Música cristiana de alabanza | El verdadero amor de Dios (A Capela)

Música cristiana de alabanza | El verdadero amor de Dios (A Capela)

¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Hoy vengo ante Dios otra vez y contemplo Su bello rostro.

La la la la la la.

Hoy vengo ante Dios otra vez y me despido de mi pasado sin rumbo.

¡Aleluya!

Hoy vengo ante Dios otra vez;

el gozo de Su palabra llena mi corazón de dulzura sin igual.

Hoy vengo ante Dios otra vez; tengo muchas palabras sinceras que expresar.

Sus tiernas palabras me riegan y alimentan para crecer (alimentan para crecer).

Sus firmes palabras me alientan a levantarme al caer (levantarme al caer).

¡Oh Dios! Te alabamos; eres Tú quien nos ha elevado (nos ha elevado).

Por toda Tu gracia y misericordia, es que podemos alabarte hoy.

¡Te amamos, Dios Todopoderoso verdadero!

La la la la la la la la la la la. ¡Alabado sea Dios Todopoderoso!

La la la la la la la la la la la. ¡Aleluya!

La la la la la la la la la la la. ¡Alabado sea Dios Todopoderoso!

La la la la la la la la la la la. ¡Aleluya!

¡Oh Dios! Tú nos amas tanto, nos dejas gozar Tus palabras todos los días.

La la la la la la.

¡Oh Dios! Tú nos amas tanto, todos los días nos das un esclarecimiento nuevo.

¡Aleluya!

¡Oh Dios! Tú nos amas tanto, nos riegas y alimentas a nosotros, Tu pueblo.

¡Oh Dios! Tú nos amas tanto, nos guías para liberarnos de la influencia de Satanás.

¡Levantémonos, hermanos y hermanas!

Alabemos juntos a nuestro Dios (la la la la la).

Estamos juntos hoy; valoremos la oportunidad que Dios nos da (la oportunidad).

Despojémonos de todas las cargas de la carne,

y alabemos a Dios Todopoderoso de todo corazón (alabemos a Dios Todopoderoso).

¡Cumplamos el deber con todo corazón y empeño, ¡y amemos a Dios con obras de verdad!

¡Te amaremos por siempre, Dios Todopoderoso verdadero!

¡Amén!

De «Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos»

Recomendación: Adorar en espiritu y en verdad

Canción cristiana | Con un corazón herido Dios ama al hombre

Canción cristiana | Con un corazón herido Dios ama al hombre

I
Dios encarnado es condenado y despreciado,
por demonios es perseguido,
rechazado por el mundo religioso.
Nadie puede compensar Su dolor.
La humanidad se resiste ferozmente,
difaman, injustamente acusan,
poniendo a la carne de Dios en gran peligro.
¿Quién entiende y alivia Su dolor?
Dios salva con paciencia a la corrupta humanidad,
la ama con dolor en Su corazón.
Esta es la obra, la obra más dolorosa.
Desde el comienzo de Su obra en la carne,
lo que ha revelado es todo amor.
Al hombre todo le da,
la esencia de Su obra es amor.
Desde el comienzo de Su obra en la carne,
lo que ha revelado es todo amor.
Al hombre todo le da,
la esencia de Su obra es amor.
II
Por treinta y tres años y medio,
Jesús vivió en la tierra, sufriendo dolor.
Fue crucificado, resucitó,
y por cuarenta días al hombre apareció.
La dura convivencia con el hombre acabó,
pero Su corazón seguía sufriendo:
¿qué sería del hombre?
Nadie soporta ese dolor.
Desde el comienzo de Su obra en la carne,
lo que ha revelado es todo amor.
Al hombre todo le da,
la esencia de Su obra es amor.
Desde el comienzo de Su obra en la carne,
lo que ha revelado es todo amor.
Al hombre todo le da,
la esencia de Su obra es amor.
La esencia de Su obra es amor.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

Recomendación: Músicas cristianas

¿Por qué David era conforme al corazón de Dios?

Por Shuxun, Italia

Siempre que se menciona al rey David, mi mente evoca la imagen del adolescente que, confiando en la fuerza de Jehová, usó una honda para matar al gigante Goliat de una pedrada. Después, fue a la guerra, ganó muchas batallas e hizo muchas hazañas. Sin embargo, también está registrado en la Biblia que cuando David se convirtió en rey de Israel hizo matar a Urías y luego tomó a su esposa, Betsabé. Por tanto, el carácter justo de Dios cayó sobre David y, a través del profeta Natán, Dios le habló diciendo, “Ahora pues, la espada nunca se apartará de tu casa, porque me has despreciado y has tomado la mujer de Urías hitita para que sea tu mujer” (2 Samuel 12:10). El rey David había pecado y Dios lo había castigado. Entonces, ¿por qué alabó Dios después a David y dijo que era un hombre conforme a Su corazón? Me sentí muy desconcertado por esto. Para entenderlo, busqué y oré a Dios muchas veces, y encontré muchos versículos en la Biblia. A través de la búsqueda y la comunicación con mis hermanos y hermanas, finalmente encontré la respuesta.

El rey David se arrepintió ante Dios

Sólo a través de la comunicación con mis hermanos y hermanas llegué a entender que, cuando Dios dijo que el rey David era un hombre conforme a Su corazón, quiso decir que la esencia de David estaba de acuerdo con la voluntad de Dios. Aunque David había cometido una transgresión impulsiva, era capaz de arrepentirse de verdad. Está registrado en la Biblia que, después de cometer su pecado, el rey David oró a Dios, diciendo: “Vuelve, oh Jehová, libera mi alma. Sálvame, por Tu misericordia” (Salmos 6:4).* “todas las noches inundo de llanto mi lecho, con mis lágrimas riego mi cama” (Psalm 6:6). El rey David sintió un profundo remordimiento a causa de su pecado, y cada día se arrepentía y confesaba, ayunaba y oraba ante Dios, y oró para que Dios fuera misericordioso. Estas palabras durante la oración, “todas las noches inundo de llanto mi lecho, con mis lágrimas riego mi cama” muestran hasta qué punto se arrepentía y cuánto se odiaba a sí mismo.

También está registrado en la biblia que: “El rey David era ya viejo, entrado en días, y lo cubrían de ropas pero no entraba en calor. Entonces sus siervos le dijeron: Que se busque para mi señor el rey una joven virgen para que atienda al rey y sea quien lo cuide; que ella se acueste en tu seno y entrará en calor mi señor el rey. Se buscó a una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag sunamita y la trajeron al rey. La joven era muy hermosa; ella cuidaba al rey y le servía, pero el rey no la conoció” (1 Reyes 1:1-4). En sus últimos años, el rey David no podía dormir bien, así que sus sirvientes se encargaron de que una virgen increíblemente bella ayudara a calentarle la cama, pero el rey David nunca la tocó. Con esto vemos que David se dio cuenta de su propia transgresión, se arrepintió y cambió por completo, de tal modo que nunca volvería a cometer el mismo pecado. David no era un israelita ordinario; era el rey de Israel, poseía tanto estatus como poder. A lo largo de toda su vida, sin embargo, sólo cometió ese único acto de relaciones sexuales ilícitas, y siendo quien era, ocupando semejante posición, debió ser extremadamente difícil para él no cometer más transgresiones que aquella. Esto demuestra que el rey David tenía un corazón temeroso de Dios. Después de haber sido castigado por Dios, nunca más se atrevió a tratar Su palabra con desprecio o a hacer algo que pudiera ofender el carácter de Dios, y mucho menos a avergonzar el nombre de Dios. Considerando la actitud del rey David hacia su transgresión y su grado de arrepentimiento, vemos que sus relaciones sexuales ilícitas con Betsabé fueron una transgresión momentánea. Su esencia, sin embargo, era la de un buen hombre y, desde la antigüedad hasta nuestros días, se podría decir que ningún rey ha superado a David.

A partir de las experiencias del rey David, llegué a tener un entendimiento real del carácter justo de Dios. Las palabras de Dios dicen: “Independientemente de si Dios está expresando ira o misericordia y benignidad, son la conducta, el comportamiento y la actitud que el hombre tiene hacia Dios en el fondo de su corazón lo que dicta aquello que se expresa por medio de la revelación del carácter de Dios” (‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”). El carácter justo de Dios es vivo y real. Cuando David tomó a la esposa de Urías y tuvo relaciones sexuales ilícitas con ella, el castigo de Dios cayó sobre él, y esto nos muestra que Dios es justo, santo y no tolera ofensa; cuando David se arrepintió de verdad de sus obras, Dios se apiadó de él, le mostró clemencia y continuó guiándolo y estando con él.

Al compararme con el rey David, me sentía muy avergonzado. El rey David sólo cometió ese error y luego pudo arrepentirse de una manera así de desgarradora. Además, nunca volvió a cometer el mismo error en toda su vida. Sin embargo, pensé en mí mismo y en que había creído en el Señor durante años y aun así vivía en un estado constante de pecado. No abandoné cosas, no me sacrifiqué ni trabajé duro por mi amor al Señor ni para satisfacerlo, sino que todo lo hacía para obtener bendiciones y entrar en el cielo; lo único que hacía era buscar tratos con Dios. Cuando obraba y predicaba, a menudo hablaba de lo mucho que había sufrido, lo ocupado que había estado y cuánta obra había hecho, todo para que mis colaboradores y mis hermanos y hermanas me tuvieran en alta estima y me admiraran, pero no había lugar para Dios en sus corazones. Cada vez que hablaba de la obra de la iglesia con mis colaboradores, siempre quería que aceptaran mis puntos de vista y, si no lo hacían, me volvía impulsivo y discutía con ellos. A veces, para mantener mi prestigio y posición, decía mentiras y engañaba a los demás. Otras, cuando veía a mis colaboradores dar mejores sermones que yo, y a todos los hermanos y hermanas dispuestos a escucharlos, sentía envidia en mi corazón, el resentimiento asomaba su fea cabeza e incluso juzgaba, menospreciaba e intentaba excluirlos. Estos son sólo algunos ejemplos de mi comportamiento a lo largo de mi vida creyendo en el Señor. Después de cometer un pecado, oraba al Señor y deseaba arrepentirme, y a veces incluso me odiaba a mí mismo y lloraba amargamente. Pero cada vez que volvía a encontrarme en una situación similar, no podía evitar pecar de nuevo y rebelarme contra Dios; había estado viviendo en un círculo vicioso de pecado y confesión del que era incapaz de escapar. Ahora me daba cuenta al fin de que mi arrepentimiento era sólo palabras, y que no era lo mismo que el arrepentimiento del rey David. Como el rey David veneraba y temía a Dios, fue capaz de odiarse a sí mismo desde el fondo de su corazón, y usó su viva realidad para probar su arrepentimiento. Parecía que, si no poseía un corazón que fervientemente deseara a Dios, entonces no sería capaz de arrepentirme verdaderamente ante Él y me sería muy difícil ganarme Su alabanza. El verdadero arrepentimiento del rey David era algo que tenía que emular.

El deseo de toda la vida del rey David era construir un templo para Dios

Las palabras que el rey David dijo a su pueblo están recogidas en la Biblia: “La obra es grande, pues el palacio no es para el hombre, sino para Jehová Dios” (1 Crónicas 29:1).* “Con toda mi habilidad he provisto para la casa de mi Dios, el oro para las cosas de oro, la plata para las cosas de plata, el bronce para las cosas de bronce, el hierro para las cosas de hierro, la madera para las cosas de madera; también piedras de ónice, piedras de engaste, piedras de antimonio, piedras de varios colores, toda clase de piedras preciosas y piedras de alabastro en abundancia. Y además, en mi amor por la casa de mi Dios, el tesoro que tengo de oro y de plata, lo doy a la casa de mi Dios, además de todo lo que ya he provisto para la santa casa” (1 Crónicas 29:2-3). David ensalzó a Jehová delante del pueblo, diciendo: “Bendito seas Tú, Jehová, Dios de Israel, nuestro Padre, por los siglos de los siglos” (1 Crónicas 29:10).* También está el salmo escrito por David que dice: “Porque el celo por tu casa me ha consumido, y los vituperios de los que te injurian han caído sobre mí” (Salmos 69:9).

El deseo de toda la vida del rey David era construir un templo para Dios

Durante la Era de la Ley, la obra de Dios en la tierra se hizo para que el hombre acudiera ante Él y le adorara. El rey David era el que más entendía el corazón de Dios y el que más consideraba su voluntad. El deseo de toda la vida del rey David era construir un templo para Jehová, para que el pueblo pudiera acudir ante Dios y adorarle, y así dejara de pecar al adorar a Satanás o a los ídolos. El rey David tenía un corazón que temía y amaba a Dios; era considerado con la voluntad de Dios y capaz de tratar como urgente aquello que Dios consideraba urgente y de pensar igual que Dios. También fue capaz de pagar un alto precio y dedicarse a Dios. De las Escrituras se desprende que el rey David puso todo su corazón y todas sus fuerzas en disponer todo lo necesario para la construcción del templo, y ofreció toda la riqueza que había acumulado. Aunque el rey David nunca pudo construir ese templo en vida, instó a su hijo Salomón a continuar y lograr el sueño que no había podido cumplir durante su vida, y así el templo fue construido al fin.

¿Cómo no iba a estar satisfecho Dios con el rey David, un hombre tan considerado con la voluntad de Dios y que tenía un lugar para Dios en su corazón? Tomemos de ejemplo a un niño muy sensato que ve a sus padres trabajando muy duro. En su corazón piensa: «¿Qué puedo hacer para que mis padres aligeren su carga?» Con este pensamiento en la cabeza, comienza a hacer todo lo que puede. Y cuando sus padres vean que su hijo es capaz de mostrar comprensión y consideración por ellos, y que ha tomado la iniciativa de asumir parte de su carga, seguramente se sientan muy satisfechos. De la misma manera, Dios espera que podamos ser considerados hacia Su voluntad, emprender Sus comisiones y dedicarnos por completo a Su obra. El rey David era una persona así.

¡Gracias a Dios! A través de la comunicación con mis hermanos y hermanas, encontré algunos caminos de práctica. En silencio, tomé una resolución: «Sin duda, voy a emular al rey David y seré alguien que tema a Dios, y no cometeré ningún pecado intencionadamente ni haré nada que se oponga o avergüence a Dios; cuando mis acciones no se conformen al corazón de Dios, debo prestar atención a mis propias transgresiones, presentarme de verdad ante Dios y arrepentirme y confesar mis pecados a Dios. También debo concentrarme en buscar el camino del arrepentimiento y el cambio, y usar mi realidad viva para glorificar a Dios y dar testimonio de Dios. Además, debo perseguir la meta correcta en mi fe en Dios, debo rectificar mis propios motivos, ser considerado con la voluntad de Dios y difundir el evangelio de Dios, para que más gente sea llevada ante Dios». Además de esto, a través de la búsqueda y la comunicación, llegué a comprender que Dios pesa y evalúa a una persona dependiendo de si su esencia es o no la de una buena persona, si realmente siente remordimiento y se arrepiente cuando comete una transgresión, y si es o no alguien que puede ser considerado con Dios y puede amar a Dios. Sin embargo, nosotros sólo vemos los comportamientos y expresiones externas de las personas, y no vemos su esencia. Basamos nuestras valoraciones y juicios de la gente en nuestros propios conceptos erróneos e imaginaciones, ¡mi visión de las cosas había sido tan absurda! Que alguien sea alabado o detestado por Dios es algo que reside en Su voluntad. Cada vez que me vuelva a encontrar este tipo de problema en el futuro, tendré un corazón temeroso de Dios, buscaré más la voluntad de Dios, entenderé lo que Dios requiere de nosotros y buscaré cumplir con los requisitos de Dios con todas mis fuerzas. ¡Gracias a la iluminación y guía de Dios!

Recomendación: Estudios bíblicos

Unas citas bíblicas son tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

Testimonio cristiano 2021 | Puedo distinguir entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos

Testimonio cristiano 2021 | Puedo distinguir entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos

La protagonista es una joven devota cristiana que siempre ha esperado recibir la aparición del Señor. Sin embargo, cuando su madre da testimonio de que el Señor Jesús ya ha regresado como Dios Todopoderoso, se ve implicada en una batalla interior. Su pastor siempre dice que aparecerán falsos Cristos en los últimos días, así que tiene miedo de que la engañen si lo investiga. Ahora bien, si no lo investiga y Dios Todopoderoso es realmente el regreso del Señor Jesús, ¿no perderá entonces la ocasión de recibir la venida del Señor? En esta batalla logra entender que la clave para investigar el camino verdadero radica en escuchar la voz de Dios y que, si siempre es precavida, no podrá recibir al Señor. Decide buscarlo e investigarlo. Lee las palabras de Dios Todopoderoso y finalmente reconoce la voz de Dios, por lo que recibe la aparición del Señor. ¿Cómo podemos recibir el regreso del Señor mientras mantenemos la cautela hacia los falsos Cristos? Este vídeo tiene la respuesta.

Recomendación: Peliculas cristianas completas en español

5 estándares para entrar en el reino de los cielos, ¿cuál de ellos has alcanzado?

Todos estamos esperando a que el Señor venga a arrebatarnos al reino de los cielos, donde no tendremos dolor ni tristeza y disfrutaremos de Su gracia y bendiciones eternas… Entonces, ¿sabes qué tipo de personas pueden entrar en él? Leamos juntos lo que dice el Señor.

  1. “Benditos son los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3).
  2. “Benditos son los que son perseguidos debido a la justicia porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10).
  3. “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3).
  4. “No todos los que me digan Señor, Señor, entrarán en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de Mi Padre que está en el cielo” (Mateo 7:21).
  5. “[…] el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo toman a la fuerza” (Mateo 11:12).

Las palabras del Señor Jesús nos dicen claramente los estándares para entrar en el reino celestial, ¿los has logrado?

Recomendación: Cómo entender la Biblia

Unas citas bíblicas son tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com

Fragmento 3 de película evangélico «Desde el trono fluye el agua de la vida»

Mira películas cristianas de calidad en línea gratis, que contienen más contenidos de la vida, la fe y la Biblia, etc., fortalecen tu fe para que tu vida espiritual continúa creciendo.

Fragmento 3 de película evangélico «Desde el trono fluye el agua de la vida»: Para recibir el regreso del Señor debemos escuchar la voz de Dios

El contenido de este vídeo ha sido traducido totalmente por traductores profesionales. Sin embargo, debido a las diferencias lingüísticas, etc., un pequeño número de imprecisiones es inevitable. Si usted descubre cualquiera de tales imprecisiones, por favor recurra a la versión original china y siéntase libre de ponerse en contacto con nosotros para hacérnoslo saber.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

¿Qué es la salvación de Dios? ¿Cómo obtenerla?

Por Junying

¿Qué es la salvación? La salvación viene de Dios. La salvación de Dios está preparada para salvar a la humanidad y desborda el gran amor y la misericordia de Dios por la humanidad. El hecho de que podamos recibir la salvación de Dios está directamente relacionado con el hecho de que seamos salvados y entremos en el reino de los cielos. ¡Comprendamos la salvación de Dios a partir de Su obra y busquemos cómo obtenerla!

La salvación de Dios para la humanidad en la Era de la Ley

En el principio, Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas. Después de que todo quedara establecido, Él creó a Adán y Eva, los progenitores de los seres humanos. Dios los puso en el jardín del Edén y vivieron felices bajo Su protección. Sin embargo, la serpiente los tentó para que traicionaran a Dios y tras hacerlo acabaron expulsados del jardín del Edén y arrojados a una vida de enfermedad, envejecimiento y muerte. Desde entonces, la humanidad se volvió cada vez más corrupta y cayó en tal maldad y depravación que Dios desató un gran diluvio para aniquilar a todos los seres humanos de ese tiempo, y sólo permitió que ocho miembros de la familia de Noé sobrevivieran. Después de aquello, la humanidad continuó sobreviviendo y reproduciéndose en la tierra, pero la gente de aquella época sólo era consciente de su comida y su techo y de toda la gracia que Dios les había concedido. No sabían cómo ser buenas personas, cómo vivir en la tierra, de dónde venían los seres humanos o cómo adorar o venerar a Dios. La gente así no tenía la habilidad de glorificar o exaltar a Dios y eran totalmente incapaces de cumplir la voluntad de Dios. Por eso Dios inició Su obra de gestión para la salvación de la humanidad. Jehová Dios usó a Moisés para dictar Sus mandamientos y la ley para guiar la vida de la humanidad en la tierra. Por ejemplo, observar el Sabbat, honrar a los padres, no adorar ídolos y no cometer adulterio ni robar. También estableció regulaciones para los sacrificios de personas, para la comida, la recompensa por el robo, así como para la matanza de animales. Cualquiera que violara las leyes de Dios sería quemado o apedreado hasta la muerte, pero si guardaba las leyes y los mandamientos de Jehová, sería bendecido por Él. Jehová Dios contuvo a los seres humanos por medio de Sus mandamientos y leyes; esto guio a la gente a vivir en la tierra de una manera apropiada y ordenada, lo cual les permitió actuar de acuerdo con las normas y saber que debían adorar al único Dios; esta fue la salvación de Dios en la Era de la Ley. Al presentarse ante Dios, escuchar las palabras de Jehová, cumplir Sus leyes y mandamientos y adorar devotamente a Jehová, las personas podían ser salvadas y bendecidas por Dios y obtener la salvación de Dios en la Era de la Ley.

La salvación de Dios para la humanidad en la Era de la Gracia

A finales de la Era de la Ley la gente se volvió cada vez más corrupta y pocos cumplían ya con la ley y los mandamientos. Estaban haciendo muchas cosas que ofendían el carácter de Dios, tales como adorar ídolos, cometer adulterio, idear planes malvados, robar y hurtar y ser codiciosos y corruptos. Incluso usaban palomas, reses y ovejas cojas y ciegas como sacrificios para Dios. Dios es justo y santo, así que ese tipo de comportamiento por parte de la gente inevitablemente condujo a su muerte según lo determinado por la ley, pues ofendían el carácter de Dios. Sin embargo, Dios ama a la humanidad y no quiere destruir a todos los hombres, así que se hizo personalmente carne para venir a la tierra. El Señor Jesús encarnado concluyó la Era de la Ley y comenzó la Era de la Gracia; Él expresó el camino del arrepentimiento, proporcionando a la humanidad un nuevo sendero de práctica. Él enseñó a la gente a perdonar y ser tolerante, a amar a sus enemigos y perdonar a los demás setenta veces siete. El Señor Jesús también sanó a los enfermos y expulsó a los demonios; realizó todo tipo de milagros y, mientras la gente se confesara con sinceridad, el Señor Jesús perdonaba sus pecados con Su gran tolerancia y paciencia. Finalmente, el Señor Jesús fue clavado en la cruz como una ofrenda permanente por los pecados de la humanidad. Él cargó con todos los pecados de la humanidad y de esa manera llevó a cabo la obra de redención de la Era de la Gracia. Esta fue la salvación que le trajo Dios a la humanidad en la Era de la Gracia. Al aceptar la salvación del Señor Jesús, al orar en Su nombre y al confesar y arrepentirnos ante el Señor, nuestros pecados pueden ser redimidos y podemos disfrutar de la paz y el gozo que Dios nos ha concedido. En eso consiste obtener la salvación de Dios en la Era de la Gracia.

La salvación de Dios para la humanidad en los últimos días

El Señor Jesús nos redimió, permitiendo que nuestros pecados fueran perdonados. Sin embargo, nuestra naturaleza pecaminosa no ha sido eliminada. Nuestro carácter satánico, nuestra naturaleza arrogante y engreída, egoísta y despreciable, retorcida y tramposa, malvada y codiciosa, siniestra y maliciosa, todavía está profundamente arraigada en nosotros. Dominados por este carácter satánico, todavía pecamos y nos oponemos a Dios sin quererlo. Por ejemplo, a menudo nos involucramos en conflictos e intrigas sólo por nuestro propio beneficio e incluso perdemos la confianza en nuestros seres queridos. Cuando nos enfrentamos a enfermedades, calamidades o peligros, culpamos y malinterpretamos a Dios. Incluso tratamos de oponernos y razonar con Él. Carecemos por completo de obediencia. Jehová Dios dijo: “[…] Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). El Señor Jesús dijo: “En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre” (Juan 8:34-35). Dios es santo, y ningún pueblo manchado puede entrar en Su reino. Estamos cubiertos de inmundicia; somos corruptos e injustos, indignos de ver el rostro de Dios o de entrar en Su reino. Está escrito en la Biblia: “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Así nos damos cuenta de que, si no somos capaces de deshacernos de las ataduras y restricciones del pecado y continuamos pecando a menudo y a sabiendas, nos estaremos oponiendo a Dios a causa de nuestros pecados y por tanto seremos destruidos por Él.

Fragmento 6 de Película cristiana «Canción de victoria»: El camino que conduce a la purificación y a la salvación

Sin embargo, las palabras de Dios dicen: “Sin embargo, la obra realizada por Dios es diferente. Como creó al hombre, lo guía; como lo salva, lo hará de manera concienzuda y lo ganará por completo; como dirige al hombre, lo llevará al destino adecuado; y como creó al hombre y lo gestiona, debe asumir la responsabilidad por el sino y la perspectiva del ser humano. Esta es, precisamente, la obra realizada por el Creador” (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”). Dios creó a la humanidad y quiere ganar al hombre por completo. Ya que está salvando a la humanidad, quiere apartarla por completo de las garras de Satanás. Por eso Dios ha preparado la salvación de los últimos días para nosotros. Tal como está escrito en la Biblia: “Que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo” (1 Pedro 1:5). “Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan” (Hebreos 9:28). “Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo” (1 Pedro 1:13). Las palabras de Dios dicen: “Los pecados del hombre fueron perdonados, y esto es gracias a la obra de crucifixión de Dios, pero el hombre siguió viviendo en su viejo carácter satánico corrupto del pasado. Así pues, el hombre debe ser completamente salvado de su carácter satánico corrupto para que su naturaleza pecadora le sea completamente extirpada y no se desarrolle más, permitiendo, así, que el carácter del hombre se transforme. Esto requeriría que el hombre entendiera la senda del crecimiento en la vida, el camino de la vida, y el camino del cambio de su carácter. También requeriría que el hombre actuara de acuerdo con esa senda, de forma que su carácter pueda ser cambiado gradualmente y él pueda vivir bajo el brillo de la luz y pueda ser conforme a la voluntad de Dios, despojarse de su carácter satánico corrupto, y liberarse de la influencia satánica de las tinieblas, emergiendo, así, totalmente del pecado. Sólo entonces recibirá el hombre la salvación completa” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). A partir de estas palabras entendemos que el regreso del Señor Jesús en los últimos días tiene como fin concedernos el camino de vida adecuado para que podamos entender toda la verdad y el sendero que lleva a la purificación de nuestro corrupto carácter satánico, para así deshacernos de las ataduras y restricciones de nuestro carácter corrupto. Sólo de esta manera nos será posible convertirnos en personas que cumplan con la voluntad de Dios, que logren la salvación de Dios y estén calificadas para entrar en Su reino. Esta es la salvación que Dios ha preparado para nosotros en los últimos días.

¿Qué obra hace principalmente Dios de los últimos días? El Señor Jesús dijo: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13). “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7). “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:48). “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo” (Juan 5:22). “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17). Dios nos ha dicho claramente que Dios de los últimos días pronunciará más palabras y hará la obra de juicio para guiarnos a entrar en toda verdad. Si aceptamos la salvación del Dios de los últimos días, entendemos todos los aspectos de la verdad, encontramos la senda para que nuestros pecados sean purificados y además actuamos de acuerdo con los requerimientos de Dios y el camino que Él nos señala, seremos capaces de liberarnos de nuestro carácter corrupto y satánico, de ser purificados y obtener la salvación de Dios. ¡Sólo así se obtiene la salvación total de Dios! Ojalá todos seamos vírgenes prudentes que siguen verdaderamente la voz de Dios y, cuando oigamos que alguien está dando testimonio de que Dios está pronunciando palabras y llevando a cabo la obra de juicio, no la rechacemos ciegamente. En cambio, debemos tratarla con cautela y buscarla e investigarla proactivamente para discernir si es realmente la obra de Dios, si contiene expresiones de la verdad. ¡Esa es la única manera de dar la bienvenida al regreso del Señor Jesús y obtener la salvación de Dios de los últimos días!

Recomendación: Estudios bíblicos profundos

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

40. Una clase diferente de salvación

Por Huang Lin, China

Yo solía ser una creyente corriente de la Iglesia Pentecostal, y desde que empecé a tener fe en el Señor no me perdí un solo servicio. Se debía sobre todo a que sabía que estábamos en los últimos días y las profecías de la Biblia sobre el regreso del Señor básicamente se habían cumplido; el Señor pronto regresaría, así que asistía a los servicios con aún mayor entusiasmo, esperando con ansia Su regreso para no perderme la oportunidad de conocer al Señor.

Un día me visitó mi hermana menor y me dijo alegremente: “Eh, hoy he venido a contarte la mejor noticia de todas: ¡el Señor Jesús ha regresado! Y es más, ha regresado en la carne; está expresando la verdad y realizando Su obra de los últimos días para juzgar y purificar al hombre, cumpliendo así la profecía de la Biblia: ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’ (1 Pedro 4:17). ¡No pierdas más tiempo! ¡Sigue la nueva obra de Dios!”. Cuando me enteré de la noticia de que el Señor había regresado, me quedé asombrada y llena de dudas. Dije: “En el Apocalipsis dice: ‘He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá’ (Apocalipsis 1:7). Y los pastores y ancianos a menudo nos cuentan que cuando el Señor regrese, vendrá a nosotros sobre una nube blanca. Dices que el Señor ha regresado y ha venido en la carne. ¿Cómo es posible?”. Mi hermana dijo con solemnidad: “Tú dices que el Señor Jesús volverá con las nubes, ¿pero estás segura de eso? También se profetiza en la Biblia: ‘He aquí, vengo como ladrón’ (Apocalipsis 16:15), y ‘Pero a medianoche se oyó un clamor: «¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo.»’ (Mateo 25:6). ¿Te atreves a decir que el Señor no podría venir en secreto? Hay un misterio en el regreso del Señor, así que debemos buscarlo con la mente abierta. Si nos aferramos a nuestras propias nociones e imaginaciones, ¿cómo podríamos entonces dar la bienvenida al regreso del Señor?”. Pero no importaba cuánto me comunicara ella, yo seguía sin estar convencida de aquello, en cambio creía que el Señor regresaría sobre una nube blanca y que era imposible que viniera en la carne. Mi hermana le predicó luego el evangelio al resto de la familia, y después de compartir su comunicación varias veces, mi esposo, mi hijo menor y su esposa (que habían sido incrédulos) aceptaron la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Sin embargo, yo seguí aferrada a mis propias nociones, negándome a aceptarla.

Después de eso, continué asistiendo a los servicios de mi antigua iglesia, mientras que mi esposo, mi hijo menor y su esposa asistían a las reuniones de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Cada vez que volvía a casa de un servicio, me sentía apática y me parecía que lo hacían todo de memoria; mi corazón estaba vacío y no obtenía nada. Ellos, por otro lado, siempre estaban muy contentos cuando volvían de una reunión, y a menudo comunicaban y buscaban juntos respecto a cosas como el carácter corrupto que revelaban cuando se topaban con algún problema, la mejor manera de buscar la voluntad de Dios o cómo debían conocerse y reflexionar sobre sí mismos. También debatían sobre cómo practicar la verdad y vivir según las palabras de Dios, cómo desechar su carácter corrupto y ser purificados y también otros temas. Escucharlos hablar de aquellas cosas me dejaba perpleja, y pensé: “Hace muy poco que tienen fe; ¿cómo saben que necesitan buscar la voluntad de Dios cuando se topan con problemas, cómo son capaces de encontrar un camino de práctica? ¿Y cómo es que todo lo que dicen está tan bien razonado? He creído en el Señor Jesús durante todos estos años; he orado, asistido al servicio y leído la Biblia de manera constante, así que ¿por qué nunca soy capaz de entender la voluntad del Señor cuando me sucede algo? Y no solo yo, todos mis hermanos y hermanas en la iglesia son iguales. Estamos atados por toda clase de pecados y no podemos liberarnos; nuestro espíritu está marchito, oscuro y carente de esperanza, y sentimos que nos estamos alejando cada vez más del Señor. ¿Qué rayos está pasando?”. Los temas que estaban discutiendo eran muy frescos y novedosos; hablaban sobre el carácter corrupto que estaban revelando, sobre cómo reflexionar y conocerse a sí mismos, sobre cómo ser purificados, y así sucesivamente. Yo llevaba creyendo en el Señor muchos años, pero nunca había oído a los pastores o a los ancianos de mi iglesia predicar acerca de esas cosas, ¡y me resultaba difícil de entender cómo habían llegado a comprender tanto! Estaba perdida.

El tiempo pasó rápido y llegó el momento de la cosecha. Mis dos hijos recogieron su maíz y lo trajeron a casa. En años anteriores, siempre ayudaba primero a mi hijo mayor a pelar el maíz y luego al menor, pero ese año mi hijo menor y su familia lo hicieron por su cuenta. Pensé para mí: “Esta vez no he ayudado a la familia de mi hijo menor en el trabajo, seguro que su esposa está enfadada conmigo. Dirá que estoy mostrando favoritismo”. Pero para mi sorpresa, no solo no estaba enfadada, sino que me dijo alegremente: “Mamá, tú y papá no sois dos jovencitos. No os preocupéis más por ayudarnos con nuestro trabajo. ¡Cuidad vuestra salud!”. Me sorprendió mucho oírla decir aquello. Era la primera vez que decía algo tan considerado sobre nosotros. Ella nunca había dicho nada semejante. Y luego volvió a suceder, les dije a mis hijos y a sus esposas: “Tus hijos van a empezar la escuela secundaria, así que voy a comprarles una bicicleta a cada uno”. Así que le compré una bicicleta al hijo de mi hijo mayor, pero luego surgió algo y tuve que gastar todo el dinero que me quedaba; ya no podía permitirme comprarle una bicicleta al chico de mi hijo menor. Al final, se la compró la madre de mi nuera. Me sentí mal y pensé: “Mi nuera tiene que estar enfadada conmigo y va a decir que no cumplo con lo que digo”. Pero para mi sorpresa, no solo no estaba molesta, sino que me consoló diciendo: “Mamá, no hay necesidad de que te disculpes por no haberle comprado una bicicleta a mi hijo. De ahora en adelante, tú y papá podéis guardar vuestro dinero y gastarlo en vuestras cosas. ¡No te preocupes por nosotros!”. Me sorprendieron mucho estos dos sucesos. Desde que mi nuera había empezado a creer en Dios Todopoderoso, ya no se peleaba conmigo por nada, sino que mostraba cuidado y consideración con nosotros; realmente había cambiado. Y mi esposo siempre perdía los estribos conmigo en un santiamén: la más mínima cosa le ponía los nervios de punta. Pero ahora siempre tenía una sonrisa cuando me hablaba, e incluso a veces, cuando yo estaba enfadada con él, lo soportaba pacientemente y me decía con calma: “Creemos en el mismo Dios. Nuestra relación carnal es la de marido y mujer, pero espiritualmente hablando somos hermano y hermana. Debemos amarnos el uno al otro, ser comprensivos, perdonarnos y vivir por la palabra de Dios. ¿No piensas lo mismo? Solía tener mal genio y me enfadaba muy fácilmente, y esto era consecuencia de mi carácter satánico y corrupto. Era demasiado arrogante y engreído y carecía de la humanidad adecuada. Ahora, he leído muchas de las palabras de Dios Todopoderoso, y he llegado a entender que la obra de Dios en los últimos días es salvar a la humanidad expresando Sus palabras. En la búsqueda de la salvación de Dios, la gente necesita poner en práctica Sus palabras en la vida real, y gestionar cada asunto de acuerdo con los principios de la verdad. Tengo que abandonar mi carne, practicar de acuerdo con las palabras de Dios, y vivir una humanidad adecuada”. Al mirar a mi marido, mi hijo y su esposa, me quedé pensando de corazón: “Solo aceptaron la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días hace dos años, ¿cómo han podido cambiar tanto? Me resulta inevitable no convencerme con esto. He creído en el Señor muchos años y he leído la Biblia y orado todos los días, así que ¿por qué no he cambiado en todo este tiempo? Cuando algo me sucede, ¿por qué siempre me sumo en el pecado de tal modo que no puedo liberarme? Solo Dios tiene el poder de cambiar a la gente. ¿Podría ser que el Dios Todopoderoso en el que ellos creen sea el Señor Jesús retornado Si esto es verdad y sigo negándome a aceptarlo, ¿acaso no me abandonará el Señor? ¿No sería una tonta si teniendo ante mí una salvación tan grande, no la obtengo?”. Al considerar aquello, no pude evitar sentir un poco de ansiedad. Quería buscarla y estudiarla, pero me daba vergüenza hablar de ello con mi familia.

Un día, cuando mi marido estaba fuera, cogí en secreto el libro que siempre estaba leyendo. En cuanto miré la portada, me saltaron a la vista las seis grandes palabras “La Palabra manifestada en carne” escritas en dorado brillante, y pensé: “¿Qué misterios contiene este libro exactamente? Es capaz de cambiar mucho a las personas, tengo que leerlo con atención”. Con cuidado, abrí el libro y vi estas palabras escritas en él: “Esta encarnación es la segunda encarnación de Dios, la cual sigue a la obra de Jesús. Por supuesto, esta encarnación no ocurre de forma independiente; es la tercera etapa después de la Era de la Ley y la Era de la Gracia. Cada vez que Dios inicia una nueva etapa de la obra, siempre debe haber un nuevo comienzo y siempre debe traer una nueva era. Así pues, también hay cambios correspondientes en el carácter de Dios, en Su forma de obrar, en el lugar de Su obra y en Su nombre. No es de extrañar, por tanto, que al hombre le resulte difícil aceptar la obra de Dios en la nueva era. Pero independientemente de cómo se le oponga el hombre, Dios siempre está realizando Su obra, y guiando a toda la humanidad hacia adelante. Cuando Jesús vino al mundo del hombre, marcó el comienzo de la Era de la Gracia y terminó la Era de la Ley. Durante los últimos días, Dios se hizo carne una vez más y, con esta encarnación, finalizó la Era de la Gracia y marcó el inicio de la Era del Reino. Todos aquellos que sean capaces de aceptar la segunda encarnación de Dios serán conducidos a la Era del Reino, y, además, serán capaces de aceptar personalmente la guía de Dios” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer aquello, reflexioné: si la segunda encarnación de Dios puso fin a la obra de la Era de la Gracia, ¿será que Dios ya no está obrando en las iglesias desde la Era de la Gracia? ¿Hemos entrado ahora en la Era del Reino? Dice aquí: “Todos aquellos que sean capaces de aceptar la segunda encarnación de Dios serán conducidos a la Era del Reino, y, además, serán capaces de aceptar personalmente la guía de Dios”. Es verdad que desde que mi esposo, mi hijo y su esposa aceptaron la obra de Dios Todopoderoso, han cambiado mucho. ¿Podría ser posible que el Dios Todopoderoso en el que ellos creen sea realmente el Señor Jesús retornado que estén siguiendo las huellas de Dios y aceptando Su guía personal? De lo contrario, ¿cómo podrían entender tantas verdades y haber cambiado tanto? Esto debe ser el resultado de la obra del Espíritu Santo; no es algo que puedan lograr por sí mismos, sin la obra del Espíritu Santo. Justo cuando me sobrevenía ese pensamiento, de repente me di cuenta de que mi marido estaba volviendo a casa. A toda prisa, devolví el libro a su lugar y pensé: no debe enterarse de que lo he estado leyendo, o se reirá de mí.

Al día siguiente, cuando mi marido salió para asistir a una reunión, volví a coger el libro y empecé a leer. Leí este pasaje: “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Reflexioné a conciencia sobre este pasaje. El Señor Jesús redimió a toda la humanidad al ser crucificado, pero no eliminó el carácter corrupto del hombre. Una naturaleza pecaminosa permanece dentro de él; eso es absolutamente cierto. En cuanto a aquellos de nosotros que creemos en el Señor, a menudo fracasamos en cumplir Sus enseñanzas; mentimos y engañamos, pecamos a diario y luego confesamos, estamos constantemente sumidos en el pecado y somos incapaces de liberarnos de sus ataduras. Es un hecho innegable. En ese momento me vinieron a la mente estas palabras de Dios en la Biblia: “Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). Dios nos pide que alcancemos la santidad y, sin embargo, a menudo pecamos y desagradamos al Señor: ¿qué tiene eso de santo? Dios es santo, y su reino no puede ser empañado. Entonces, ¿cómo podríamos nosotros, que pecamos tan a menudo, entrar en el reino de los cielos? Este pensamiento me dejó un poco frustrada y releí este pasaje: “Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido”. ¿Podría ser que la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días sea aún mayor que la obra realizada por el Señor Jesús encarnado? ¿Solo aceptando y experimentando el juicio de Dios Todopoderoso podemos librarnos del pecado y ser purificados y transformados? ¿Es posible que los cambios que se han producido en mi esposo y mi nuera provengan de sus experiencias de la obra de castigo y juicio de Dios Todopoderoso? Mi esposo, mi hijo y su esposa creían en Dios desde hacía poco y, sin embargo, habían llegado a comprender algunas verdades, podían además articular la comprensión de su propio carácter corrupto, buscar la voluntad de Dios cuando les sucedía algo y encontrar un camino de práctica. Mientras que yo, por otro lado, había creído en el Señor muchos años y, sin embargo, si alguien me hubiera preguntado qué era exactamente la fe en Dios o cuál era en concreto Su voluntad, siendo honesta, me habría quedado muda; aún menos capaz hubiera sido de hablar de cualquier cambio en mi carácter. Al pensar en mí misma en comparación con ellos, ¡me sentí realmente avergonzada! Me pareció que tenía que estudiar seriamente la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días.

Desde entonces, cada día leía en secreto el libro La Palabra manifestada en carne a espaldas de mi esposo, y cuanto más lo hacía, más resplandeciente me sentía en mi corazón y más me gustaba leerlo. A veces ni siquiera quería asistir al servicio en mi iglesia, sino que me quedaba en casa leyendo el libro. Una vez leí estas palabras de Dios Todopoderoso: “Yo iluminaré y esclareceré, sin la menor duda, a todos los que tienen hambre y sed de justicia y buscan con sinceridad. Yo os mostraré a todos vosotros los misterios del mundo espiritual y el camino a seguir, haré que os despojéis de vuestro viejo carácter corrupto tan pronto como sea posible para que consigáis la madurez vital, seáis adecuados para Mi uso y que la obra del evangelio pronto transcurra sin obstáculos. Solo entonces será satisfecha Mi voluntad; solo entonces se cumplirá el plan de gestión de seis mil años de Dios en el menor tiempo posible. ¡Dios ganará el reino y descenderá a la tierra, y juntos entraremos en la gloria!” (‘Capítulo 8’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Entonces no pude evitar pensar en estas palabras del Señor Jesús: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados” (Mateo 5:6). Cuanto más leía, más sentía que las palabras de Dios Todopoderoso y las del Señor Jesús compartían un mismo origen. Las palabras de ambos poseen autoridad y poder, y por eso me pareció muy probable que Dios Todopoderoso fuera en realidad el Señor Jesús retornado. Al pensar esto, me quedé atónita. Sabía que si era verdad, tenía que apresurarme a aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, pues si seguía negándome a hacerlo, la obra de Dios me dejaría atrás con. ¿Pero cómo iba a decírselo a mi familia? Tiempo atrás, habían compartido bastante del evangelio conmigo, pero siempre me había negado a aceptarlo. Si les decía ahora que estaba dispuesta a aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, ¿qué pensarían de mí? Cuando más dudaba en tomar la decisión, Dios me abrió un camino.

Un día, mi nuera y otra hermana vinieron a compartir el evangelio conmigo. Entonces supe que era una oportunidad que Dios me había dado, así que les dije con honestidad: “En realidad, he estado leyendo en secreto muchas de las palabras de Dios Todopoderoso y siento que provienen de Dios. Simplemente no hay forma de que un ser humano pueda pronunciar palabras que porten tanta autoridad y poder”. Mi nuera se sorprendió al oírme decir aquello, y miró a la otra hermana y se echó a reír con alegría. Continué: “Pero hay algo que aún no entiendo. El Señor Jesús profetizó: ‘Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene en una nube con poder y gran gloria’ (Lucas 21:27). Todos los creyentes anhelamos el regreso del Señor Jesús, para que descienda entre nosotros en una nube blanca. Pero vosotros decís que el Señor ya ha regresado, que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús retornado. Entonces, ¿por qué no hemos visto al Señor venir en una nube blanca? Por favor, comunicadme sobre esto”.

La hermana respondió con seriedad: “¡Demos gracias a Dios! Como todos sabemos, hay muchos versículos en la Biblia que profetizan el regreso del Señor. Pero si nos fijamos bien, vemos que el regreso del Señor está profetizado de dos maneras diferentes: Una dice que el Señor vendrá abiertamente sobre una nube y todos lo verán, como en Lucas 21:27, que dice: ‘Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene en una nube con poder y gran gloria’. La otra dice que el Señor vendrá en secreto, como un ladrón, y nadie lo sabrá, como en Mateo 24:36: ‘Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre’. Vemos así que la venida del Señor ocurrirá en dos etapas: primero, Él vendrá en secreto, y después de realizar una etapa de Su obra, entonces dará a conocer Su venida. Te refieres a la profecía de que el Señor vendrá a la vista de todos, mientras que nosotros estamos actualmente en la etapa en la que se cumple la profecía de Su venida secreta. Esta es la etapa en la cual Dios se hace carne para realizar Su obra y salvar a la humanidad. Una vez que Dios haya terminado de obrar en la carne, vendrá abiertamente para que todos lo vean…”.

Escuchar esta comunicación me iluminó el corazón, y pensé: “Resulta que está profetizado en la Biblia que el Señor vendrá de dos maneras diferentes. Primero vendrá en secreto y después lo hará abiertamente; esto es un auténtico misterio. He estado leyendo la Biblia todos estos años, ¿cómo es que nunca me enteré de esto? Pero ahora que lo pienso, ¡estoy segura de que es así!”

Mi nuera me dijo: “Mamá, el periodo en el que Dios Todopoderoso realiza su obra en la carne para juzgar y purificar al hombre mediante palabras es la etapa en que Dios viene en secreto, y es cuando Dios expone a las personas y nos separa según nuestra clase. Leamos las palabras de Dios Todopoderoso para entender mejor este aspecto de la verdad”. Luego leyó: “Muchas personas pueden no preocuparse por lo que digo, pero aun así quiero decirle a cada uno de estos llamados santos que siguen a Jesús que, cuando lo veáis descendiendo del cielo sobre una nube blanca con vuestros propios ojos, esta será la aparición pública del Sol de justicia. Quizás será un momento de gran entusiasmo para ti, pero deberías saber que el momento en el que veas a Jesús descender del cielo será también el momento en el que irás al infierno a ser castigado. Ese será el momento del final del plan de gestión de Dios, y será cuando Él recompense a los buenos y castigue a los malos. Porque Su juicio habrá terminado antes de que el hombre vea señales, cuando sólo exista la expresión de la verdad. Aquellos que acepten la verdad y no busquen señales, y por tanto hayan sido purificados, habrán regresado ante el trono de Dios y entrado en el abrazo del Creador. Sólo aquellos que persisten en la creencia de que ‘El Jesús que no cabalgue sobre una nube blanca es un falso Cristo’ se verán sometidos al castigo eterno, porque sólo creen en el Jesús que exhibe señales, pero no reconocen al Jesús que proclama un juicio severo y manifiesta el camino verdadero de la vida. Y por tanto, sólo puede ser que Jesús trate con ellos cuando Él vuelva abiertamente sobre una nube blanca. Son demasiado tozudos, confían demasiado en sí mismos, son demasiado arrogantes. ¿Cómo puede recompensar Jesús a semejantes degenerados? El regreso de Jesús es una gran salvación para aquellos que son capaces de aceptar la verdad, pero para los que son incapaces de hacerlo es una señal de condenación” (‘En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La hermana continuó su comunicación. “A partir de las palabras de Dios, nos damos cuenta de que mientras Dios Todopoderoso realiza Su obra en secreto, Él solo hace la obra de juzgar y castigar a la gente mediante palabras. Es decir, Él expresa todas las verdades para proveernos de lo que necesitamos en la vida. Todos los que aceptan la obra de Dios de los últimos días, que se someten al castigo y juicio de las palabras de Dios, que llegan a entender la verdad y conocerlo, y cuyo carácter de vida cambia, son los vencedores que creará Dios antes de los desastres. Una vez que hayan sido creados estos vencedores, la gran obra de Dios se completará con éxito, y la obra que Él realiza en secreto también llegará a su fin. Será después cuando Dios venga con las nubes y se aparezca abiertamente a todas las naciones y pueblos. Algunas personas se aferran ciegamente a sus propias nociones, solo esperan que el Señor Jesús venga con las nubes, pero rehúsan aceptar cualquiera de las verdades expresadas por Dios mientras Él realiza Su obra en secreto. Estas son personas que se rebelan contra Él y lo desafían, y si no pueden volverse hacia Dios y aceptar Su salvación de los últimos días, acabarán llorando y rechinando los dientes en medio de los grandes desastres. Está profetizado en Apocalipsis 1:7, ‘He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él; sí. Amén’. Piensa en ello: cuando el Señor venga con las nubes, todo el mundo lo verá, y ¿qué otra opción les quedará que no sea acoger Su venida con gran alegría? Entonces, ¿por qué se lamentarán todos los pueblos? Porque cuando Dios venga abiertamente verán que el Dios Todopoderoso a quien han desafiado es en verdad el Señor Jesús que ha regresado, así que ¿cómo no podrían entonces darse golpes en el pecho, llorar y rechinar los dientes?”.

Seguí asintiendo con la cabeza mientras escuchaba la comunicación de la hermana, y le dije: “Ah, antes no entendía este versículo. Le pregunté al pastor de mi iglesia, pero no me lo explicó con claridad. Resulta que este versículo se refiere a todos aquellos que rehúsan aceptar la salvación de Dios Todopoderoso en los últimos días, a todos aquellos que lo desafían”. En ese momento, no pude evitar pensar en cómo una y otra vez mi familia había compartido el evangelio conmigo y, sin embargo, me había opuesto y negado a aceptarlo; me sentía muy angustiada. Con remordimiento, le dije a la hermana: “Si no hubiera leído las palabras de Dios Todopoderoso, si Sus palabras no hubieran abierto la puerta de mi corazón y no me hubieran permitido tener un corazón de búsqueda, me temo que ya no estaría escuchando vuestras comunicaciones, pero aun así seguiría obsesionada esperando que el Señor Jesús viniera sobre una nube blanca y se apareciera abiertamente a la gente. ¡Soy tan tonta e ignorante! Recién ahora entiendo que la etapa de la obra secreta de Dios es en verdad una maravillosa oportunidad para aceptar el juicio y castigo de las palabras de Dios, y para que nos despojemos de nuestro carácter corrupto con el fin de alcanzar la salvación completa. Cuando Dios venga sobre una nube y se aparezca abiertamente al hombre, Su obra de salvación ya habrá terminado, y comenzará a recompensar a los buenos y a castigar a los malvados. Y cuando eso suceda, incluso si me siento totalmente destruida por el arrepentimiento, será demasiado tarde. Doy gracias a Dios por no abandonarme y concederme esta oportunidad de salvación. ¡Deseo aceptar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días!”.

Más tarde, tomé la iniciativa y pedí unirme a la Iglesia de Dios Todopoderoso. Como mi esposo, mi hijo y mi nuera, leo las palabras de Dios y la comunicación sobre la verdad todos los días, y estoy experimentando el juicio, el castigo, la purificación y la salvación de las palabras de Dios. En la gran familia de la Iglesia de Dios Todopoderoso, vivo una verdadera vida de iglesia, y mi espíritu está lleno de paz y alegría. Siento realmente cuán grande es el amor de Dios hacia mí; lo que sucedía es que estaba aletargada e hice esperar a Dios demasiado tiempo. Le doy gracias a Dios por Sus meticulosos arreglos para que todo tipo de personas, eventos y cosas me condujeran y guiaran paso a paso de regreso a la familia de Dios. ¡Le doy gracias a Dios por proporcionarme una clase diferente de salvación!

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Iglesia de Dios Todopoderoso

La visión de la obra de Dios (3)

La primera vez que Dios se hizo carne fue a través de la concepción por el Espíritu Santo, y esto fue importante para la obra que pretendía hacer. El nombre de Jesús marcaba el comienzo de la Era de la Gracia. Cuando Jesús empezó a desarrollar Su ministerio, el Espíritu Santo comenzó a dar testimonio del nombre de Jesús, y ya no se habló más del nombre de Jehová. En su lugar el Espíritu Santo inició la nueva obra principalmente bajo el nombre de Jesús. El testimonio de los que creyeron en Él fue dado para Jesucristo, y la obra que hicieron fue también para Jesucristo. La conclusión de la Era de la Ley del Antiguo Testamento significaba que la obra principalmente conducida bajo el nombre de Jehová había llegado a su fin. Después de esto, el nombre de Dios ya no fue más Jehová y pasó a llamarse Jesús; de ahí en adelante el Espíritu Santo comenzó la obra principalmente bajo el nombre de Jesús. Por tanto, si las personas que siguen hoy comiendo y bebiendo las palabras de Jehová y lo siguen haciendo todo de acuerdo con la obra de la Era de la Ley, ¿no estás cumpliendo las reglas a ciegas? ¿No estás estancado en el pasado? Ahora sabéis que los últimos días han llegado. Cuando Jesús venga, ¿se le seguirá llamando Jesús? Jehová le dijo al pueblo de Israel que vendría un Mesías, pero cuando llegó no se le llamó Mesías, sino Jesús. Jesús dijo que vendría de nuevo, y que llegaría tal como partió. Estas fueron Sus palabras, ¿pero presenciaste cómo se fue? Lo hizo sobre una nube blanca, ¿pero volverá en persona entre los hombres sobre una nube blanca? Si eso fuera así, ¿no se le seguiría llamando Jesús? Cuando Él venga de nuevo, la era ya habrá cambiado, entonces ¿se le podría seguir llamando Jesús? ¿Es que solo se conoce a Dios por el nombre de Jesús? ¿No se le podría llamar por un nuevo nombre en una nueva era? ¿Pueden la imagen de una persona y un nombre concreto representar a Dios en Su totalidad? En cada era, Dios hace nueva obra y se le llama por un nuevo nombre; ¿cómo podría hacer Él la misma obra en diferentes eras? ¿Cómo podría aferrarse a lo antiguo? El nombre de Jesús se adoptó para la obra de redención, entonces ¿se le seguiría llamando por el mismo nombre cuando vuelva en los últimos días? ¿Seguiría haciendo Él la obra de redención? ¿Por qué son Jehová y Jesús uno, pero se les llama por nombres diferentes en eras diferentes? ¿Acaso no es porque las eras de Su obra son distintas? ¿Podría un solo nombre representar a Dios en Su totalidad? Siendo esto así, se debe llamar a Dios por un nombre diferente en una era diferente y Él debe usar el nombre para cambiar la era y representarla. Porque ningún nombre puede representar totalmente a Dios mismo y cada nombre sólo puede representar el aspecto temporal del carácter de Dios en una era dada; todo lo que necesita hacer es representar Su obra. Por tanto, Dios puede escoger cualquier nombre que encaje con Su carácter para representar a toda la era. Independientemente de que sea la era de Jehová, o la de Jesús, cada era está representada por un nombre. Después de la Era de la Gracia, la era final ha llegado y Jesús ya ha venido. ¿Cómo se le podría llamar aún Jesús? ¿Cómo podría adoptar aún la forma de Jesús entre los hombres? ¿Has olvidado que Jesús fue sólo la imagen de un nazareno? ¿Has olvidado que Jesús fue sólo el Redentor de la humanidad? ¿Cómo podría Él asumir la obra de conquistar y perfeccionar al hombre en los últimos días? Jesús se marchó en una nube blanca, esto es una realidad, pero ¿cómo podría volver entre los hombres en una nube blanca y seguir llamándose Jesús? Si realmente llegara en una nube, ¿cómo no iba a reconocerlo el hombre? ¿No lo reconocerían las personas de todo el mundo? En ese caso, ¿no sería Dios únicamente Jesús? En ese caso, la imagen de Dios sería la apariencia de un judío, y sería la misma eternamente. Jesús dijo que Él llegaría tal como se fue, pero ¿conoces el verdadero significado de Sus palabras? ¿Pudo realmente habérselo dicho a este grupo que formáis? Sólo sabes que Él llegará tal como se fue en una nube, pero ¿sabes exactamente cómo hace Su obra Dios mismo? Si de verdad fueras capaz de ver, entonces ¿cómo deben explicarse las palabras de Jesús? Él dijo: Cuando el Hijo del hombre venga en los últimos días, Él mismo no sabrá, los ángeles no sabrán, los mensajeros en el cielo no sabrán, y las personas no sabrán. Sólo el Padre sabrá, esto es, sólo el Espíritu sabrá. Ni siquiera el propio Hijo del hombre sabe, ¿y tú eres capaz de ver y saber? Si tú fueras capaz de saberlo y verlo con tus propios ojos, ¿acaso estas palabras no se habrán dicho en vano? ¿Y qué dijo Jesús en ese momento? “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre. Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. […] Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre”. Cuando llegue ese día, el Hijo del hombre no lo sabrá. El Hijo del hombre se refiere a la carne encarnada de Dios, una persona normal y corriente. Ni siquiera el propio Hijo del hombre lo sabe; así pues, ¿cómo podrías saberlo tú? Jesús dijo que llegaría tal como partió. Ni siquiera Él sabe cuándo llegará, ¿cómo podría informarte entonces de antemano? ¿Eres capaz de ver Su llegada? ¿No es eso una broma? Cada vez que Dios llegue a la tierra, cambiará Su nombre, Su género, Su imagen, y Su obra; Él no repite Su obra, y siempre es nuevo y nunca viejo. Cuando vino anteriormente, se le llamó Jesús; ¿se le podría seguir llamando Jesús cuando venga de nuevo esta vez? Cuando vino anteriormente, era un varón; ¿podría ser de nuevo un varón esta vez? Cuando vino durante la Era de la Gracia Su obra fue ser clavado en la cruz; ¿seguirá redimiendo a la humanidad del pecado cuando venga de nuevo esta vez? ¿Volverá a ser clavado en una cruz? ¿No sería eso una repetición de Su obra? ¿No sabías que Dios es siempre nuevo y nunca viejo? Están aquellos que dicen que Dios es inmutable. Eso es correcto, pero se refiere a la inmutabilidad del carácter y la esencia de Dios. Los cambios en Su nombre y obra no demuestran que Su esencia se haya alterado; en otras palabras, Dios siempre será Dios, y esto nunca cambiará. Si dices que la obra de Dios siempre permanece igual, ¿sería entonces capaz de terminar Su plan de gestión de seis mil años? Sólo sabes que Dios es eternamente inmutable, ¿pero sabes que Él es siempre nuevo y nunca viejo? Si la obra de Dios nunca cambió, ¿podría haber traído a la humanidad hasta hoy? Si Dios es inmutable, ¿por qué ha hecho ya la obra de dos eras? Su obra siempre está progresando hacia adelante, es decir, Su carácter se manifiesta gradualmente al hombre y lo que se revela es Su carácter inherente. En el principio, el carácter de Dios se escondió del hombre. Él nunca reveló abiertamente Su carácter al hombre, y este simplemente no tenía conocimiento de Él. Por ello, usó Su obra para revelar poco a poco Su carácter al hombre, pero esto no significa que este cambie en cada era. No es el caso que el carácter de Dios esté cambiando constantemente, porque Su voluntad siempre lo esté haciendo, sino que al ser diferentes las eras de Su obra, Su carácter inherente se revela poco a poco al hombre en su totalidad, de forma que este pueda conocerle. Pero esto no demuestra en absoluto que Dios no tenga originalmente un carácter particular y que este haya ido cambiando de forma gradual con el paso de las eras; ese entendimiento es erróneo. Dios le revela al hombre Su carácter inherente y particular, lo que Él es, de acuerdo con el paso de las eras. La obra de una sola era no puede expresar todo el carácter de Dios. Por tanto, las palabras “Dios es siempre nuevo y nunca viejo” hacen referencia a Su obra, y las palabras “Dios es inmutable” tienen relación con lo que Dios inherentemente tiene y es. En cualquier caso, no puedes hacer depender la obra de seis mil años en un punto, o representarla con simples palabras muertas. Tal es la estupidez del hombre. Dios no es tan simple como el hombre imagina, y Su obra no puede detenerse en una era. Jehová, por ejemplo, no puede representar siempre el nombre de Dios; Él también puede hacer Su obra bajo el nombre de Jesús. Esto es una señal de que la obra de Dios siempre progresa hacia adelante.

Dios es siempre Dios, y nunca se volverá Satanás; Satanás siempre es Satanás, y nunca se volverá Dios. La sabiduría, lo maravilloso, la justicia y la majestad de Dios nunca cambiarán. Su esencia y lo que Él tiene y es nunca cambiarán. Sin embargo, Su obra siempre está progresando hacia adelante y siempre va profundizando, porque Él siempre es nuevo y nunca viejo. En cada era Dios adopta un nuevo nombre, hace una obra nueva y permite a Sus criaturas ver Su nueva voluntad y Su nuevo carácter. Si las personas no ven la expresión del nuevo carácter de Dios en la nueva era, ¿acaso no lo clavarían eternamente en la cruz? Y al hacerlo, ¿no definirían a Dios? Si Él sólo se encarnara como varón, las personas lo definirían como tal, como el Dios de los hombres, y nunca creerían que es el Dios de las mujeres. Entonces, los hombres creerían que Dios es del mismo género que los hombres, que Él es la cabeza de los hombres; ¿y qué hay de las mujeres? Esto es injusto; ¿no es un trato preferencial? Si fuera el caso, todos aquellos a quienes Dios salvó serían hombres como Él, y no habría salvación para las mujeres. Cuando Dios creó a la humanidad, creó a Adán y a Eva. No sólo creó a Adán, sino que hizo tanto al varón como a la mujer a Su imagen. Dios no es sólo el Dios de los hombres, también lo es de las mujeres. Él entra en una nueva etapa de la obra en los últimos días. Él revelará más de Su carácter, y no será la compasión y el amor de la época de Jesús. Como tiene una obra nueva, esta irá acompañada por un nuevo carácter. Por tanto, si esta obra fuera realizada por el Espíritu, si Dios no se hiciera carne, sino que el Espíritu hablara directamente por medio del trueno, de forma que el hombre no tuviera contacto alguno con Él, ¿conocería el hombre Su carácter? Si sólo el Espíritu hiciera la obra, el hombre no tendría forma de conocer Su carácter. Las personas sólo pueden ver el carácter de Dios con sus propios ojos cuando Él se hace carne, cuando la Palabra aparece en la carne, y Él expresa todo Su carácter por medio de la carne. Dios vive de verdad en medio del hombre. Él es tangible; el hombre puede tener contacto realmente con Su carácter y lo que Él tiene y es; solo de esta forma puede el hombre conocerlo verdaderamente. Al mismo tiempo, Dios también ha completado Su obra en la que “Dios es el Dios de hombres y el Dios de las mujeres”, y ha cumplido la totalidad de Su obra en la carne. Dios no duplica Su obra en cada era. Como los últimos días han llegado, Él hará la obra de los últimos días, y revelará todo Su carácter en los últimos días. Cuando se habla de los últimos días, esto se refiere a una era independiente; una en la que Jesús dijo que sin duda deberéis afrontar desastres y terremotos, hambrunas y plagas, lo que señalará que es una nueva era, y no la antigua Era de la Gracia. Si, como afirman las personas, Dios es eternamente inmutable, Su carácter es siempre compasivo y amoroso, Él ama al hombre como a sí mismo, ofrece a cada hombre la salvación y nunca lo aborrece, ¿sería capaz de completar Su obra? Cuando Jesús vino, fue clavado en la cruz y se sacrificó por todos los pecadores ofreciéndose sobre el altar, Él ya había completado la obra de redención y puesto fin a la Era de la Gracia; ¿qué sentido tendría entonces repetir la obra de aquella era en los últimos días? ¿Actuar así no sería una negación de la obra de Jesús? Si Dios no hiciera la obra de la crucifixión cuando vino en esta etapa, pero siguiera siendo amoroso y compasivo, ¿sería capaz de poner fin a la era? ¿Podría concluirla un Dios amoroso y compasivo? En Su obra final de dar por concluida la era, el carácter de Dios es de castigo y juicio, revela todo lo que es injusto, juzga públicamente a todos los pueblos y perfecciona a aquellos que le aman con un corazón sincero. Solo un carácter así puede concluir la era. Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se clasificarán según su especie, y se dividirán en diferentes categorías en base a su naturaleza. Este es el momento en el que Dios revela el final y el destino del hombre. Si este no pasa por el castigo y el juicio, no habrá forma de revelar su desobediencia y su injusticia. Solo por este medio se puede manifestar el final de todas las cosas. El hombre solo muestra lo que realmente es cuando es castigado y juzgado. El mal se pondrá con el mal, el bien con el bien, y toda la humanidad será clasificada según su especie. A través del castigo y del juicio se revelará el final de todas las cosas, de forma que los malos serán castigados y los buenos recompensados, y todas las personas se someterán al dominio de Dios. Toda la obra debe lograrse por medio del castigo y juicio justos. Como la corrupción del hombre ha alcanzado su punto culminante y su desobediencia ha sido demasiado grave, solo el carácter justo de Dios, que es principalmente de castigo y juicio, y se revela durante los últimos días, puede transformar y completar totalmente al hombre. Solo este carácter puede dejar el mal al descubierto y castigar así con severidad a todos los injustos. Por tanto, un carácter como este está imbuido de la importancia de la era y la revelación y exhibición de Su carácter se hacen manifiestas en aras de la obra de cada nueva era. Dios no revela Su carácter de manera arbitraria y sin sentido. Si al revelar el final del hombre durante los últimos días, Dios fuera a concederle al hombre una compasión y un amor inagotables y fuera amoroso hacia él, sin someterle a un juicio justo, sino demostrándole tolerancia, paciencia y perdón, y perdonara al hombre por muy graves que fueran los pecados que cometiera, sin un atisbo de juicio justo, ¿llegaría entonces alguna vez a su conclusión toda la gestión de Dios? ¿Cuándo podría un carácter así guiar a la humanidad al destino apropiado? Por ejemplo, un juez que siempre es amoroso, bondadoso y amable, que ama a las personas independientemente de los crímenes que hayan cometido, y es amoroso y tolerante con las personas sean quienes sean, ¿cuándo será capaz de alcanzar un veredicto justo? Durante los últimos días, solo el juicio justo puede clasificar al hombre según cada especie y llevarlo a un nuevo reino. De esta forma, se pone fin a toda la era por medio del carácter justo de Dios de juicio y castigo.

La obra de Dios es perfectamente clara a lo largo de toda Su gestión: la Era de la Gracia es la Era de la Gracia, y los últimos días son los últimos días. Existen claras diferencias entre cada era, porque en cada una de ellas Dios hace una obra que representa a esa era. Para que se lleve a cabo la obra de los últimos días, debe haber fuego, juicio, castigo, ira y destrucción que pondrán fin a la era. Los últimos días se refieren a la era final. Durante esta, ¿no pondrá Dios fin a la era? Para finalizar la era, Dios debe traer consigo castigo y juicio. Sólo así puede Él poner fin a la era. El propósito de Jesús era que el hombre pudiera seguir existiendo, viviendo y que pudiera hacerlo de una manera mejor. Él salvó al hombre del pecado para que este cesara la depravación constante y no viviese ya en el Hades y el infierno, y salvando al hombre de estos le permitió seguir viviendo. Ahora, los últimos días han llegado. Él aniquilará al hombre, lo destruirá por completo, lo que significa que cambiará la desobediencia del hombre. Por tanto, el carácter compasivo y amoroso de Dios en tiempos pasados sería incapaz de finalizar la era, y de completar el plan de gestión de seis mil años. Cada era presenta una representación especial del carácter de Dios, y cada una contiene la obra que Él debería realizar. Así, la obra realizada por Dios mismo en cada era contiene la expresión de Su verdadero carácter, Su nombre y la obra que hace cambian con la era; son todos nuevos. Durante la Era de la Ley, la obra de guiar a la humanidad se realizó bajo el nombre de Jehová, y la primera etapa de la obra se llevó a cabo en la tierra. La obra de esta etapa fue edificar el templo y el altar, y usar la ley para guiar al pueblo de Israel y obrar en medio de él. Guiando al pueblo de Israel, Él lanzó una base para Su obra en la tierra. Desde allí expandió Su obra más allá de Israel, es decir que, comenzando desde Israel la difundió hacia fuera, de forma que generaciones posteriores llegaron gradualmente a saber que Jehová era Dios, y que Él había creado los cielos, la tierra y todas las cosas, que había hecho a todas las criaturas. Él difundió Su obra por medio del pueblo de Israel hacia afuera de sí mismo, cuya tierra fue el primer lugar santo de la obra terrenal de Jehová, y la primera obra de Dios sobre la tierra se realizó por todo el territorio de Israel. Esa fue la obra de la Era de la Ley. En la obra de la Era de la Gracia, Jesús fue el Dios que salvó al hombre. Lo que Él tenía y era, es decir, gracia, amor, compasión, templanza, paciencia, humildad, cuidado y tolerancia, y gran parte de la obra que Él hizo fue en aras de la redención del hombre. En cuanto a Su carácter, era de compasión y amor, y por ser compasivo y amoroso tuvo que ser clavado en la cruz por el hombre, a fin de mostrar que Dios amaba al hombre como a sí mismo, hasta el punto de sacrificarse en Su totalidad. Durante la Era de la Gracia, el nombre de Dios fue Jesús, que indica que Dios era un Dios que salvó al hombre, y que era compasivo y amoroso. Él estaba con el hombre. Su amor, Su compasión y Su salvación acompañaron a cada persona. El hombre sólo podía obtener paz y gozo, recibir Su bendición, Sus inmensas y numerosas gracias, y Su salvación si aceptaba el nombre de Jesús y Su presencia. A través de la crucifixión de Jesús, todos aquellos que lo siguieron recibieron la salvación y se les perdonaron sus pecados. Durante la Era de la Gracia, el nombre de Dios fue Jesús. En otras palabras, la obra de la Era de la Gracia se realizó principalmente bajo el nombre de Jesús. Durante la Era de la Gracia, a Dios se le llamó Jesús. Él hizo nueva obra más allá del Antiguo Testamento, y esta terminó con la crucifixión; esa fue la totalidad de Su obra. Por tanto, durante la Era de la Ley, el nombre de Dios fue Jehová, y en la Era de la Gracia el nombre de Jesús representaba a Dios. Durante los últimos días, Su nombre es Dios Todopoderoso, el Todopoderoso, y usa Su poder para guiar al hombre, conquistarlo, ganarlo y, finalmente, concluir la era. En cada era, en cada etapa de Su obra, el carácter de Dios es evidente.

Al principio, guiar al hombre durante la Era de la Ley del Antiguo Testamento era como guiar la vida de un niño. La humanidad más antigua nació de Jehová; fueron los israelitas, que no sabían cómo venerar a Dios o vivir en la tierra. Es decir, Jehová creó a la humanidad, esto es, creó a Adán y Eva, pero no les dio las facultades para entender cómo venerar a Jehová o seguir las leyes de Jehová sobre la tierra. Sin la guía directa de Jehová, nadie podría saber esto directamente, porque en el principio el hombre no poseía tales facultades. El hombre sólo sabía que Jehová era Dios, y no tenía idea de cómo venerarlo, qué conducta se podría considerar venerarlo, con qué mentalidad hacerlo y qué ofrecer en Su reverencia. El hombre sólo sabía cómo disfrutar de lo que podía disfrutarse entre todas las cosas creadas por Jehová, pero no tenía ni idea de qué tipo de vida sobre la tierra encajaba con la de una criatura de Dios. Sin nadie que los instruyera, sin alguien que los guiara personalmente, esa humanidad nunca podría llevar una vida apropiada, y sólo podría ser capturada furtivamente por Satanás. Jehová creó a la humanidad, es decir, creó a los ancestros de la misma: Eva y Adán. Pero no les concedió ningún intelecto ni sabiduría adicionales. Aunque ya estaban viviendo en la tierra, no entendían casi nada. Así pues, la obra de Jehová de crear a la humanidad sólo estaba a medias. No estaba en absoluto completa. Él sólo había formado un modelo de hombre a partir del barro y le había dado Su aliento, pero no le había concedido suficiente determinación para venerarlo. Al principio, el hombre no tenía mentalidad de venerarlo o temerlo. El hombre sólo sabía cómo escuchar Sus palabras, pero ignoraba el conocimiento básico para la vida sobre la tierra y las reglas normales para la vida humana. Y así, aunque Jehová creó al hombre y a la mujer y terminó el proyecto de los siete días, de ninguna manera completó la creación del hombre, porque el hombre era sólo una cáscara y le faltaba la realidad de ser un humano. El hombre sólo sabía que fue Jehová quien había creado a la humanidad, pero no tenía idea de cómo guardar Sus palabras y Sus leyes. Por ello, después de la creación de la humanidad, la obra de Jehová estaba lejos de terminarse. Él aún no había guiado por completo a la humanidad para que viniera ante Él, con el fin de que pudiesen vivir juntos en la tierra y reverenciarlo, y por consiguiente la humanidad pudiera, con Su guía, entrar en la vía correcta de una vida humana normal en la tierra. Sólo de esta forma se completó del todo la obra que se había llevado a cabo principalmente bajo el nombre de Jehová; esto es, sólo de esta forma concluyó la obra de Jehová de crear el mundo. Y así, como creó a la humanidad, tuvo que guiar su vida en la tierra durante varios miles de años, de forma que esta fuera capaz de guardar Sus decretos y leyes, así como de participar en todas las actividades de una vida humana apropiada sobre la tierra. Sólo entonces se completó del todo la obra de Jehová. Él empezó esta obra después de crear a la humanidad, y esta prosiguió hasta la época de Jacob, cuando sus doce hijos pasaron a ser las doce tribus de Israel. A partir de ese momento, todos en Israel se convirtieron en el pueblo oficialmente dirigido por Él en la tierra, e Israel pasó a ser el lugar terrenal concreto en el que Él llevó a cabo Su obra. Jehová convirtió a estas personas en el primer grupo entre el cual realizó Su obra oficial en la tierra, y a toda la tierra de Israel en el punto de partida de la misma. Él los usó como el comienzo de una obra aun mayor, de forma que todas las personas nacidas de Él en la tierra supieran cómo venerarle y vivir en ella. Y así, los hechos de los israelitas pasaron a ser un ejemplo a seguir por los gentiles, y lo que se dijo entre el pueblo de Israel se convirtió en palabras para ser oídas por los gentiles. Y es que fueron los primeros en recibir las leyes y los mandamientos de Jehová, y también los primeros en saber cómo venerar Sus caminos. Fueron los antepasados humanos que conocieron los caminos de Jehová, y los representantes de la humanidad escogida por Él. Cuando llegó la Era de la Gracia, Jehová ya no guio más al hombre de esta forma. El ser humano había cometido pecado y se había abandonado a este; por tanto, Él empezó a rescatar al hombre del pecado. De esta forma, recriminó al hombre hasta que este fue liberado por completo del pecado. En los últimos días, el hombre se ha hundido en tal depravación que la obra de esta etapa sólo puede llevarse a cabo por medio del juicio y del castigo. Sólo de esta forma puede cumplirse la obra. Esta ha sido la obra de varias eras. En otras palabras, Dios usa Su nombre, Su obra y Sus diferentes imágenes para dividir y transferir las eras. El nombre de Dios y Su obra representan Su era y Su obra en cada era. Si la obra de Dios en cada era es siempre la misma, y si siempre se le llama por el mismo nombre, ¿cómo lo conocería el hombre? Dios debe llamarse Jehová, y aparte de un Dios llamado así, otro con cualquier otro nombre no es Dios. O tal vez, Dios sólo puede llamarse Jesús, y tampoco puede dársele cualquier otro nombre excepto Jesús; aparte de Jesús, Jehová no es Dios, y Dios Todopoderoso tampoco lo es. El hombre cree que es cierto que Dios es todopoderoso, pero Dios es un Dios que está con el hombre; se le debe llamar Jesús, porque Dios está con el hombre. Hacer esto es seguir la doctrina, y limitar a Dios a un ámbito. Por ello, la obra que Dios hace en cada era, el nombre por el que se le llama, la imagen que adopta, y cada etapa de Su obra hasta hoy, no siguen una única norma ni están sujetos a ninguna limitación. Él es Jehová, pero también Jesús, el Mesías y Dios Todopoderoso. Su obra puede cambiar gradualmente, y existen cambios correspondientes en Su nombre. Ningún nombre puede representarle por completo, pero todos los nombres por los que se le llama pueden representarlo, y la obra que Él hace en cada era representa Su carácter. Supongamos que, cuando los últimos días llegan, el Dios que ves sigue siendo Jesús, cabalga sobre una nube blanca, sigue teniendo el aspecto de Jesús, y las palabras que pronuncia siguen siendo las de este: “Debéis amar a vuestro prójimo como a vosotros mismos, debéis ayunar y orar, amar a vuestros enemigos como apreciáis vuestra propia vida, soportar a los demás, y ser pacientes y humildes. Tenéis que hacer todo esto antes de que podáis ser Mis discípulos. Y si hacéis todo esto, podéis entrar en Mi reino”. ¿No es esta la obra de la Era de la Gracia? ¿No es el camino del que se habló durante la Era de la Gracia? ¿Cómo os sentís cuando oís estas palabras? ¿No sentís que esta sigue siendo la obra de Jesús? ¿No es un duplicado de Su obra? ¿Podría gratificar al hombre? Podéis sentir que la obra de Dios sólo puede mantenerse como es hasta ahora, y que no puede progresar más. Él sólo tiene cierta cantidad de poder, no tiene obra nueva que hacer, y Su poder ha llegado a su límite. Hace dos mil años fue la Era de la Gracia y dos mil años después, Él sigue predicando el camino de la Era de la Gracia y sigue haciendo que las personas se arrepientan. Las personas dirían: “Dios, tienes un poder limitado. Yo creí que Tú eras muy sabio, pero sólo conoces la tolerancia y sólo te preocupas por la paciencia; sólo sabes cómo amar a Tu enemigo, y nada más”. En la mente del hombre, Dios será siempre como era en la Era de la Gracia, y el hombre siempre creerá que Dios es amoroso y compasivo. ¿Piensas que la obra de Dios repetiría siempre lo mismo? Y así, en esta etapa de Su obra Él no será crucificado, y todo lo que veis, y con lo que estáis en contacto, será diferente de cualquier cosa que hayáis imaginado y oído. Hoy, Dios no se involucra con los fariseos, ni tampoco permite al mundo que conozca, y aquellos que lo conocen a Él sólo sois vosotros que lo seguís, porque Él no será crucificado de nuevo. Durante la Era de la Gracia, Jesús predicó abiertamente a lo largo de la tierra por el bien de la obra de Su evangelio. Interactuó con los fariseos por causa de la crucifixión; si no lo hubiera hecho, y los que estaban en el poder nunca hubieran sabido de Él, ¿cómo habría podido ser condenado y después traicionado y clavado en la cruz? Por tanto, interactuó con los fariseos por causa de la crucifixión. Hoy hace Su obra en secreto con el fin de evitar la tentación. La obra, el sentido y el entorno de las dos encarnaciones de Dios son todos diferentes, entonces ¿cómo podría ser completamente la misma la obra que Él hace?

¿Podría el nombre de Jesús —“Dios con nosotros”— representar el carácter de Dios en su totalidad? ¿Podría articular por completo a Dios? Si el hombre afirma que a Dios sólo se le puede llamar Jesús y no puede tener ningún otro nombre, porque no puede cambiar Su carácter, ¡tales palabras son una blasfemia! ¿Crees que el nombre de Jesús —Dios con nosotros— puede representar a Dios en Su totalidad? A Dios se le puede llamar por muchos nombres, pero entre todos estos no hay uno que pueda englobar todo lo que Él tiene, ninguno puede representarlo plenamente. Por tanto, Dios tiene muchos nombres, pero estos no pueden articular por completo el carácter de Dios, que es demasiado rico y supera el conocimiento del hombre. El lenguaje humano es incapaz de englobar del todo a Dios. El hombre tiene un vocabulario limitado con el que abarca todo lo que conoce del carácter divino: grande, honorable, maravilloso, inimaginable, supremo, santo, justo, sabio, etc. ¡Demasiadas palabras! Tan limitado léxico es incapaz de describir lo poco que el hombre ha presenciado del carácter de Dios. Más adelante, muchos añadieron más palabras para describir mejor el fervor de sus corazones: ¡Dios es tan grande! ¡Dios es tan santo! ¡Dios es tan amoroso! Hoy, tales dichos humanos han alcanzado su punto álgido, pero el hombre sigue siendo incapaz de expresarse a sí mismo con claridad. Por tanto, para el hombre Dios tiene muchos nombres, aunque no tiene uno solo, y esto se debe a que el ser de Dios es demasiado abundante, y el lenguaje del hombre demasiado inadecuado. Una palabra o nombre particular no tendría poder para representar a Dios en Su totalidad. ¿Crees que puede Él, pues, adoptar un nombre fijo? Dios es tan grande y tan santo, ¿por qué no le permites cambiar Su nombre cada nueva era? Por ello, en cada era que Dios realiza personalmente Su propia obra, usa un nombre que encaje con la era para condensar la obra que hace. Él usa este nombre particular, uno que posee una importancia temporal, para representar Su carácter en dicha era. Este es Dios que usa el lenguaje de la humanidad para expresar Su propio carácter. Aun así, muchas personas que han tenido experiencias espirituales y han visto a Dios personalmente, siguen sintiendo que un nombre concreto es incapaz de representarlo en Su totalidad —¡qué triste que esto no pueda evitarse!— así que el hombre ya no se dirige a Dios con un nombre y simplemente le dicen “Dios”. Sus corazones parecen llenos de amor, aunque también parecen plagados de contradicciones, porque no saben cómo explicar a Dios. Lo que Dios es es demasiado abundante y sencillamente no hay forma de describirlo. No hay un solo nombre que pueda resumir Su carácter ni describir todo lo que Él tiene y es. Si alguien me pregunta: “¿Qué nombre usas exactamente?”, Yo le diré: “¡Dios es Dios!”. ¿Acaso no es este el mejor nombre para Dios? ¿No es el mejor reflejo del carácter de Dios? Si es así, ¿por qué dedicáis tanto esfuerzo buscando el nombre de Dios? ¿Para qué os estrujáis el cerebro, dejáis de comer y de dormir sólo por un nombre? Llegará un día en el que no se le llamará a Dios Jehová, Jesús o el Mesías; será tan sólo llamado el Creador. En ese momento, todos los nombres que adoptó en la tierra acabarán, porque Su obra en la tierra habrá tocado a su fin, y después de ello Él no tendrá nombre. Cuando todas las cosas pasen a estar bajo el dominio del Creador, ¿para qué llamarle por un nombre altamente adecuado, aunque incompleto? ¿Sigues buscando ahora el nombre de Dios? ¿Te atreves todavía a decir que a Dios sólo se le puede llamar Jehová? ¿Te atreves todavía a decir que a Dios sólo se le puede llamar Jesús? ¿Puedes llevar el pecado de blasfemia contra Dios? Deberías saber que, originalmente, Dios no tenía nombre. Sólo adoptó uno, dos, o muchos, porque tenía una obra que hacer y tenía que gestionar a la humanidad. Cualquiera que sea el nombre por el que se le llame, ¿no lo escoge Él libremente? ¿Acaso te necesita Él a ti, una de sus creaciones, para decidirlo? El nombre por el cual se llama a Dios es acorde a lo que el hombre puede recibir y a su lenguaje, pero este nombre no puede ser condensado por él. Sólo puedes decir que hay un Dios en el cielo, que se le llama Dios, que es Dios mismo con gran poder, que es tan sabio, tan elevado, tan maravilloso, tan misterioso, tan todopoderoso, pero no puedes decir nada más; esto es lo poco que sabes. De este modo, ¿puede el nombre de Jesús solo representar a Dios mismo? Cuando lleguen los últimos días, aunque sigue siendo Dios quien realiza Su obra, Su nombre tiene que cambiar, porque es una era diferente.

Dios es lo más grande en todo el universo y en el reino de lo alto; ¿podría explicarse plenamente a sí mismo usando la imagen de la carne? Dios se reviste de ella con el fin de llevar a cabo una etapa de Su obra. No hay significado en la imagen de la carne, y no guarda relación con el paso de las eras; tampoco tiene nada que ver con el carácter de Dios. ¿Por qué no permitió Jesús que Su imagen permaneciera? ¿Por qué no consintió que el hombre pintara Su imagen, y que esta pudiera transmitirse a generaciones posteriores? ¿Por qué no permitió que las personas reconocieran que Su imagen era la de Dios? Aunque la imagen del hombre fue creada a semejanza de la de Dios, ¿cómo podría el aspecto del ser humano representar Su imagen elevada? Cuando Dios se hizo carne, descendió meramente desde el cielo a una carne particular. Su Espíritu desciende a la carne, a través de la cual realiza la obra del Espíritu. Este se expresa en la carne y hace Su obra en ella. La obra realizada en la carne representa por completo al Espíritu, y la carne es por el bien de la obra, pero esto no hace de la imagen de la carne una sustituta de la verdadera imagen de Dios mismo; este no es el propósito ni el significado de Dios hecho carne. Él sólo se encarna para que el Espíritu pueda tener algún lugar adecuado donde residir cuando lleva a cabo Su obra, para que pueda lograr mejor Su obra en la carne; para que las personas puedan ver Sus acciones, entender Su carácter, oír Sus palabras y conocer el prodigio de Su obra. Su nombre representa Su carácter, Su obra representa Su identidad, pero Él nunca ha dicho que Su aspecto en la carne representara Su imagen. Esto es una mera noción del hombre. Por tanto, los puntos clave de la encarnación de Dios son Su nombre, Su obra, Su carácter y Su género. Él usa estas cosas para representar Su gestión en esta era. Su aspecto en la carne no tiene consecuencias en Su gestión, y es meramente por el bien de Su obra en aquel tiempo. A pesar de todo, es imposible que el Dios encarnado no tenga un aspecto particular y, por ello, escoge la familia adecuada que determine Su apariencia. Si el aspecto de Dios tuviera un significado representativo, todos los que poseen rasgos faciales similares a los de Él también representarían a Dios. ¿No sería este un enorme error? El retrato de Jesús fue pintado por el hombre para que este pudiera adorarle. En aquel tiempo, el Espíritu Santo no proporcionó instrucciones especiales, de modo que el hombre transmitió el retrato hasta el día de hoy. En realidad, según la intención original de Dios, el hombre no debería haber hecho esto. El celo del hombre es el causante de que el retrato de Jesús permanezca hasta hoy. Dios es Espíritu, y el ser humano nunca será capaz de abarcar con exactitud cuál es Su imagen. Esta sólo puede ser representada por Su carácter. Eres incapaz de condensar la imagen de Su nariz, Su boca, Sus ojos y Su pelo. Cuando Juan recibió la revelación, contempló la imagen del Hijo del hombre: de Su boca salía una espada afilada de dos lados, Sus ojos eran como llamas de fuego, Su cabeza y Su pelo eran blancos como la lana, Sus pies como bronce pulido, y un cinto de oro cruzaba Su pecho. Aunque sus palabras eran muy gráficas, la imagen de Dios que describió no era la imagen de una criatura. Lo que él vio era una mera visión, y no la imagen de una persona del mundo material. Juan había visto una visión, pero no había sido testigo de la verdadera apariencia de Dios. La imagen del Dios encarnado es la imagen de un ser creado y es incapaz de representar el carácter de Dios en su totalidad. Cuando Jehová creó a la humanidad, afirmó que lo había hecho a Su imagen y que los creó varón y hembra. En ese momento, dijo que había hecho hombre y mujer a la imagen de Dios. Aunque la imagen del hombre se parece a la de Dios, no significa que la apariencia del hombre sea la imagen de Dios. No puedes usar el lenguaje del hombre para epitomizar por completo la imagen de Dios, ¡pues Él es tan elevado, tan grande, tan maravilloso e inimaginable!

Cuando Jesús vino a realizar Su obra, fue bajo la dirección del Espíritu Santo; hizo lo que el Espíritu Santo quiso, y no fue según la Era de la Ley del Antiguo Testamento ni de acuerdo con la obra de Jehová. Aunque la obra que Jesús vino a llevar a cabo no fue cumplir con las leyes o con los mandamientos de Jehová, Su fuente era la misma. La obra que Jesús hizo representó el nombre de Jesús y la Era de la Gracia; la obra hecha por Jehová le representaba a Él y la Era de la Ley. Su obra fue la de un solo Espíritu en dos eras distintas. La obra que Jesús hizo sólo podía representar a la Era de la Gracia, y la de Jehová a la Era de la Ley del Antiguo Testamento. Jehová sólo guio al pueblo de Israel y Egipto, y todas las naciones más allá de Israel. La obra de Jesús, en la Era de la Gracia del Nuevo Testamento, fue la obra de Dios bajo el nombre de Jesús mientras guio la era. Si afirmas que la obra de Jesús se basó en la de Jehová, y que no llevó a cabo ninguna obra nueva, y que todo lo que hizo fue según las palabras y la obra de Jehová y las profecías de Isaías, entonces Jesús no fue Dios hecho carne. Si Él dirigió Su obra de esta forma, fue un apóstol o un obrero de la Era de la Ley. Si es como tú dices, Jesús no pudo abrir una era ni pudo hacer otra obra. Del mismo modo, el Espíritu Santo debe realizar principalmente Su obra por medio de Jehová; excepto a través de Jehová, el Espíritu Santo no podía realizar ninguna nueva obra. El hombre se equivoca al considerar la obra de Jesús de este modo. Si el hombre cree que la obra hecha por Jesús fue según las palabras de Jehová y las profecías de Isaías, ¿era Jesús entonces Dios encarnado o un profeta? Según este criterio, no hubo Era de Gracia y Jesús no fue la encarnación de Dios, porque la obra que realizó no podía representar a la Era de la Gracia, sino sólo a la Era de la Ley del Antiguo Testamento. Sólo pudo haber una nueva era cuando Jesús vino a hacer una nueva obra, a inaugurar una nueva era que rompía con la obra que había hecho con anterioridad en Israel; esta obra no la condujo según la que Jehová hizo en Israel ni con Sus viejas reglas o normas, sino llevando a cabo la nueva obra que debía hacer. Dios mismo viene a iniciar una era y también viene a poner fin a esa era. El hombre es incapaz de realizar la obra de comenzar una era y concluirla. Si Jesús no hubiera llevado a su fin la obra de Jehová después de haber venido, esto habría demostrado que era meramente un hombre y que no fue capaz de representar a Dios. Precisamente porque Jesús vino y acabó la obra de Jehová, continuó la obra de Jehová y, aún más, llevó a cabo Su propia obra, una nueva, esto demuestra que esta fue también una nueva era y que Jesús era Dios mismo. Hicieron dos etapas claramente distintas de obra. Una fase se llevó a cabo en el templo y la otra fuera de este. Una etapa consistió en dirigir la vida del hombre según la ley, y la otra en ofrecer una ofrenda por el pecado. Ambas eran inequívocamente diferentes; esta es la división de la nueva y la vieja era, ¡y no hay error en afirmar que son dos eras! La ubicación, el contenido y el objetivo de Su obra eran diferentes. Por ello, se pueden dividir en dos eras: el Nuevo y el Antiguo Testamento, es decir, la nueva y la vieja era. Cuando Jesús vino no entró al templo, lo que demuestra que la era de Jehová había acabado. No entró al templo, porque la obra de Jehová en este había terminado y no necesitaba realizarse de nuevo. Hacerlo sería repetirla. Sólo abandonando el templo, comenzando una nueva obra y abriendo un nuevo camino fuera de él pudo llevar la obra de Dios a su cénit. De no haber salido del templo para realizar Su obra, la obra de Dios nunca hubiera podido progresar más allá del templo y nunca hubiera habido nuevos cambios. Así, cuando Jesús vino, no entró al templo ni llevó a cabo allí Su obra. La realizó fuera de este y la hizo con libertad, guiando a los discípulos. Que Dios se marchara del templo para hacer Su obra significaba que Él tenía un nuevo plan. Su obra debía llevarse a cabo fuera del templo, y tenía que ser una obra nueva no limitada en su forma de implementarse. La llegada de Jesús puso fin a la obra que Jehová había realizado durante la era del Antiguo Testamento. Aunque llevaban nombres distintos, ambas etapas de la obra fueron realizadas por un mismo Espíritu, y la obra de la segunda fue la continuación de la primera. Al tener un nombre distinto y como el contenido de la obra era diferente, la era también lo fue. Cuando Jehová vino, fue Su era, y cuando vino Jesús, fue la suya. Así, cada vez que Dios viene, se le llama por un nombre, representa una era y abre una nueva senda; y en cada nuevo camino, adopta un nuevo nombre que demuestra que Dios es siempre nuevo y nunca viejo, y que Su obra está en constante progreso hacia adelante. La historia progresa siempre hacia adelante, y la obra de Dios también. Para que Su plan de gestión de seis mil años alcance su fin, debe seguir progresando. Cada día, cada año, Él debe realizar obra nueva; debe abrir nuevas sendas, iniciar nuevas eras, iniciar obra nueva y mayor, y junto con estas cosas, traer nuevos nombres y nueva obra. El Espíritu de Dios siempre está haciendo obra nueva y jamás se aferra a las viejas formas y normas. Su obra tampoco cesa nunca, y sucede todo el tiempo. Si dices que la obra del Espíritu Santo es inmutable, ¿por qué permitió Jehová que los sacerdotes le sirvieran en el templo, pero Jesús no entró en él, aunque cuando vino también se dijo que Él era el sumo sacerdote, que pertenecía a la casa de David, que también era sumo sacerdote y el gran Rey? ¿Y por qué no ofreció sacrificios? Que entrara o no en el templo, ¿no es todo esto la obra de Dios mismo? Si, como imagina el hombre, Jesús vendrá, seguirá llamándose Jesús durante los últimos días y todavía descenderá en una nube blanca, entre los hombres, con el aspecto de Jesús, ¿no sería esto la repetición de Su obra? ¿Se aferraría el Espíritu Santo a la antigua? Todo lo que el hombre cree son conceptos, y todo lo que el hombre acepta es según el significado literal y acorde con su imaginación; no es conforme a los principios de la obra del Espíritu Santo ni se ajusta a las intenciones de Dios. Él no lo haría así; Dios no es necio y estúpido, y Su obra no es tan sencilla como tú imaginas. De acuerdo con todo lo que el hombre hace e imagina, Jesús llegará en una nube y descenderá entre vosotros. Lo contemplaréis y, Él, cabalgando sobre una nube, os dirá que es Jesús. También veréis las marcas de los clavos en Sus manos y sabréis que es Jesús. Y Él os salvará de nuevo y será vuestro Dios poderoso. Os salvará, os dará un nombre nuevo y una piedra blanca a cada uno de vosotros, tras lo cual se os permitirá entrar al reino de los cielos y ser recibidos en el paraíso. ¿Acaso no son estas creencias los conceptos de los hombres? ¿Obra Dios según los conceptos del hombre o en contra de estos? ¿No proceden todos los conceptos del hombre de Satanás? ¿No ha sido todo el hombre corrompido por Satanás? Si Dios hizo Su obra según los conceptos del hombre, ¿no se convertiría Él en Satanás? ¿No sería Él lo mismo que las criaturas? Al haber sido las criaturas tan corrompidas ya por Satanás que el hombre se ha convertido en su personificación, si Dios obró según las cosas de Satanás, ¿no estaría confabulado con él? ¿Cómo puede el hombre llegar a entender la obra de Dios? Por ello, Dios no obra según los conceptos del hombre ni lo hace como tú imaginas. Están los que afirman que Dios mismo dijo que vendría en una nube. Es verdad que lo dijo, ¿pero sabes que los misterios de Dios son insondables para el hombre? ¿Sabes que el hombre no puede explicar las palabras de Dios? ¿Estás tan seguro, sin ninguna duda, de que fuiste ilustrado e iluminado por el Espíritu Santo? ¿Te lo mostró el Espíritu Santo de un modo tan directo? ¿Son estas las directrices del Espíritu Santo o son tus conceptos lo que te llevó a pensarlo? Afirmaste: “Esto fue dicho por Dios mismo”. Pero no podemos usar nuestros propios conceptos y nuestra mente para medir las palabras de Dios. En cuanto a las palabras de Isaías, ¿puedes explicarlas con completa confianza? ¿Te atreves a explicarlas? Como no te atreves a explicar las palabras de Isaías, ¿por qué osas hacerlo con las de Jesús? ¿Quién es más elevado, Jesús o Isaías? Dado que la respuesta es Jesús, ¿por qué explicas las palabras pronunciadas por Él? ¿Te hablaría Dios de antemano sobre Su obra? Ninguna criatura puede saberlo; ni los mensajeros del cielo ni el Hijo del hombre, ¿cómo lo podrías saber tú? El hombre es demasiado deficiente. Lo crucial para vosotros ahora es conocer las tres etapas de la obra. Desde la obra de Jehová a la de Jesús, y desde la de Jesús a la de la etapa actual, las tres etapas cubren la totalidad de la amplitud de la gestión de Dios, y todas ellas son la obra de un mismo Espíritu. Desde que creó el mundo, Dios siempre ha estado obrando para gestionar a la humanidad. Él es el principio y el fin, el primero y el último, y Aquel que inicia una era y quien lleva la era a su fin. Las tres etapas de la obra, en diferentes eras y distintos lugares, han sido llevadas a cabo con seguridad por un solo Espíritu. Todos los que separan estas tres fases se oponen a Dios. Ahora, debes entender que toda la obra desde la primera etapa hasta hoy es la obra de un Dios, un Espíritu, y de esto no cabe la menor duda.

Qué es el arrepentimiento sincero y cuáles son sus manifestaciones

Las palabras relevantes de Dios:

Todos se han opuesto alguna vez a Dios y se han rebelado alguna vez contra Él. Sin embargo, si obedeces de buen grado al Dios encarnado y a partir de entonces satisfaces Su corazón con tu lealtad, practicas la verdad que deberías, cumples tu deber como deberías y sigues las normas que deberías, entonces eres alguien dispuesto a dejar de lado su rebeldía para satisfacer a Dios y alguien que puede ser perfeccionado por Él. Si te niegas obstinadamente a darte cuenta de tus errores y no tienes intención de arrepentirte, si persistes en tu conducta rebelde sin la más mínima intención de colaborar con Dios y satisfacerlo, entonces una persona tan obstinada e incorregible como tú será castigada sin duda y nunca será perfeccionada por Dios. Como tal, eres Su enemigo hoy, mañana lo seguirás siendo y pasado mañana también; siempre serás un oponente y el enemigo de Dios. En ese caso, ¿cómo iba Dios a dejarte ir? Está en la naturaleza del hombre oponerse a Él, pero el hombre no debe buscar deliberadamente el “secreto” de la oposición a Dios solo porque cambiar su naturaleza es una tarea insalvable. De ser ese el caso, mejor sería que te alejaras antes de que sea demasiado tarde, no sea que tu castigo en el futuro sea más duro, y que tu naturaleza salvaje emerja y se vuelva ingobernable hasta que Dios acabe con tu cuerpo carnal al final. Crees en Dios para recibir bendiciones; pero al final solo te sobreviene la desgracia, ¿no sería esto una pena? Os exhorto a que mejor elaboréis otro plan. Cualquier cosa que podáis hacer sería mejor que creer en Dios. Seguro que no es posible que solo haya una senda. ¿No seguiríais sobreviviendo si no buscaseis la verdad? ¿Por qué debes vivir en conflicto con Dios de esta manera?

Extracto de ‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

Toda persona, en mayor o menor medida, ha cometido transgresiones. Cuando no sabes que algo es una transgresión, lo consideras con cierta confusión en tu mente o, tal vez, continúas aferrándote a tus propias opiniones, prácticas y formas de comprensión, pero, un día, ya sea a través de hablar con tus hermanos y hermanas o por una revelación de Dios, te das cuenta de que es una transgresión, una ofensa contra Dios. ¿Qué actitud vas a tener, entonces? ¿Seguirás firme, razonando y discutiendo, aferrándote a tus propias ideas, creyendo que lo que estás haciendo es conforme a la verdad? Esto incluye tu actitud hacia Dios. ¿Qué actitud tuvo David con respecto a sus transgresiones? Remordimiento: ya no volvería a cometerlas. Entonces, ¿qué hizo? Oró pidiéndole a Dios que lo castigara: “¡Si vuelvo a cometer este error, que Dios me castigue y haga que me muera!”. Esa fue su decisión; era verdadero remordimiento. ¿Puede la gente común lograr esto? En el caso de las personas comunes, está bien si no tratan de discutir o admiten tácitamente su responsabilidad, pero, en su corazón, todavía piensan: “Espero que nadie vuelva a mencionar esto. Me sentiría humillado”. ¿Es esto verdadero remordimiento? Para arrepentirte de verdad, debes descartar el mal que hayas hecho en el pasado, dejarlo y no volver a hacerlo. Bueno, ¿qué se debe hacer entonces? ¿Servirá solo descartar el mal, no hacerlo y no pensar en ello? ¿Cuál es tu actitud hacia Dios? ¿Cómo tomarás el hecho de que Dios te exponga? (Aceptaremos el castigo de Dios). Aceptar el castigo de Dios, Su juicio y Su castigo, es una parte. La otra es aceptar el escrutinio de Dios mientras aceptas Su castigo. Cuando hayas aceptado ambas partes, ¿cuál será tu determinación? Cuando te encuentres con circunstancias y asuntos de ese tipo en el futuro, ¿qué harás? Sin verdadero remordimiento, uno no puede descartar un mal, y, en cualquier lugar, en cualquier momento, podría volver a lo mismo de siempre, a hacer el mismo mal, a cometer la misma transgresión y el mismo error una y otra vez. Esto revela la actitud del hombre hacia la verdad y hacia Dios.

Extracto de La comunión de Dios

Al inicio, las personas son reacias a practicar la verdad. Tomemos como ejemplo el cumplimiento de los deberes propios con lealtad: tienes cierto entendimiento acerca de cumplir tus deberes y ser leal a Dios, y también entiendes las verdades relacionadas, pero ¿cuándo podrás dedicarte por completo a Dios? ¿Cuándo podrás cumplir tus deberes tanto de palabra como de obra? Esto requerirá un proceso. Durante este proceso podrías padecer muchas dificultades. Tal vez algunas personas te traten y otras te critiquen. Todo el mundo tendrá sus ojos puestos en ti y será entonces cuando empieces a comprender que te equivocas, que, a decir verdad, eres tú quien lo ha hecho mal, que es inaceptable la ausencia de devoción en el cumplimiento de tu deber y que no has de ser descuidado ni superficial. El Espíritu Santo te esclarecerá desde dentro y te reprochará cuando cometas un error. Durante este proceso, comprenderás algunas cosas sobre ti mismo y sabrás que eres demasiado impuro, que albergas demasiados motivos personales y que tienes demasiados deseos inmoderados cuando cumples tus deberes. Una vez que hayas entendido la esencia de estas cosas, puedes ir delante de Dios en oración y arrepentirte verdaderamente; de esta manera podrán ser purificadas esas impurezas. Si frecuentemente buscas la verdad de esta manera para resolver tus propios problemas prácticos, poco a poco pondrás los pies en la senda correcta en tu fe. Cuanto más sea purificado el carácter corrupto de alguien, más se transformará su carácter de vida.

Extracto de ‘Lo que se debe saber sobre cómo transformar el propio carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

El cambio de carácter comienza con el reconocimiento de los varios estados producidos por las diversas actitudes. Si uno no ha comenzado a reconocer esto, si no ha entrado en este aspecto de la realidad, entonces es impensable un cambio en el carácter propio. Entonces, dado que el cambio de carácter queda descartado, ¿qué papel desempeñan la mayoría de las personas durante el cumplimiento de su deber? El de esforzarse y estar ocupados realizando tareas. Cumplen con su deber, pero la mayoría está trabajando duro. A veces, cuando están de buen humor, se esfuerzan más, y si su humor no es tan bueno, entonces se esfuerzan menos. Después lo piensan y sienten algo de arrepentimiento, así que le dedican un poco de energía adicional y les parece que se han arrepentido. De hecho, esto no es un auténtico cambio, no es un auténtico arrepentimiento. El verdadero arrepentimiento comienza por tu comportamiento. Si se ha producido un cambio en este, si eres capaz de renunciar a ti mismo y dejar de hacer las cosas de esa manera, tus acciones parecen concordar con los principios, y poco a poco consigues ser fiel a ellos, tanto de palabra como de obra; ese es el comienzo de un cambio de carácter.

Extracto de ‘Sólo cuando te conoces a ti mismo puedes buscar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Algunas personas solo van en piloto automático en su autoconocimiento: “Todo el mundo dice que son astutas, así que yo también lo diré; será incómodo si no lo hago”. Lo dicen alegremente, como si estuvieran apuntándose un tanto a su favor. Eso es actuar con el piloto automático. Entonces, ¿existe alguna deuda en este conocimiento que proviene de actuar en piloto automático? No la hay. No importa cómo reconozcan su propio engaño y su carácter corrupto, no es un reconocimiento verdadero. ¿Y por qué digo que no es un reconocimiento verdadero? La suya no es una verdadera revelación y un desprecio hacia sí mismos que provenga de lo más profundo de su corazón. No sienten odio, no se sienten en deuda cuando hacen algo malo; no se sienten en deuda cuando tratan de engañar a Dios o blasfeman o se rebelan contra Él, ni tampoco cuando engañan a otras personas. Si no se sienten en deuda, ¿son capaces de arrepentirse? ¿Y puede la gente sin remordimientos arrepentirse? ¿Pueden revertirse las personas que no se arrepienten y rechazar los intereses de la carne para practicar la verdad? No pueden, esto es un asunto del corazón. En su interior, algunas personas se conocen de verdad y se arrepienten. Aunque no lo digan en alto, se avergüenzan, sienten que han mentido y no se atreven a decírselo a los demás; en sus corazones, saben que son astutos y malvados, que no son personas íntegras, que son completamente falsos y astutos, que están engañando a los hermanos y hermanas y a Dios. En sus corazones se odian a sí mismos, y luego se arrepienten. Aunque todos tienen la misma esencia-naturaleza, una vez descubren su propia ignominia se sienten deshonrados, reconocen que todo lo que Dios revela es correcto, y comienzan a aceptar el juicio y el castigo. Sienten un verdadero remordimiento en lo más profundo de sus corazones. Esta es la verdadera percepción y conocimiento. Aquellos que carecen de verdadera percepción, mientras tanto, también son capaces de repetir ciertas formalidades, como si estuvieran contando un chiste o cantando una canción infantil; son solo muletillas. Sus engaños traen lágrimas a los ojos de la gente, pero no significan nada para ellos. ¿Hay mucha gente así? La gente como esta es la más engañosa de todas.

Extracto de ‘Sólo cuando te conoces a ti mismo puedes buscar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Quienes siguen la senda de los anticristos todavía tienen esperanza y la oportunidad de arrepentirse, y pueden despojarse de su carácter de anticristos; en cambio, los anticristos son incapaces de aceptar la verdad, así que, por más que les digas que sean abiertos y honestos y que no le den vueltas a lo que tengan que decir ni lo compliquen, sino que lo expresen directamente, creen que llevarán las de perder y que no puede funcionar, que es una necedad. Por más que lo intenten, no saben ponerlo en práctica. Eso es un anticristo. Esa es la diferencia. Independientemente de cómo se comunique la verdad, hay quienes, como los anticristos, simplemente admiten que no han actuado de acuerdo con ella y que tienen el carácter de un anticristo. Sin embargo, no sirve de nada que lo admitan y acepten. No practican la verdad y, por lo tanto, son incapaces de transformarse y Dios no los salvará. Ahora bien, cuando oyen estas palabras, algunas de esas personas que tienen el carácter de un anticristo las recuerdan en su corazón y sienten como si se lo atravesaran. “¡Entonces, ese es el carácter de un anticristo! Eso es lo que significa tomar la senda de los anticristos. ¡Es gravísimo! Tengo ese tipo de estado y así es como me comporto. Tengo ese tipo de esencia, ¡esa es la clase de persona que soy!”. Luego le dan vueltas a de qué modo podrían transformarse, escapar de su carácter de anticristo, dejar de guardar relación con él o de juntarse con él y no tomar la senda de los anticristos. En el trabajo, en la vida, en su entrada personal, en su actitud hacia las personas, circunstancias y cosas, al atender los asuntos que Dios les ha confiado, analizarán si sus actos son propios de un anticristo, odiarán que se revele en ellos el carácter de un anticristo y sentirán arrepentimiento una vez que se revele. ¿De qué les servirán su odio y su arrepentimiento para entrar en la vida? En el plazo de uno o dos años, tanto en el trabajo como en su entrada personal irán despojándose de su carácter de anticristo, se esforzarán y lucharán contra él. A veces no podrán controlarse y, aun así, querrán hacer cosas y hablar en pro del estatus. Se odiarán a sí mismos cuando hayan hablado, pero, sistemáticamente, lo harán de nuevo la próxima vez que surja ese asunto y lo volverán a lamentar después. ¿Qué demuestra esta reiteración? Demuestra que están en la entrada. Sin dicha reiteración, sin entrada ni regresión, no hay vida. La reiteración demuestra que la vida de la persona es vital, que tiene vida y un fundamento. Algunas personas no tienen sentimientos ni dolor ni placer y, cuando se les habla de ello, admiten que tienen el carácter de un anticristo, que han tomado la senda de los anticristos. Lo que dicen está bastante bien, pero, en lo referente a la entrada, no luchan. Pregúntales si han luchado contra su carácter de anticristo. ¿Se lo reprochan a sí mismos cuando hablan para preservar el estatus? ¿Se arrepienten después? Tras haber caído en la cuenta, ¿tratan de refrenarlo la siguiente vez que hablan? ¿Se dan estos estados en ellos? Los fanfarrones dirán: “No sé, yo los tengo todos”. Coinciden en que los tienen todos, pero, una vez admitido esto, no hay nada con respecto a su entrada detallada ni a su situación concreta. Aquellos que de verdad hayan entrado estarán angustiados. “Sé que tengo el carácter de un anticristo. ¿Por qué no puedo despojarme de él? Cuesta mucho; ¡no es una cosa fácil de cambiar!”. ¿Qué demuestran al manifestar que no es fácil? Que interiormente están entrando, están luchando, y su estado se encuentra en constante transformación. De esta manera, las cosas mejorarán poco a poco y terminarán venciendo. ¡No es fácil! Es como salvar a alguien que se está muriendo: haces lo que puedes. Si una persona todavía tiene posibilidades de vivir, aún tendrá constantes vitales en el cuerpo, mientras que, hagas lo que hagas, quien esté muerto del todo no responderá; sin duda está muerto y carece de conciencia.

Extracto de ‘Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (II)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

En el pasado, algunas personas exhibieron ciertas actitudes propias de un anticristo. Eran licenciosas y arbitrarias, siempre era a su manera o nada. Pero al ser tratados y podados, al compartir los hermanos y hermanas comunicación con ellos, al ser reasignados o reemplazados, sufriendo algunos reveses importantes, siendo negativos por un tiempo y luego pensando: “Pase lo que pase, tengo que seguir poniendo por encima de todo cumplir mi deber correctamente. Estoy caminando por la senda del anticristo, pero no he sido clasificado como tal, así que debo ser bueno en mi creencia, debo buscar con esfuerzo. No hay nada malo en el camino de la búsqueda de la verdad”; poco a poco dan un giro y se acaban arrepintiendo. Existen buenas manifestaciones en ellos, buscan los principios-verdad cuando desempeñan su deber, y también buscan los principios-verdad cuando se relacionan con otros. En todos los aspectos, avanzan en una mejor dirección. ¿Acaso no han cambiado? Esto es pasar de caminar por la senda del anticristo a caminar por la senda de práctica y búsqueda de la verdad. Queda esperanza para ellos, tienen una oportunidad, pueden dar un giro. ¿Puedes clasificar a tales personas como anticristos porque una vez exhibieron algunas manifestaciones de anticristo o caminaron la senda de los anticristos? No. Los anticristos no se arrepienten, no tienen vergüenza y, además, su carácter es feroz y malvado, y están detestan la verdad al extremo. ¿Qué determina que detesten la verdad al extremo? Que no pueden arrepentirse nunca. Si detestan la verdad hasta tal grado, ¿pueden practicarla y arrepentirse? Imposible. Si hay algo cierto respecto las personas que pueden arrepentirse es que han cometido errores, pero son capaces de aceptar el juicio y castigo de Dios, las verdades pronunciadas por Dios, y son capaces de intentar cooperar todo lo posible, adoptando las palabras de Dios como sus propias máximas personales y convirtiéndolas en la realidad de sus vidas. Aceptan la verdad, y en el fondo no la detestan. ¿No es esa la diferencia?

Extracto de ‘Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Cuando el rey de Nínive oyó estas noticias, se levantó de su trono, se quitó su túnica, se vistió de cilicio y se sentó sobre cenizas. Después proclamó que no se permitiría comer nada a nadie en la ciudad, y que ni a los corderos, los bueyes o cualquier otra cabeza de ganado se le permitiría pastar o beber agua. Los hombres y el ganado por igual debían vestir de cilicio, y las personas harían fervientes ruegos a Dios. El rey también proclamó que cada uno de ellos se volviese de sus caminos malvados y abandonase la violencia en sus manos. A juzgar por esta serie de acciones, el rey de Nínive albergaba un arrepentimiento sincero en su corazón. Esta serie de acciones que llevó a cabo —levantarse de su trono, quitarse su túnica de rey, vestir de cilicio y sentarse sobre cenizas— le revelan a la gente que el rey de Nínive estaba dejando de lado su estatus real y vestía de cilicio junto al pueblo llano. Es decir, el rey de Nínive no ocupaba su puesto real para continuar con su camino malvado o la violencia en sus manos después de oír el anuncio de Jehová Dios; en su lugar, dejó de lado la autoridad que ostentaba y se arrepintió delante de Jehová Dios. En este momento, el rey de Nínive no se estaba arrepintiendo como un rey; había venido delante de Dios para arrepentirse y confesar sus pecados como un súbdito ordinario de Dios. Además, también dijo a toda la ciudad que se arrepintiese y confesase sus pecados delante de Dios de la misma forma que había hecho él; adicionalmente, tenía un plan específico en cuanto a cómo hacerlo, como se ve en las Escrituras: “Que ningún hombre ni bestia, manada o bandada, coman nada, ni siquiera que beban agua. […] y que clamen con todas sus fuerzas a Dios; que todos se arrepientan de sus caminos de maldad y se despojen de toda la violencia de sus manos”.* Como gobernador de la ciudad, el rey de Nínive poseía un estatus y un poder supremo y podía hacer cualquier cosa que desease. Cuando se enfrentó al anuncio de Jehová Dios, podía haber ignorado el asunto o simplemente haberse arrepentido y confesado sus pecados él solo; en cuanto a si el pueblo de la ciudad decidía o no arrepentirse, podía haber ignorado por completo el asunto. Sin embargo, el rey de Nínive no hizo esto en absoluto. No solo se levantó de su trono, se vistió de cilicio y cenizas, se arrepintió y confesó sus pecados delante de Jehová Dios, sino que también ordenó que todas las personas y el ganado de la ciudad hiciesen lo mismo. Incluso ordenó a las personas “clamar con todas sus fuerzas a Dios”. A través de esta serie de acciones, el rey de Nínive cumplió verdaderamente con su deber. Su serie de actos resulta difícil de realizar para cualquier rey en la historia humana y, de hecho, ningún otro rey logró tales cosas. Estas acciones pueden definirse como sin precedentes en la historia humana y son dignas de ser tanto conmemoradas como imitadas por la humanidad. Desde los albores del hombre, cada rey había llevado a sus súbditos a resistirse y oponerse a Dios. Nadie había guiado nunca a sus súbditos a rogar a Dios en busca de redención por su maldad, a recibir el perdón de Jehová Dios y evitar el castigo inminente. Sin embargo, el rey de Nínive fue capaz de llevar a sus súbditos a volverse a Dios, dejar atrás sus respectivos caminos malvados y abandonar la violencia en sus manos. Además, también fue capaz de dejar de lado su trono y, en respuesta, Jehová Dios cambió de idea, sintió arrepentimiento, se retractó de Su ira, permitiendo que las personas de la ciudad sobreviviesen, guardándolas de la destrucción. Las acciones del rey sólo pueden calificarse como un milagro raro en la historia humana e incluso como un ejemplo modélico de humanidad corrupta, al arrepentirse y confesar sus pecados delante de Dios.

Extracto de ‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”

Este “camino de maldad” no se refiere a un puñado de actos malvados, sino a la fuente de mal de la que emana el comportamiento de las personas. “Arrepentirse de su propio camino de maldad” significa que aquellos en cuestión nunca cometerán estos actos de nuevo. En otras palabras, nunca se comportarán de esa forma malvada de nuevo; el método, la fuente, el propósito, la intención y el principio de sus acciones han cambiado todos; nunca más usarán esos métodos y principios para traer disfrute y felicidad a sus corazones. El “despojarse” en “despojarse de toda la violencia de sus propios manos” significa deponer o desechar, romper totalmente con el pasado y nunca volver atrás. Cuando el pueblo de Nínive abandonó la violencia que había en sus manos, esto demostraba y representaba su arrepentimiento verdadero. Dios observa la apariencia exterior de las personas, así como sus corazones. Cuando Dios observó el arrepentimiento verdadero en los corazones de los ninivitas sin dudarlo y también observó que habían dejado sus caminos malvados y abandonado la violencia que había en sus manos, cambió de opinión. Es decir, la conducta y el comportamiento de estas personas, sus diversas formas de hacer las cosas, así como su verdadera confesión y arrepentimiento de los pecados en su corazón provocaron que Dios cambiase Su opinión, Sus intenciones, se retractase de Su decisión y no los castigase ni destruyese. Así pues, las personas de Nínive consiguieron un fin diferente para ellas. Redimieron sus propias vidas y al mismo tiempo obtuvieron la misericordia y tolerancia de Dios, punto en el cual Dios también replegó Su ira.

Extracto de ‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Qué es lo que más lamentaba Pedro? Poco después de que Pedro hubiera dicho: “Tú eres el Hijo del Dios viviente”, Jesús le hizo otra pregunta a Pedro (aunque no está registrada en la Biblia de esta manera). Jesús le preguntó: “¡Pedro! ¿Alguna vez me has amado?”. Pedro entendió lo que Él quería decir y le dijo: “¡Señor! Una vez amé al Padre que está en el cielo, pero admito que nunca te he amado a Ti”. Jesús entonces le dijo: “Si la gente no ama al Padre que está en el cielo, ¿cómo puede amar al Hijo que está en la tierra? Y si la gente no ama al Hijo que envió Dios el Padre, ¿cómo puede amar al Padre que está en el cielo? Si la gente verdaderamente ama al Hijo que está en la tierra, entonces en verdad ama al Padre que está en el cielo”. Cuando Pedro escuchó estas palabras se dio cuenta de su carencia. Siempre sintió remordimiento hasta el punto del llanto por sus palabras, “Una vez amé al Padre que está en el cielo, pero nunca te he amado a Ti”. Después de la resurrección y ascensión de Jesús sintió aún más remordimiento y dolor por estas palabras. Al recordar su obra pasada y su estatura presente, a menudo iba a Jesús en oración, siempre sintiendo pesar y una deuda debido a que no había satisfecho la voluntad de Dios y no había estado a la altura de los estándares de Dios. Estos problemas se convirtieron en su mayor carga. Él dijo: “Un día voy a dedicarte todo lo que tengo y todo lo que soy, te voy a dar lo que sea más valioso”. Él dijo: “¡Dios! Sólo tengo una fe y sólo tengo un amor. Mi vida no vale nada y mi cuerpo no vale nada. Sólo tengo una fe y sólo tengo un amor. En mi mente tengo fe en Ti y amor por Ti en mi corazón; sólo tengo estas dos cosas para darte y nada más”. Las palabras de Jesús alentaron mucho a Pedro, porque antes de que Jesús fuera crucificado, Él le había dicho: “No soy de este mundo y tú tampoco eres de este mundo”. Después, cuando Pedro llegó a un punto de gran dolor, Jesús le recordó: “Pedro, ¿lo has olvidado? Yo no soy del mundo y solo fue por Mi obra que me fui antes. Tú tampoco eres del mundo, ¿de verdad lo has olvidado? Te lo he dicho dos veces, ¿no lo recuerdas?”. Al escuchar esto, Pedro dijo: “¡No lo he olvidado!”. Entonces Jesús le dijo: “Una vez pasaste un tiempo feliz junto a Mí en el cielo y un periodo de tiempo a Mi lado. Me extrañas y Yo te extraño. Aunque las criaturas no son dignas de mencionarse a Mis ojos, ¿cómo puedo no amar a uno que es inocente y encantador? ¿Has olvidado Mi promesa? Debes aceptar Mi comisión en la tierra; debes cumplir la tarea que te encomendé. Un día sin duda te llevaré para que estés a Mi lado”. Después de escuchar esto, Pedro se alentó todavía más y recibió una inspiración todavía mayor, tal que cuando estaba en la cruz pudo decir: “¡Dios! ¡No te puedo amar lo suficiente! Incluso si me pidieras que muriera, todavía no te puedo amar lo suficiente. A dondequiera que envíes a mi alma, cumplas o no Tus promesas del pasado, lo que sea que hagas después, te amo y creo en Ti”. A lo que se aferró fue a su fe y a su amor verdadero.

Extracto de ‘Cómo Pedro llegó a conocer a Jesús’ en “La Palabra manifestada en carne”

Recomendación: Reflexion sobre la fe: ¿Qué es la fe?