tu fe puede considerarse completa y de acuerdo con la voluntad de Dios.

Extracto de ‘Ya que crees en Dios, deberías vivir para la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Crees en Dios y lo sigues y, por tanto, en tu corazón debes amarlo. Debes apartar tu carácter corrupto, buscar cumplir el deseo de Dios y debes cumplir con el deber de una criatura de Dios. Como crees en Dios y lo sigues, debes ofrecerle todo a Él y no hacer elecciones o exigencias personales; debes lograr el cumplimiento del deseo de Dios. Como fuiste creado, debes obedecer al Señor que te creó, porque inherentemente no tienes dominio sobre ti mismo ni capacidad para controlar tu propio destino. Como eres una persona que cree en Dios, debes buscar la santidad y el cambio. Como eres una criatura de Dios, debes ceñirte a tu deber, mantener tu lugar y no excederte en tus deberes. Esto no es para limitarte ni para reprimirte por medio de la doctrina, sino que es la senda por medio de la cual puedes cumplir con tu deber; y pueden llevarlo a cabo —y deben llevarlo a cabo— todas las personas que actúan con justicia.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si crees en Dios, debes obedecerle, poner la verdad en práctica y cumplir con todos tus deberes.

Adicionalmente, debes entender las cosas que deberías experimentar. Si solo experimentas el tratamiento, la disciplina y el juicio, si solo disfrutas a Dios, pero eres incapaz de sentir cuándo te está disciplinando o tratando, esto es inaceptable. Quizás en este caso de refinamiento, te mantengas firme donde estás. Esto es aún insuficiente; debes seguir adelante. La lección de amar a Dios es infinita, y nunca tiene final. Las personas consideran que creer en Dios es demasiado simple, pero una vez que ganan alguna experiencia práctica, son conscientes de que la creencia en Dios no es tan simple como las personas imaginan. Cuando Dios obra para refinar al hombre, este sufre. Mientras mayor sea el refinamiento de una persona, mayor será su amor por Dios, y más del poder de Dios se revelará en ella. En cambio, cuanto menos refinamiento recibe una persona, menos crecerá su amor por Dios y menos poder de Dios se revelará en ellos. Cuanto mayor sea el refinamiento y el dolor de una persona así, y más grande el tormento que experimente, en más profundo se convertirá su amor por Dios, más auténtica se hará su fe hacia Él y más profundo será su conocimiento de Él. En tus experiencias, verás a gente que sufren mucho mientras son refinadas, a las que se trata y disciplina mucho, y verás que estas personas son las que tienen un profundo amor por Dios y un conocimiento más hondo y detallado de Él. Los que no han experimentado ningún trato solo tienen un conocimiento superficial y solo pueden decir: “Dios es tan bueno, les da a las personas gracia para que lo puedan gozar a Él”. Si las personas han experimentado el trato y la disciplina, entonces podrán hablar del verdadero conocimiento de Dios. Por tanto, cuanto más maravillosa es la obra de Dios en el hombre, más valiosa e importante es; cuanto más impenetrable te sea y cuanto más incompatible sea con tus concepciones, más puede la obra de Dios conquistarte, ganarte y perfeccionarte. ¡Qué inmenso es el significado de la obra de Dios! Si Dios no refinara al hombre de esta manera, si Él no obrara por este medio, entonces Su obra sería ineficaz y no tendría significado. En el pasado se dijo que Dios escogería y ganaría a este grupo, y los completaría en los últimos días; en esto hay un extraordinario significado. Cuanto mayor es la obra que Él lleva a cabo dentro de vosotros, más profundo y puro es vuestro amor por Dios, y cuanto mayor la obra de Dios, más puede el hombre entender algo de Su sabiduría y más profundo es el conocimiento que el hombre tiene de Él.

Extracto de ‘Los que serán hechos perfectos deben someterse al refinamiento’ en “La Palabra manifestada en carne”

El requisito primordial de la creencia del hombre en Dios es que tenga un corazón sincero, que se entregue por completo y que obedezca realmente. Lo más difícil para el hombre es entregar toda su vida a cambio de una creencia verdadera, a través de la cual puede obtener toda la verdad y cumplir con su deber como criatura de Dios. Esto es inalcanzable para aquellos que fracasan y lo es incluso más para quienes no pueden encontrar a Cristo. Como el hombre no es bueno en entregarse totalmente a Dios, como no está dispuesto a cumplir con su deber para el Creador, como ha visto la verdad pero la evita y camina por su propia senda, como siempre busca siguiendo la senda de los que han fracasado y como siempre desafía al Cielo, por eso siempre fracasa y cae en las artimañas de Satanás y es atrapado en su propia red. Como el hombre no conoce a Cristo, como no es experto en el entendimiento y la experiencia de la verdad, como es demasiado respetuoso de Pablo y demasiado codicioso del cielo, como siempre está exigiendo que Cristo le obedezca y dándole órdenes a Dios, por eso esas grandes figuras y aquellos que han experimentado las vicisitudes del mundo siguen siendo mortales y siguen muriendo en medio del castigo de Dios. Todo lo que puedo decir de tales personas es que tienen una muerte trágica y que la consecuencia para ellas —su muerte— no se produce sin justificación. ¿No es su fracaso aún más intolerable para la ley del Cielo? La verdad viene del mundo del hombre, pero la verdad entre los hombres es transmitida por Cristo. Se origina en Cristo, es decir, en Dios mismo, y esto no es algo de lo que sea capaz el hombre. Sin embargo, Cristo sólo provee la verdad; Él no viene a decidir si el hombre tendrá éxito en su búsqueda de la verdad. Por tanto, se deduce que el éxito o el fracaso en la verdad depende de la búsqueda del hombre. El éxito o fracaso del hombre sobre la verdad nunca ha tenido nada que ver con Cristo, sino que viene determinado por su búsqueda. El destino del hombre y su éxito o fracaso no pueden achacarse a Dios, haciendo que Él mismo cargue con ello, porque este no es un asunto de Dios mismo, sino que está directamente relacionado con el deber que las criaturas de Dios deben cumplir.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

Recomendación: ¿Qué es la fe en Dios?

¿Qué es adorar a Dios? Y ¿Cómo adorar a Dios en espíritu y en verdad?

¿Qué es adorar a Dios? Y ¿Cómo adorar a Dios en espíritu y en verdad?

Por Xianxin

El Señor dijo: “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24). El Señor requiere que adoremos a Dios en espíritu y en verdad, porque sólo de esa manera podemos ganar Su aprobación. Pero, ¿qué implica exactamente adorar a Dios en espíritu y en verdad? Algunos hermanos y hermanas creen que orar diligentemente y leer la Biblia todos los días es adorar a Dios, y algunas personas creen que asistir a las reuniones a tiempo e ir a la Iglesia cada semana es adorar a Dios, todavía hay otros que creen que trabajar duro, sacrificarse y dedicándose al Señor es adorar a Dios, y así sucesivamente. Hay muchas maneras de practicar la adoración a Dios, pero ¿lo estamos adorando en espíritu y en verdad? ¿Aprecia Dios este tipo de práctica? Vamos a compartir esto juntos.

1. ¿Estamos practicando la verdad, o aferrándonos a reglas y rituales?

Desde el momento en que comenzamos a creer en el Señor, aunque podamos orar, leer la Biblia y cantar himnos todos los días, e ir a la iglesia, alabar al Señor y escuchar sermones cada semana, ¿adorar a Dios en espíritu y en verdad implica sólo estas prácticas externas? Podemos recordar que cuando la mujer samaritana le preguntó al Señor Jesús dónde debía adorar a Dios, y el Señor Jesús respondió: “[…] la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. […] cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:21, 23-24). El Señor Jesús claramente le dijo a la gente la voluntad y los requisitos de Dios: No importa dónde uno adore a Dios, ni debe seguir ninguna regla o ceremonia, sino más bien uno debe adorar a Dios en espíritu y en verdad. Este es también nuestro principio de práctica para adorar a Dios. Pero la mayoría de las veces sólo centramos nuestro esfuerzo en nuestras prácticas externas; tenemos cuidado de orar un poco más y decir un poco más; leemos versículos en la Biblia una y otra vez, tratando de memorizarlos; asistimos a la iglesia todo el tiempo, haya viento o lluvia, esté caliente o frío; organizamos todo tipo de actividades u organizamos diversos espectáculos para alabar al Señor, y siempre participamos con una actitud positiva; y así sucesivamente. Desde el exterior, parece que estamos realizando mucho esfuerzo y estamos pagando un alto precio para alabar al Señor, y que sufrimos mucho, pero ¿cuántas veces hablamos lo que hay en nuestro corazón cuando oramos a Dios? ¿Cuántas veces durante el tiempo en que leemos la Biblia, cantamos himnos o asistimos a la Iglesia y escuchamos sermones, hacemos esfuerzos para estar cerca de Dios y meditar las palabras del Señor? ¿Cuántas veces, al adorar a Dios, buscamos la voluntad del Señor y comprendemos las palabras del Señor? Algunos hermanos y hermanas han practicado de esta manera durante muchos años, sin embargo, todavía no entienden la verdad, no tienen conocimiento del Señor, y cuando las cosas les suceden, todavía pecan con frecuencia y viven dentro de la esclavitud y las limitaciones del pecado. En esto nos enfrentamos a un problema serio, que es que la mayor parte del tiempo que pasamos orando, leyendo la Biblia, yendo a la Iglesia y escuchando sermones, simplemente estamos pasando yendo con la corriente. En realidad, no estamos adorando a Dios en espíritu y en verdad, ni estamos practicando la verdad para satisfacer a Dios. No importa lo bien que podamos mantener estas prácticas externas, Dios no lo aprueba.

Entonces, ¿cómo podemos adorar a Dios en espíritu y en verdad al orar o leer la Biblia? Leamos un pasaje de las palabras de Dios juntos. Las palabras de Dios dicen: “Una vida espiritual normal es vivir una vida ante Dios. Cuando uno ora, puede acallar su corazón ante Él y, a través de la oración, puede buscar el esclarecimiento del Espíritu Santo, entender las palabras de Dios, y entender la voluntad de Dios. Al comer y beber las palabras de Dios, se puede ser más claro y más lúcido respecto a lo que Dios quiere hacer ahora mismo, tener una nueva senda de práctica y no ser conservador de manera que toda la práctica de uno tenga el propósito de lograr el progreso en la vida. Por ejemplo, la oración de uno no tiene como propósito pronunciar algunas palabras bonitas o llorar a gritos delante de Dios para expresar la deuda propia, sino, más bien, practicar ejercitando el espíritu propio, acallar el propio corazón delante de Dios, practicar la búsqueda de la guía de las palabras de Dios en todas las cosas, hacer del corazón propio un corazón que sea atraído hacia la nueva luz cada día; no ser pasivo ni perezoso y entrar en la senda correcta de practicar las palabras de Dios” (‘Respecto a una vida espiritual normal’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios nos muestran el camino de la práctica. Cuando oramos, debemos prestar mucha atención para hablar a Dios desde el corazón, para hablar honestamente y para confiar en Dios nuestras dificultades prácticas y nuestro estado real. Y, cuando leemos la Biblia, cantamos himnos, vamos a la iglesia o escuchamos sermones, nuestros corazones siempre deben centrarse en buscar la verdad, buscar la guía y la iluminación del Espíritu Santo, contemplando las palabras de Dios, para que podamos entender la voluntad de Dios a través de Sus palabras, conocer a Dios y tener un camino de práctica y entrada. Sólo esto es adorar a Dios en espíritu y en verdad. Si practicamos a menudo de esta manera, experimentaremos un crecimiento continuo en la vida.

2. ¿Nos dedicamos a Dios por el bien de amarlo y satisfacerlo?

Después de creer en el Señor, muchos hermanos y hermanas renuncian y gastan para el Señor y llevan a cabo sus tareas en medio de grandes adversidades. Algunos hacen donaciones frecuentes, algunos están ocupados con la difusión del Evangelio, otros dan sermones dondequiera que van, y algunos incluso abandonan sus matrimonios y sirven al Señor por el resto de sus vidas… Muchos hermanos y hermanas creen que esto es adorar a Dios en espíritu y en verdad. Pero, ¿alguna vez hemos considerado si pagamos este precio para amar y satisfacer al Señor? Si lo pensamos detenidamente, aunque trabajemos y prediquemos el Evangelio para el Señor, a veces todavía nos mostramos y testificamos a nosotros mismos a través de compartir la Biblia para ganar la estima y el apoyo de los demás, y para establecer nuestra propia posición e imagen. Aunque algunos hermanos y hermanas abandonan, gastan, se dedican y trabajan, poseen muchas impurezas, y hacen estas cosas por el bien de obtener recompensas y coronas, y para que puedan disfrutar de las bendiciones del reino celestial… Entonces podemos ver que pagamos un precio y no nos dedicamos con un corazón sincero por consideración a la carga de Dios y para satisfacer la voluntad de Dios, sino que trabajamos, predicamos el Evangelio, entregamos las cosas y nos dedicamos para satisfacer nuestros propios deseos egoístas, y luchamos por nuestro propio futuro y posiciones. Esto no es adorar a Dios en espíritu y en verdad. Pagar un precio y depender de esta manera es negociar con Dios, y no puede ganar la aprobación del Señor. El Señor Jesús dijo: “Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?». Y entonces les declararé: «Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad»” (Mateo 7:22-23). El Señor condenó a las personas que predicaban y trabajaban para Él como personas que trabajaban en la iniquidad. Esto se debió a que no adoraban a Dios en espíritu y en verdad, ni se ofrecían sinceramente por Dios. En cambio, deseaban trabajar por el Señor a cambio de recompensas y bendiciones. Lucharon y trabajaron por el bien de sus propios destinos finales, y por la fama, la fortuna y el estatus. En última instancia, no sólo no ganaron la aprobación del Señor por el precio que pagaron, sino que, por el contrario, fueron condenados por el Señor. Tomemos como ejemplo a los fariseos de la época. Durante generaciones, leyeron la Escritura y asistieron al templo con todos los climas para adorar a Jehová Dios. Viajaron por tierra y mar para difundir el evangelio de Jehová, se entregaban al renunciar a sus familias y negocios, y sufrieron mucho. Pero nada de lo que hicieron se hizo por amor a Dios o satisfacer a Dios, sino que se hizo por el bien de sus propias posiciones y medios de vida. Cuando el Señor Jesús vino a realizar Su obra, sabían perfectamente que las obras y las palabras del Señor Jesús poseían autoridad y poder, y que todo provenía de Dios, pero que no buscaban ni investigaban en absoluto. En cambio, definieron al Señor de acuerdo con sus propias nociones e imaginaciones, creyendo que un hombre que no era llamado Mesías no podía ser Dios. En particular, cuando vieron el creciente número de personas comunes que seguían al Señor Jesús, tuvieron miedo de que ya nadie los siguiera, y de que sus posiciones y medios de vida fueran insostenibles. Y así, aprovechaban todas las oportunidades para atacarlo, juzgarlo, condenarlo y blasfemarlo, hasta que finalmente crucificaron al Señor Jesús. A partir de esto, podemos ver que los fariseos no adoraron a Dios en espíritu y en verdad. Parecían piadosos por fuera, pero su esencia era hipócrita y engañosa, y por lo tanto el Señor Jesús les reprendió, diciendo: “Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! […]” (Mateo 23:13).

El Señor Jesús dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37). Dios requiere que persigamos el amor de Él, y que cuando gastamos para Dios y nos ocupamos trabajando por Dios, se debe hacer sobre el fundamento de amar a Dios y satisfacer a Dios. Debemos ser sinceramente considerados de la carga de Dios y satisfacer Su voluntad, libres de cualquier impureza o negociación personal, y no hacer estas cosas para obtener bendiciones o coronas, sólo esto es adorar al Señor en espíritu y en verdad. Tomemos a Pedro, por ejemplo. Después de que el Señor Jesús resucitó, le preguntó a Pedro tres veces: “[…] Simón, hijo de Juan, ¿me amas? […] Pastorea mis ovejas” (Juan 21:16). De Su pregunta, Pedro comprendió los requisitos del Señor y la tarea que el Señor le había confiado: perseguir convertirse en alguien que amaba y satisfacía a Dios, hacer todo lo que estuviera en su poder para alimentar a las ovejas de Dios y completar la comisión de Dios. Pedro grabó la tarea que el Señor le había confiado en su corazón, y en su obra posterior, buscó aún más amar y satisfacer a Dios con todo su corazón y alma. Difundió el evangelio del Señor en todas las direcciones, y testificó las palabras y la voluntad del Señor a más personas. En su obra, exaltó y testificó al Señor en todos los sentidos, y dirigió a sus hermanos y hermanas utilizando la verdad que entendía, los llevó a todos ante el Señor y les enseñó a respetar al Señor por encima de todo. Además, cuando Pedro encontró persecución y adversidad, pudo jurar lealtad al Señor hasta la muerte, de modo que, al final, sacrificó todo lo que tenía, incluso su vida, por el Señor. Fue crucificado colgado boca abajo, dando así testimonio de su amor extremo por Dios y su voluntad de obedecer hasta la muerte. Pedro adoraba a Dios en espíritu y en verdad, se dedicó con un corazón que amaba a Dios y, al final, se convirtió en alguien que deleitaba al Señor, y a quien el Señor alabó.

De la comunión anterior, podemos ver que, si queremos adorar a Dios en espíritu y en verdad, debemos usar nuestro corazón para acercarnos a Dios, procurar entender la voluntad y los requisitos de Dios de Sus palabras, practicar las palabras de Dios en nuestra vida diaria y no aferrarnos a rituales y reglas. Al mismo tiempo, debemos ser capaces de abandonar sinceramente y dedicarnos a Dios sin pedir nada a cambio ni establecer ninguna condición, sino que debemos amar y satisfacer al Señor con todo nuestro corazón y alma. De esta manera, podemos adorar a Dios en espíritu y en verdad. Sólo practicando de esta manera podemos entender la verdad y lograr el crecimiento en nuestras vidas, y sólo entonces ganaremos la aprobación de Dios a través de la dedicación.

Traducido del original en inglés al español por Xinia Arias Quirós

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

El misterio de la “resurrección de un hombre muerto”

Li Cheng

Hermanos y hermanas, ¡paz a vosotros! Gracias al Señor por Sus preparativos que nos han permitido comunicar las verdades de las Escrituras aquí. Que el Señor nos guíe. Hoy, quiero hablaros a todos sobre el tema de la “resurrección de un hombre muerto”.

Como saben todas las personas que creen en el Señor, la “resurrección de un hombre muerto” se refiere al tiempo en el que el Señor Jesús regresa. Es también una situación que nosotros como cristianos esperamos ver con impaciencia. Ahora bien, ¿cómo puede resucitar un “hombre muerto”? Muchas personas pensarían en el capítulo 37, versículos 5-6 del libro de Ezequiel: “Así dijo el Señor Jehová a estos huesos: Mirad, haré que entre el aliento en vosotros y viviréis. Y Yo pondré tendones sobre vosotros y haré crecer carne sobre vosotros, y os cubriré con piel, y pondré aliento en vosotros y viviréis; y sabréis que Yo soy Jehová”.* En el Evangelio de Juan capítulo 6, versículo 39, el Señor Jesús dijo: “Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. En el capítulo 15 del libro de 1 Corintios, los versículos 52-53 dicen: “En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”. Además, si las personas leen el significado literal de la Biblia, creerán: en los últimos días, cuando el Señor esté a punto de descender, ocurrirán muchas cosas grandes y milagrosas. Con Su omnipotencia, Él resucitará los cuerpos de los santos que han estado durmiendo durante generaciones. Él los resucitará de sus tumbas, de debajo de la tierra o del mar. Se dará nueva vida inmediatamente a los miles de esqueletos que ya se han descompuesto debajo de la tierra o del mar. La descomposición desaparecerá mágicamente y ellos entrarán en la gloria. ¡Qué espectacular sería esta escena! […] Estas son también nuestras perspectivas e imaginaciones sobre la “resurrección de un hombre muerto”. ¿Cómo se cumplirá esta profecía? ¿Va a ser realmente tan milagrosa como imaginamos que va a ser? ¿Cumplirá el Señor este asunto conforme a nuestras imaginaciones?

Todos sabemos que la sabiduría de Dios es más alta que los cielos. Lo que Dios hace sobrepasa nuestros pensamientos e imaginaciones. En la Biblia, se ha registrado: “Ya que Mis pensamientos no son los de vosotros, ni vuestros caminos son los míos, dijo Jehová. Ya que los cielos son más altos que la tierra y Mis caminos más altos que los de vosotros y Mis pensamientos que los de vosotros” (Isaías 55:8-9).* Como creaciones delante de Dios, somos insignificantes e inferiores como el polvo. Nunca podremos comprender la obra de Dios. Esto es parecido a los registros en la Biblia del Señor Jesús hablando con Nicodemo sobre la verdad del nuevo nacimiento: “El que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Nicodemo entendió las palabras del Señor Jesús en un sentido literal. Creyó que “nuevo nacimiento” significaba salir de nuevo del vientre de la madre. Al usar su cerebro e imaginación, entendió un asunto espiritual como si fuera un asunto del mundo material. Esta clase de aceptación es muy errónea. Además, cuando el Señor Jesús habló con una mujer samaritana, le dijo: “Pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (Juan 4:14). En ese momento, la mujer samaritana no entendió lo que el Señor Jesús estaba diciendo. Ella pensó que el agua que el Señor estaba ofreciendo era la misma que los hombres bebían. Como consecuencia, ella dijo: “Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga hasta aquí a sacarla” (Juan 4:15). Realmente, el “agua” a la que el Señor Jesús estaba refiriéndose era la palabra del Señor. Él se estaba refiriendo al agua de vida. La mujer samaritana sólo entendió el significado literal de lo que el Señor Jesús dijo y de esta forma, malinterpretó el significado. A partir de esto podemos ver que la palabra de Dios es la verdad. Esta oculta el misterio de la obra de Dios. Si Dios no revelara estos misterios, nuestro entendimiento sería muy limitado. De igual manera, si sólo entendemos el significado literal de la profecía de la “resurrección de un hombre muerto”, ¿no estaríamos cometiendo el mismo error que Nicodemo y la mujer samaritana? Por tanto, cuando se trata de profecías, debemos mantener la reverencia, buscar más, no interpretar el texto literalmente, no apoyarnos en nuestras imaginaciones y nociones para decidir y además, no apoyarnos en nuestro propio significado personal para explicarlas.

Ahora bien, ¿a qué se refiere la “resurrección de los muertos”? ¿A qué se refieren “hombre muerto” y “hombre vivo”? Durante miles de años, ni una sola persona ha podido responder claramente a esta pregunta. Sólo Dios puede abrir estos misterios. Ahora, Dios ya ha regresado en la forma de Dios Todopoderoso encarnado. Él ha expresado millones de palabras y revelado todos los misterios que están dentro de la Biblia. Echemos un vistazo juntos a las palabras de Dios Todopoderoso. Él dice: “Dios creó al hombre, pero entonces Satanás lo corrompió, tanto que las personas se convirtieron en ‘muertos vivientes’. Así, después de que hayas cambiado, ya no serás como esos ‘muertos vivientes’. Son las palabras de Dios las que otorgan la luz a los espíritus de las personas y hacen que vuelvan a nacer, y cuando renacen, entonces cobran vida. Al hablar de ‘muertos vivientes’ me refiero a cadáveres que no tienen espíritu, a personas cuyos espíritus han muerto en su interior. Entonces, cuando se enciende la chispa de la vida en los espíritus de las personas, estas cobran vida. Los santos de los que antes se hablaba se refieren a las personas que han cobrado vida, aquellas que estuvieron bajo la influencia de Satanás pero que lo derrotaron. […] Originalmente el hombre que Dios hizo estaba vivo, pero debido a la corrupción de Satanás, el hombre vive en medio de la muerte y bajo la influencia de Satanás, y así, de esta manera, la gente se ha convertido en muertos sin espíritu, se han convertido en enemigos que se oponen a Dios, se han convertido en las herramientas de Satanás, y se han convertido en los cautivos de Satanás. […] Los muertos son los que no tienen espíritu, son insensibles en extremo y se oponen a Dios. Son ante todo aquellos que no conocen a Dios. Estas personas no tienen la más mínima intención de obedecer a Dios; sólo se rebelan contra Él y se oponen a Él, y no tienen la más mínima lealtad. Los vivos son aquellos cuyos espíritus han vuelto a nacer, que saben obedecer a Dios y son leales a Dios. Poseen la verdad y el testimonio y sólo estas personas son agradables a Dios en Su casa. Dios salva a los que pueden cobrar vida, pueden ver la salvación de Dios, pueden ser leales a Dios y están dispuestos a buscar a Dios. Él salva a los que creen en la encarnación de Dios y creen en Su aparición” (‘¿Eres alguien que ha cobrado vida?’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios Todopoderoso nos han explicado qué significan “persona muerta” y “persona viva”. En el principio, Dios creó a los antepasados de la humanidad, Adán y Eva. Ellos eran seres humanos con espíritu. Eran personas meticulosas e inteligentes y podían manifestar a Dios y honrarlo. Después, fueron tentados por Satanás para que comieran del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Como consecuencia, se llenaron del veneno de Satanás. Ya no se dedicaron a Dios ni le obedecieron. Habían perdido la imagen del hombre que Dios había creado en el principio. Aunque sus cuerpos seguían vivos, a ojos de Dios, ellos ya se habían convertido en personas muertas sin espíritu. Actualmente, estamos siendo corrompidos de una forma cada vez más profunda por Satanás. Estamos llenos de caracteres corruptos satánicos como arrogancia, egoísmo, traición, malicia y avaricia. Se ha llegado al punto en el que nos enfrentamos a algo que no es conforme a nuestras nociones, nos quejamos a Dios, lo juzgamos, nos resistimos a Él y lo traicionamos a Dios. A ojos de Dios, somos personas muertas sin espíritu. A partir de esto, podemos ver que “persona muerta” se refiere a los que están viviendo bajo la influencia de Satanás, a los que tienen naturalezas corruptas que se resisten a Dios y a los que son enemigos de Dios. Alternativamente, “persona viva” se refiere a los que se han desprendido del carácter satánico corrupto, los que han restaurado su conciencia y sentido, los que entienden a Dios, los que obedecen a Dios y los que aman a Dios. Estas personas tienen un lugar para Dios en su corazón. En todos los asuntos, pueden buscar la verdad, comprender las intenciones de Dios, poner en práctica la verdad de las palabras de Dios y no confiar más en las reglas de vida de Satanás. Son personas que han triunfado sobre la influencia de Satanás y han regresado a Dios. Son personas vivas con espíritu y que han sido verdaderamente resucitadas de los muertos.

Después de entender la diferencia entre “persona muerta” y “persona viva”, algunos hermanos y hermanas pueden preguntar: ¿cómo se cumplirá la profecía de la “resurrección de un hombre muerto”? Antes de responder a esta pregunta, echemos un vistazo a un ejemplo. Aunque nuestros pecados hayan sido expiados y perdonados por el Señor Jesús, la raíz de nuestro pecado aún no ha sido resuelta. Seguimos viviendo dentro de un carácter corrupto satánico. Cometemos pecados y los admitimos un día sí y otro también. Por ejemplo: somos incapaces de acatar los mandamientos de Dios y de poner en acción las palabras de Dios. Somos como esas personas en el mundo secular que siguen las tendencias del mundo, deseando riqueza y placer carnal. Somos arrogantes y engreídos, deshonestos y traicioneros, y egoístas y vulgares. Estamos controlados por nuestra naturaleza satánica. Frecuentemente contradecimos a Dios y nos resistimos a Él. Nos gusta revelarnos a nosotros mismos en medio de las multitudes. Damos testimonio de nosotros mismos de forma que los demás nos consideren muy bien y competimos por estatus con Dios. Para nuestro beneficio personal, podemos hacer cosas traicioneras, mentir para engañar a las personas y luchar abiertamente y manipular encubiertamente con otros. Incluso podemos jurar en falso y hacer promesas vacías delante del Señor. Aunque nuestra boca dice que amamos al Señor, esencialmente, estamos negociando con el Señor. Externamente, estamos trabajando duro, desechando y gastando, pero estamos haciendo estas cosas con la esperanza de negociar el otorgamiento y la bendición de Dios. Creemos en Dios, pero no lo honramos como grande. No tenemos un lugar para el Señor en nuestro corazón. En su lugar, adoramos a las celebridades, a grandes personas, pastores y ancianos, etc. Si no podemos purificar nuestro carácter corrupto, ¿cómo podemos convertirnos en personas vivas y cómo podemos alcanzar la aprobación de Dios y entrar en el reino de los cielos? Como consecuencia, seguimos requiriendo que Dios represente un paso más de la salvación.

El Señor Jesús dijo: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13). Claramente, Dios regresará en los últimos días para expresar la verdad y llevar a cabo la etapa final de Su obra de conceder vida al hombre. Las palabras de Dios Todopoderoso dicen: “Si las personas quieren convertirse en seres vivientes y dar testimonio de Dios, y que Dios las apruebe, entonces deben aceptar la salvación de Dios; se deben someter gustosamente a Su juicio y castigo y deben aceptar gustosamente la poda de Dios y ser tratadas por Él. Sólo entonces podrán poner en práctica todas las verdades que Dios exige, y sólo entonces obtendrán la salvación de Dios y se convertirán verdaderamente en seres vivientes” (‘¿Eres alguien que ha cobrado vida?’ en “La Palabra manifestada en carne”). En los últimos días, con el fin de salvarnos de la influencia de Satanás, Dios se ha encarnado de nuevo. Él usa el nombre de Dios Todopoderoso para desarrollar Su obra de juicio que empieza desde Su casa. Nosotros hemos experimentado el juicio y la reprensión, el trato y la poda, y las pruebas y el refinamiento de las palabras de Dios. Entendemos verdaderamente el hecho de nuestra propia resistencia y contradicción de Dios y nuestra naturaleza y esencia satánicas. Al mismo tiempo, tenemos un poco de entendimiento del carácter justo y santo de Dios. Vemos que la salvación de Dios es muy práctica. Además, odiamos y traicionamos nuestro propio carácter corrupto. Estamos dispuestos a poner la verdad en acción, confiar en las palabras de Dios para vivir como seres humanos, desechar nuestro carácter corrupto y satisfacer las intenciones de Dios. Hemos recibido las verdades que Dios expresa y las hemos convertido en nuestra vida. Hemos alcanzado la verdadera obediencia a Dios, el amor por Dios y vivimos una forma verdaderamente humana. Así es como una “persona muerta” puede cambiar en una “persona viva”. Esta es la resurrección de los muertos. Esto también cumple las palabras del Señor Jesús: “Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final” (Juan 6:39). Claramente, la “resurrección” se cumple mediante la obra de juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días y no es tan sobrenatural como las personas imaginan que es. Hermanos y hermanas, lo que Dios quiere son personas vivas y no muertas. Sólo las personas vivas pueden honrar a Dios y dar testimonio de Él. Sólo las personas vivas son aptas para heredar la promesa de Dios –entrar en el reino de los cielos–. ¡Siempre que aceptemos la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, experimentemos las palabras de juicio y reprensión de Dios y aceptemos la verdad como nuestras vidas, podemos ser resucitados de los muertos!

¡Gracias a Dios! ¡Toda la gloria pertenece a Dios!

Recomendación: Enseñanza bíblica cristiana

Unas citas bíblicas son tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

Música cristiana en español | «Sigue a Dios por el camino difícil» Ama a Dios sin quejas

Música cristiana en español | «Sigue a Dios por el camino difícil» Ama a Dios sin quejas

I

Tú te esfuerzas por Dios,

yo me consagro a Él,

Mi familia me dejó,

el mundo me calumnió.

El camino para seguir a Dios

no es nada fácil.

Dedico mi alma y corazón

a expandir el reino de Dios.

He visto

las estaciones cambiar.

Recibo el gozo

y dolor que vendrán.

Para cumplir Sus requisitos,

Sus planes obedezco.

Sufriré toda la vida,

¡complaceré Su corazón!

Sufriré toda la vida,

¡complaceré Su corazón!

II

En la senda para amar a Dios,

soporto duras pruebas.

El peligro y la angustia

no provocan ni una queja.

Aunque mi carne sienta dolor,

mi corazón ama a Dios.

En todo lugar,

soy testigo de Sus obras.

He visto

las estaciones cambiar.

Recibo el gozo

y dolor que vendrán.

Para cumplir Sus requisitos,

Sus planes obedezco.

Sufriré toda la vida,

¡complaceré Su corazón!

Sufriré toda la vida,

¡complaceré Su corazón!

III

Las pruebas y tribulación

pesan mucho sobre mí.

Vivo los altibajos de la vida.

Pero quiero hacer Su voluntad,

y dedicarle todo mi ser.

Me he hecho a la idea

de sufrir toda la vida.

Sufriré toda la vida,

¡complaceré Su corazón!

Sufriré toda la vida,

¡complaceré Su corazón!

De “Seguir Al Cordero Y Cantar Nuevos Cánticos”

¿Cómo aprender a leer la Biblia y entenderla?

¿Cómo aprender a leer la Biblia y entenderla?

Xiao Xiao (Francia)

La lectura de la Biblia es una obligación diaria para los cristianos, además de indispensable en la senda hacia la verdad y la madurez en la vida espiritual. El Señor Jesús dijo: “Escrito está: ‘No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’” (Mateo 4:4). Es evidente que leer las palabras de Dios con frecuencia y valorarlas con el corazón es obligación de todo cristiano, pero ¿cómo debemos leer la Biblia para recibir la guía del Espíritu Santo y lograr resultados positivos? Esta es una cuestión de suma importancia para nosotros. Es probable que todos hayamos leído la Escritura de la siguiente manera. A veces somos capaces de recibir el esclarecimiento y la guía de Dios y de entender Su voluntad y Sus exigencias; nuestro espíritu se conmueve y tenemos fe y determinación para practicar las palabras de Dios en la vida diaria. Cada vez nos gusta más asistir a reuniones, orar y leer la Escritura y durante ese tiempo, además, maduramos en la vida espiritual. Sin embargo, algunas veces no disfrutamos la lectura de la Biblia y no percibimos el esclarecimiento ni la iluminación del Espíritu Santo. Sólo entendemos el significado literal de los pasajes bíblicos y nos falta sentido de la voluntad y las exigencias de Dios; no sabemos defender las palabras de Dios en la vida diaria y no maduramos espiritualmente. En ocasiones puede que hasta nos entre sueño leyendo la Biblia y cada vez tengamos menos ganas de hacerlo, de asistir a reuniones y de orar. Esto puede ser muy confuso. Si leemos la Biblia como siempre, ¿por qué se dan dos resultados totalmente distintos? ¿Cómo podemos leer la Biblia para obtener resultados positivos? A fin de recibir luz a partir de la lectura de la Biblia, comprendiendo estos tres principios podemos acercarnos más a Dios y recibir Su esclarecimiento y guía con facilidad.

1. Al leer la Biblia, es imprescindible sosegar el corazón ante Dios para recibir el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo.

Aunque perseveremos en la lectura diaria de la Biblia a una hora fija, si no sosegamos el corazón ante Dios durante ese tiempo, simplemente leeremos la Biblia mientras pensamos en cómo ocuparnos de los asuntos familiares o laborales. Esa manera de leer la Escritura se limita a seguir una norma y llevar a cabo un ritual. En tal caso, es probable que lo hagamos mecánicamente y alcancemos una comprensión superficial; de ningún modo podremos recibir esclarecimiento del Espíritu Santo, no adquiriremos nueva luz y, naturalmente, ya no tendremos gozo espiritual. Especialmente en una época tan acelerada, las ocupaciones laborales y las complicadas relaciones interpersonales nos dejan exhaustos de cuerpo y mente, así que, cuando leamos la Escritura, debemos tener todavía más en cuenta el sosiego ante Dios y meditar con esmero Sus palabras. Esta es la única vía para recibir esclarecimiento y guía del Espíritu Santo.

Dice la palabra de Dios: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren” (Juan 4:23). “Acallar el corazón en presencia de Dios es el paso más crucial para entrar en Sus palabras. […] Solo después de que las personas son capaces de estar en paz delante de Dios, el Espíritu Santo puede tocarlas y las puede esclarecer e iluminar, y solo entonces pueden tener comunión verdadera con Dios y pueden entender Su voluntad y la guía del Espíritu Santo” (“Acerca de acallar el corazón delante de Dios”). En las palabras de Dios comprobamos que Él nos exige que lo adoremos con honestidad de espíritu. Si deseamos ser movidos por el Espíritu Santo y conseguir resultados positivos de la lectura de la Biblia, debemos sosegarnos ante Dios, meditar con esmero Sus palabras y escuchar Su guía, pues el tiempo que pasamos leyendo la Escritura es también el tiempo que tenemos para acercarnos a Dios, adorarlo y entender verdades de la Escritura. Sólo si veneramos a Dios de corazón, nos volcamos de todo corazón en Sus palabras y buscamos y meditamos sinceramente podemos recibir esclarecimiento y orientación del Espíritu Santo, ser movidos por Él y comprender el sentido de las palabras de Dios. Por tal motivo, antes de leer la Biblia debemos encontrar un lugar tranquilo y evitar a las personas, circunstancias o cosas que puedan distraernos. Debemos hacer una oración antes de empezar, sosegar deliberadamente el corazón ante Dios y pedirle que nos guíe para que entendamos la verdad de Sus palabras. Cuando nos volcamos de todo corazón en las palabras de Dios podemos recibir Su esclarecimiento y guía, y no sólo podemos comprender Su voluntad y Sus exigencias, sino también aprender nuevas perspectivas y conocimientos sobre Sus palabras. Cuanto más practiquemos esto, más oportunidades tendremos de ser movidos por el Espíritu Santo al leer la Escritura y seremos capaces de descubrir qué podemos hacer para cumplir la voluntad de Dios. Entonces maduraremos en la vida espiritual con mayor rapidez.

2. No leas por leer: elige pasajes acordes a tus problemas y dificultades reales.

En primer lugar, hemos de saber que leer la Biblia no implica seguir una norma ni llevar a cabo una tarea. Se trata, más bien, de resolver nuestros problemas y dificultades de carácter práctico para tener un sendero de práctica en nuestra vida diaria. Sin embargo, estamos sujetos a error en la lectura de la Biblia; a veces nos limitamos a seguir las normas y pasar de un capítulo a otro, de un versículo a otro, o leemos cualquier página a la que llegamos sin rumbo. Leer la Escritura así, sin ningún objetivo, no da resultados positivos. Es como si un enfermo intenta tratar su enfermedad: no puede esperar una mejoría tomándose cualquier medicamento, sino que primero tiene que entender qué ha provocado realmente la enfermedad y de qué tipo es para poder recuperar la salud con el medicamento adecuado a su patología concreta. Lo mismo sucede al leer la Escritura. La palabra de Dios dice: “Cuando comas y bebas de las palabras de Dios, deberás comparar con ellas la realidad de tu estado. Es decir, cuando descubras tus defectos en el transcurso de tu experiencia real, deberás saber encontrar una senda de práctica y dar la espalda a tus motivaciones y nociones incorrectas. Si siempre te esfuerzas por estas cosas y pones todo tu corazón en lograrlas, tendrás una senda que seguir, no te sentirás vacío y, por tanto, podrás mantener un estado normal. Solo entonces serás una persona que soporta una carga en la vida, que tiene fe” (“Práctica (7)”). Con las palabras de Dios comprendemos que debemos tener en cuenta las dificultades y los problemas que nos encontramos en nuestra vida normal y que leer las palabras de Dios selectivamente es la única vía para lograr resultados positivos. Por tanto, antes de hacer la lectura diaria de las palabras de Dios, primero hemos de pensar un poco en nuestra situación espiritual actual, en la clase de personas, circunstancias y cosas a que nos hemos enfrentado últimamente, en el aspecto de la verdad con el que guardan relación y en el tipo de práctica que debemos tener para cumplir la voluntad de Dios. Entonces podremos buscar conscientemente, para su lectura, unas palabras de Dios adecuadas a nuestras dificultades reales. Esto es así porque las palabras de Dios dejarán al descubierto nuestras motivaciones incorrectas y nuestra corrupción, lo que puede señalarnos el sendero correcto de práctica. Siempre que actuemos según las exigencias de Dios y desechemos nuestras motivaciones y perspectivas incorrectas, nuestros problemas se resolverán y nuestra situación espiritual y nuestra relación con Dios podrán ir mejorando. Incorporando nuestros problemas personales a la lectura de la Biblia podemos lograr resolver nuestros problemas prácticos.

Por ejemplo, digamos que surge un conflicto entre nosotros y nuestra familia, o nuestros hermanos y hermanas, y no somos tolerantes ni pacientes con ellos, sino que damos muestras de mal genio. Para empezar, debemos aprender a sosegarnos ante Dios, plantearnos con qué aspecto de la verdad guarda relación este problema, qué nos exige Dios, etc. Una vez que hayamos captado estas cosas, sabremos buscar en la Escritura las exigencias de Dios para que tengamos amor, tolerancia y paciencia hacia los demás. Asimismo, podremos buscar pasajes en los que Dios nos pide introspección y que no nos centremos solamente en la otra persona. También podríamos leer cómo el Señor Jesús amaba y perdonaba a la gente. Con esta clase de lectura selectiva de la Escritura podemos apreciar lo arrogantes, ofendidos, mezquinos y conflictivos que somos con los demás. Igualmente podemos reconocer que es voluntad de Dios que aprendamos a perdonar al prójimo, que nos amemos, seamos magnánimos y tolerantes unos con otros; quiere que vivamos como cristianos. Luego, si pensamos un poco en la magnanimidad y tolerancia del Señor Jesús hacia la gente, por las que lavó personalmente los pies de Sus discípulos, nos emocionaremos más todavía. Cuando conozcamos estas verdades sentiremos ganas de amar al prójimo según las exigencias de Dios y, con naturalidad, cultivaremos la tolerancia y la comprensión hacia quienes nos rodean. Veamos otro ejemplo. Cuando nos volvemos débiles y negativos mientras predicamos el evangelio y nos topamos con los impedimentos, la represión, la calumnia y el juicio de las malvadas fuerzas de Satanás, podemos leer en la Escritura pasajes acerca de cómo tener en consideración la voluntad de Dios, así como sobre el perfeccionamiento de nuestra fe a manos de Dios. También podemos mirar fragmentos acerca de la prudencia ante las fuerzas de Satanás, opuestas a Dios, mientras predicamos el evangelio. Con la lectura de estas Escrituras podemos entender mejor la voluntad de Dios, ver que somos tan frágiles que nos volvemos negativos y débiles ante los fracasos o los reveses, y que tenemos muy poca fe. Puede que esto, asimismo, nos ayude a comprender que la propagación del evangelio del reino es nuestro deber y misión obligatorios y que hemos de soportar la persecución y las dificultades para dar testimonio de la obra de Dios. De igual modo, en la Escritura podemos llegar a conocer las exigencias de Dios hacia nosotros; debemos ser prudentes al difundir el evangelio en esta era del mal y aprender a ser astutos como las serpientes e inocentes como las palomas. Cuando sepamos estas cosas tendremos fe para apoyarnos en Dios y podremos utilizar la prudencia para vencer a Satanás y seguir difundiendo el evangelio de Dios. Por ello, si leemos la Biblia selectivamente, dirigiéndonos a nuestras dificultades reales, podremos recibir con mayor facilidad el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, alcanzar a entender la voluntad de Dios y tener un sendero de práctica correcto. Acto seguido, nuestra relación con Dios puede volverse más íntima; así es como se logra el mejor resultado de la lectura de la Escritura.

3. Céntrate en meditar las palabras de Dios y en entender el significado profundo de la verdad.

Muchos piensan que solamente alegran a Dios las personas que están muy familiarizadas con la Biblia y tienen muchos conocimientos bíblicos. Así, al leer la Escritura, hacemos mucho hincapié en leer y memorizar más pasajes para sabérnosla más al dedillo y de cabo a rabo. Sin embargo, no nos centramos en meditar las palabras de Dios para lograr entender de qué tratan realmente. Si lo pensamos detenidamente, tal vez nos parezca que esta práctica simplemente nos familiariza más con el texto bíblico y que llegamos a comprender algunos principios espirituales. No obstante, no entendemos las verdades inherentes a las palabras de Dios, no conocemos Su voluntad ni Sus exigencias y, en especial, nos falta verdadero conocimiento del propio Dios. Es más, en nuestra vida normal no sabemos experimentar ni practicar las palabras de Dios. De ese modo, puede que también nos volvamos cada vez más arrogantes por dominar tantos conocimientos y teorías de la Biblia. Alardeamos ante los hermanos y hermanas y nos lucimos interpretando teorías y conocimientos bíblicos; nos exhibimos para que nos admiren y adoren, y nos plantamos ante nuestros hermanos y hermanas al tiempo que tenemos una relación cada vez más distante con Dios. En lo espiritual, caemos en la oscuridad, involucionamos y no sentimos la presencia de Dios.

La palabra de Dios dice: “Cuando leía las palabras de Dios, Pedro no estaba centrado en entender las doctrinas y, menos aún, en obtener conocimiento teológico; más bien, se concentró en comprender la verdad y captar la voluntad de Dios y lograr un entendimiento de Su carácter y Su encanto. Pedro también intentó comprender los diversos estados corruptos del hombre a partir de las palabras de Dios, así como la naturaleza corrupta del hombre y sus verdaderas deficiencias, cumpliendo, así, con todos los aspectos de las exigencias que Dios le hace al hombre para que lo satisfaga. Pedro tuvo muchas prácticas correctas que se ciñeron a las palabras de Dios. Esto estuvo totalmente alineado con la voluntad de Dios y fue la mejor forma en la que una persona podía cooperar al tiempo que experimentaba la obra de Dios” (“Cómo caminar por la senda de Pedro”). Esto deja claro que, cuando Pedro leía las palabras de Dios, no se conformaba únicamente con comprender algunos conocimientos teológicos o cartas y doctrinas, sino que se esforzaba especialmente en lo que Dios exige, así como en la búsqueda y la contemplación reiteradas, y entonces captó el propósito y la voluntad inherentes a las palabras de Dios. Posteriormente, actuó conforme a las exigencias de Dios de tal modo que supo poner en práctica, con gran naturalidad, las palabras de Dios en todas las cosas y vivir la realidad de Sus palabras. La práctica de Pedro nos aporta una senda propia, práctica y viable. Las palabras de Dios son la verdad, expresión de Su carácter y de lo que Él tiene y es; todas contienen la voluntad y las exigencias de Dios. Si no las buscamos, meditamos ni percibimos detenidamente, no entenderemos nada más que doctrinas literales; desde luego, no la voluntad de Dios. Tampoco entenderemos de qué tratan realmente las palabras de Dios, por lo que, naturalmente, no podremos entrar en la realidad de las mismas. Así pues, cada vez que leamos un pasaje de ellas, debemos meditar con esmero lo siguiente: ¿Cuál era el propósito de Dios al decir esto? ¿Cuál es Su voluntad y cuáles Sus exigencias a la humanidad? ¿Qué quería que lográramos por medio de esto? ¿En qué fallo yo? ¿Cómo debo practicar y entrar en esto en mi vida real? ¿Qué puedo hacer para cumplir las exigencias de Dios? Al emprender este tipo de búsqueda y meditación, para cuando nos demos cuenta, Dios nos dará esclarecimiento y guía y nos permitirá comprender el significado profundo de Sus palabras. Tendremos algo de verdadero conocimiento del carácter y la voluntad de Dios, hallaremos un sendero de práctica y entrada y, así, entraremos paso a paso en la realidad de las palabras de Dios.

Observemos las siguientes palabras del Señor: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). “Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal” (Mateo 5:37). En las palabras de Dios vemos que Él posee una esencia de credibilidad: ama a los honestos y le disgustan los mentirosos y tramposos. Sólo los honestos pueden entrar en el reino de los cielos, mientras que los siniestros y taimados no pueden cruzar sus puertas. La oración y meditación de las palabras de Dios son la única vía para que podamos entender que Dios quiere que seamos honestos, inocentes y abiertos como niños, sin mentir de palabra y sin engaño ni falsedad de corazón. Llegados a ese punto en nuestros planteamientos, podemos pasar a la búsqueda: ¿Tenemos elementos de deshonestidad? Reflexionando sobre nuestros pensamientos y actos comprobamos que aún manifestamos mucha falsedad. En ocasiones, cuando estamos ante Dios en oración, decimos toda clase de maravillas y nos proponemos muchas cosas, pero casi nunca estamos a esa altura en la vida real. A veces hacemos algo mal y queremos reconocer el error ante otra persona, pero nos da miedo que nos desprecie, así que, para preservar nuestra imagen y reputación, decimos una media verdad y ocultamos la realidad. De vez en cuando, al comentar nuestras experiencias, estamos más que dispuestos a airear cómo ponemos en práctica las palabras de Dios, pero muy rara vez hablamos de cómo desafiamos y nos oponemos a Dios y de cuando no ponemos en práctica la verdad. A menudo aparentamos ser lo que no somos para que los demás conserven una buena imagen de nosotros. Alguna vez vemos a hermanos y hermanas que hacen cosas que no están en consonancia con la voluntad de Dios y queremos hablar con ellos, pero nos preocupa herirlos en su orgullo o nos da miedo que no acepten nuestra opinión y nos juzguen, por lo que mantenemos un ojo abierto y otro cerrado como si no supiéramos nada. Suma y sigue. Con la reflexión vemos cuánta falsedad manifestamos: en absoluto somos honestos y agradables a Dios, así que ¿cómo podría entrar alguien como nosotros en el reino de los cielos? Tras comprender estas cosas, debemos proceder a sopesar la senda hacia la honestidad en las palabras de Dios. En primer lugar, no podemos mentir de palabra, sino que debemos hablar con arreglo a la verdad. Hay que diferenciar las cosas: este es el fundamento de nuestra práctica. Pero, más que nada, es necesaria la honestidad de corazón. Este no puede albergar perversidad ni falsedad; todo cuanto decimos o hacemos está sujeto al escrutinio de Dios. No podemos mentir ni engañar para proteger nuestro estatus, reputación o imagen, sino que, ante un problema, deberíamos ser capaces de despojarnos de nuestras motivaciones incorrectas y hablar sin rodeos, con honestidad y con el corazón. Este es el primer paso hacia la honestidad. Si siempre meditamos seriamente las palabras de Dios de esta forma, procurando entender la esencia de la verdad más allá del sentido literal, comprenderemos cada vez mejor los pormenores de la verdad y, entonces, será más correcto lo que practiquemos en nuestra vida. Nos acercaremos más a la voluntad y las exigencias de Dios y nuestra práctica será más acorde a Su voluntad. Estaremos cada vez más cerca de Dios y nos sentiremos firmes, tranquilos y satisfechos en el alma.

Otro punto que cabe plantear es que, sea cual sea el aspecto que estemos leyendo de las palabras de Dios, no podemos conocerlo del todo y a fondo tras una o unas pocas lecturas. Esto siempre es un proceso. Las palabras de Dios son tan profundas que ocultan muchas verdades, por lo que no podemos tener demasiada prisa ni ansia por terminar. Debemos esforzarnos con ellas, sopesarlas y orar al respecto de manera constante y trabajar diligentemente para entender las verdades que contienen. También debemos llevarlas a la práctica en la vida diaria, reflexionándolas y entrando en ellas al mismo tiempo para que adquiramos a través de nuestras experiencias una comprensión más profunda de las verdades que contienen. Tras practicar esto durante un tiempo, podremos entender y profundizar poco a poco en la verdad, lo que nos aportará conocimiento de la misma.

Estos son los tres principios de la lectura de la Escritura. Poniéndolos en práctica podemos subsanar nuestros problemas de falta de esclarecimiento en la lectura o de ausencia de gozo espiritual, madurar en la vida espiritual y cultivar una relación de creciente cercanía con Dios. Queridos hermanos y hermanas, ¿a qué esperáis? ¡Haced la prueba!

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso